Socorristas dispuestos a todo para darle batalla a la tragedia

En medio del peligro que supone estar en la “zona cero”, debido a que el volcán de Fuego ha aumentado su actividad, los rescatistas han librado una labor titánica durante sus arduas horas de trabajo.

Por Juan Carlos Ramírez

Los integrantes de diferentes cuerpos de bomberos y los policías han hecho un trabajo que ha hablado por ellos. Algunos han realizado hazañas como caminar sobre techos de lámina caliente para salvar vidas, arriesgando la propia, pero a ninguno le interesa ser exaltado.

Cuando son las seis de la mañana en esta época del año en Guatemala hay suficiente luz natural como para realizar diferentes actividades al aire libre. Algunos aprovechan para recrearse o ejercitarse, pero en sitios como San Miguel Los Lotes, en la aldea El Rodeo, en Escuintla, esa iluminación es la señal para comenzar las tareas de búsqueda.

El vocero de la Conred, Julio Sánchez, explica que las explosiones del domingo arrojaron ceniza y material volcánico de entre 700 a mil 200 grados centígrados, y lo que hace difícil encontrar a personas con vida, afirma.

Por el momento son tareas de búsqueda y localización. La esperanza de encontrar personas la da cuando se topan con gallinas y perros y hasta tortugas, que, aunque se ven débiles, están vivos. Las ondas de calor dificultan que en las 72 horas posteriores a la tragedia permanezcan con vida, agrega.

Los incansables

Pese a la realidad, los bomberos Voluntarios, Municipales y Municipales Departamentales, así como agentes de la Policía Nacional Civil se han mantenido firmes en turnos desde el domingo para ingresar a la zona de riesgo con el objetivo de rescatar los cuerpos sin vida de los soterrados.

Antes de comenzar algunos desayunan, ya que saben que aunque su turno puede durar dos horas, estarán expuestos a altas temperaturas y a olores fuertes como el azufre, y hasta de descomposición de cadáveres, y por eso necesitan tener fortaleza física, aunque requiere más de la mental. 

Héctor Chacón, con 50 años de servicio, viste un overol rojo que lo identifica como miembro de la patrulla especial de rescate de los Bomberos Municipales. Pese a haberle hecho frente a diferentes tragedias durante su carrera, asegura que jamás se había topado con algo tan devastador como lo que dejó el volcán de Fuego.

Francis Rodríguez es un oficial segundo de la Policía Nacional Civil. Su uniforme negro luce sucio, igual que sus botas. Es una apariencia inusual para un policía, ya que se les ha enseñado a dar el ejemplo con su vestimenta, pero en esta ocasión no lo hace por descuido, sino porque ha caminado en medio de la ceniza y arena lanzada por el volcán, arriesgando su vida, convencido de que es un servidor público.

Julio Sánchez se cubre el rostro con un pañuelo en lo que se coloca la mascarilla especial. Él integra la patrulla especial de rescate de los Bomberos Municipales Departamentales. Está convencido de que arriesgar la vida es parte de su misión. "Si Dios quiere que uno dé la vida por otra persona, se hará con mucho gusto", dice con firmeza Sánchez.

Gris del desamparo

Una pelota en el patio, una olla con maÌz cocido abandonada, ropa en los lazos, vasos y platos servidos en humildes mesas de madera, tercios de leña apilados: Todo eso fue abandonado por la prisa con la que tuvieron que salir los pobladores de sitios como San Miguel Los Lotes, en aldea El Rodeo, en Escuintla.

Durante el segundo día los socorristas pudieron ahorrarse la exposición a la alta temperatura en sus pies al menos al caminar sobre la carretera, ya que ayer ingresó maquinaria para abrir brecha y quitar automóviles, postes y árboles que fueron arrasados por el flujo piroclástico como si hubieran sido miniaturas.

Los patios ya no existen, ahora se camina casi al nivel de los techos. Las láminas son arrancadas para buscar cadáveres. En esos momentos los bomberos como Chacón y Sánchez entran en acción exponiéndose a golpes de calor de hasta 90 grados centígrados.

Otros grupos, como los liderados por el oficial Rodríguez, llevan hachas o masos para abrir boquetes para verificar si hay víctimas, y en el mejor de los casos algún sobreviviente.

Después de dos días cualquiera podría pensar que el trabajo se vuelve rutina, pero cuando el agresor es testigo de todo y está presente, en cualquier momento toca huir por la vida, como ocurrió ayer, cuando por una segunda actividad del volcán de Fuego todas las personas tuvieron que correr, y algunas hasta fueron evacuadas, incluso los héroes uniformados, ya que prefieren resguardarse para seguir sirviendo otro día más

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