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Virus, pandemia y confinamiento: cómo cambió el mundo en 2020

Cuando el mundo dio la bienvenida a la nueva década, en medio de la alegría y los fuegos artificiales el pasado 1 de enero, nadie se podía imaginar lo mucho que cambiaría la vida en el 2020.

En los últimos 12 meses, la pandemia del nuevo coronavirus ha paralizado las economías, devastado comunidades y confinado a cerca de 4 mil millones de personas en sus casas. Fue un año que cambió el mundo, como ningún otro en al menos una generación, posiblemente desde la Segunda Guerra Mundial.

Más de 1.6 millones de personas han muerto. Más de 75 millones han contraído oficialmente el virus, aunque se estima que el número real es, sin duda, muy superior.

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Muchos niños se han quedado huérfanos, las familias se han visto desgarradas y la enfermedad ha sido más fuerte que miles y miles de personas de edad avanzada, que en muchos casos han fallecido en total soledad porque las visitas estaban prohibidas por el riesgo que representaban.

Esta pandemia es una experiencia única en la vida de todos los habitantes actuales de la Tierra”, opina Sten Vermund, epidemiólogo y decano de la Escuela de Salud Pública de Yale. “Prácticamente nadie se ha librado”, agrega.

Nadie podía imaginar la magnitud del desastre mundial cuando el 31 de diciembre de 2019 China avisaba a la Organización Mundial de la Salud (OMS) de varios casos de “una neumonía viral de origen desconocido” que tenía desconcertados a los médicos en la ciudad de Wuhan.

Confinamiento

Para mediados de abril, 3 mil millones de personas (la mitad de la población mundial) debían respetar algún tipo de confinamiento. De París a Nueva York, de Londres a Buenos Aires, las calles se llenaron un silencio, roto a menudo por el sonido de las sirenas de las ambulancias, que recordaba que la muerte estaba al acecho.

Los científicos habían advertido durante décadas del riesgo de una pandemia mundial, pero casi nadie prestó atención, y ahora todos, incluso los países más ricos, luchaban contra un enemigo invisible.

En una economía globalizada, las cadenas de suministro pararon. Los consumidores, en pánico, vaciaron los supermercados.

Los negocios cerraban sus puertas. Las escuelas y universidades también. Las competiciones deportivas se anularon. Los vuelos se suspendieron y el sector vivió la peor crisis de su historia. Tiendas, bares, restaurantes y hoteles también se vieron obligados a colgar el cartel de “cerrado”.

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Los que pudieron, trabajaron desde casa. Las videoconferencias reemplazaron a las reuniones, los viajes de trabajo y las celebraciones. Aquellos que no podían teletrabajar, tuvieron que elegir entre correr riesgos o perder sus empleos.

Ni besos, ni abrazos; solo estrés

Las desigualdades quedaron expuestas. La violencia doméstica se disparó al igual que los problemas de salud mental. Y mientras quienes tenían la posibilidad y los medios pasaron el confinamiento en sus confortables residencias en el campo o en la playa, el estrés se disparó en los muchos que quedaron atrapados en las ciudades, y la rabia salió a las calles.

Los gobiernos, además, mostraron a menudo su impotencia ante esta crisis tan inesperada como gigantesca.

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También la interacción social cambió: sin besos, abrazos ni apretones de manos. Los contactos humanos se realizaban ahora detrás de mascarillas y pantallas transparentes.

La vacuna y el retorno a la “normalidad”

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A punto de terminar el año, las primeras vacunas llegaron. Los gobiernos se prepararon para vacunar a millones de personas, empezando por los mayores, el personal sanitario y los más vulnerables antes de realizar campañas masivas, que parecen ser la única manera de recuperar la “normalidad”.

Algunos expertos advierten que llevará años generar inmunidad de rebaño mediante la vacunación masiva. Otros predicen que se podrá recuperar la normalidad a mediados del próximo año.

Sin embargo, aún es difícil aún calcular las consecuencias que tendrá a largo plazo la pandemia.

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Muchos vaticinan que el miedo a las grandes concentraciones de gente podría tener profundas consecuencias, en particular en el turismo y los viajes, el ocio o los eventos deportivos.

También preocupa el impacto en las libertades. El centro de reflexión Freedom House advierte que la democracia y los derechos humanos se han deteriorado en 80 países, ya que muchos gobiernos han abusado de su poder con el argumento de controlar el virus.

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A la economía mundial también le aguardan momentos difíciles. El FMI ha advertido de que la recesión será peor que la que vino tras la crisis financiera en 2008. Pero para muchos, la pandemia anuncia una catástrofe mucho más duradera y devastadora.

*Con información de AFP

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