Tras ser acusado de abuso sexual, protagonista de Patito Feo piensa hacer esto con su vida

Una de las actrices de la telenovela argentina, Thelma Fardín, denunció a Juan Darthés de abuso sexual durante una gira en Nicaragua.

Por Luisa María Godínez

Hace una semana el mundo del espectáculo en Argentina se sorprendió con la denuncia que interpuso Thelma Fardín en contra de Juan Darthés por abuso sexual.

Ambos fueron parte del elenco de la telenovela que transmitió Disney Channel, "Patito Feo", y fue durante la gira que el terrible suceso pasó.

La actriz tenía apenas 16 años cuando el actor abusó de ella en la habitación del hotel donde el elenco estaba, durante su estadía en Nicaragua.

Cada vez más hundido

Esta denuncia penal se suma a la acusación pública por acoso que le había hecho Calu Rivero y otra denuncia judicial de una productora que podría llegar en los próximos días.

Desde entonces el brasileño recibió la condena social, a la espera de los pasos de la Justicia, y el actor se recluyó en su casa del barrio Los Castores de Nordelta.

En la única entrevista que concedió, el artista admitió que hubo un episodio con su excompañera y desmintió todo acusándola de haberlo acosado.

Acorralado por los problemas que se le vienen, Juan se plantea el exilio, que consistiría en irse del país durante un tiempo, ya que su imagen le imposibilita siquiera salir a la calle.

Esta decisión se podría llevar a cabo después de que el actor viaje a Managua para ponerse a disposición de la Justicia.

Medios argentinos revelaron que el destino elegido para pasar al ostracismo sería Brasil, su país natal, algo que estaría consensuado con su esposa María del Carmen Leone.

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GRACIAS no me alcanza, vamos a tener que inventar una palabra para dimensionar lo que siento con lo que está sucediendo… Por ahora les digo GRACIAS por escuchar, por creer y sobre todo, por seguir haciendo ruido. Tenés que sacarte mil capas de miedo. Miedo a no tener más trabajo, a que te vean como algo roto, a que te rompan; a verte como una mujer de segunda mano, como una víctima, como una traumada; que te marquen como pobrecita, que te marquen como mentirosa, que te marquen. Que te marquen más. Porque lo primero a lo que te sometés es a la duda, a la mirada del otro. La palabra de la mujer que acusa al hombre de haberla violado la ponemos inmediatamente en duda. ¿Querrá sacarle plata? ¿Querrá hacer quilombo? ¿Quiere ser famosa? (Sí, claro, ¿quién no quiere hacerse famosa porque la cogieron contra su voluntad?). Incluso hay gente que ni siquiera le pone signos de interrogación a esos enunciados. “Quizás ella lo sedujo”, “Estaba caminando sola a esa hora y por ese barrio”, “También mirá cómo se viste”, “Ella se lo buscó”. “Ella”. “Ella”. ¿Ella? ¿En serio? Me costó aceptar que me violaron. No usaba esa palabra. Pasaron 9 años para que pueda llamarlo por su nombre. Violación. Cuando no le ponés la palabra, no existe y cuando no existe solo está en tu cabeza, en tu cuerpo, comiéndote la conciencia, la autoestima, las fuerzas, las tripas. Desde que decidí hacerme cargo de lo que me pasó no paro de sentir que tengo que estar a la altura. Tengo que saber más, de feminismo, de leyes, de psicología, de cómo va a reaccionar la sociedad… tengo que tener estrategias, ser fuerte, ser una mujer preparada. Adquirir conocimiento como si solo denunciar que me violaron no fuera algo de lo que pueda apropiarme. Como si para hacerlo y no dejar espacio a dudas tuviera que tener un doctorado en Harvard con especialización en violencia de género. Tengo que ser más que una víctima porque a la sociedad, a la justicia, a la opinión, a todo eso que ante la duda lo protege a él, no le alcanza “mi” verdad, la verdad. “Mirá cómo me ponés” no es la única frase que este tipo me dejó. “Siempre vas a tener trabajo, porque a donde vaya venís conmigo” (continua en el primer comentario)

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