La esperanza de Sepur Zarco está en 11 mujeres maya q’echi’

Las víctimas de esclavitud sexual y doméstica dijeron que no descansarán hasta no ver que el Estado cumpla con las medidas de reparación digna y transformadora dictadas hace tres años.

Por Saira Ramos

Cuando una piensa no poder más, las abuelas de Sepur Zarco nos demuestran que con coraje y valentía todo es posible.

Las abuelas, como se les conoce respetuosamente a las mujeres q’eqchi’, víctimas de esclavitud sexual y doméstica a las que fueron sometidas por el Ejército durante el conflicto armado interno, conmemoraron el 26 de febrero el tercer aniversario de la sentencia del caso “Sepur Zarco”.

En la comunidad se realizó una caminata en la que se exigió el cumplimiento de las 18 medidas de reparación digna y transformadora dictadas por el Tribunal de Mayor Riesgo A, así como el esclarecimiento de la muerte de una joven de 16 años, quien no fue atendida en un hospital de Alta Verapaz por “discriminación” y medicinas para la comunidad, ya que hay un brote de sarcoptosis (sarna).

Los retratos del padre Tulio Maruzzo y del catequista Luis Obdulio Arroyo por primera vez acompañaron la caminata. Ambos fueron masacrados por el Ejército, ya que su papel en la comunidad era en defensa de los pobladores.

Nueve aspectos de la sentencia por el caso "Molina Theissen"

El histórico fallo se dio a 37 años de la retención ilegal y desaparición de Marco Antonio Molina Theissen, de 14 años.

 

Víctimas que luchan

Sepur Zarco es una comunidad que está compuesta por dos palabras: Sepur, que significa “lugar de jutes”, y Zarco, por los ojos claros de los jutes.

La localidad, ubicada en el valle del Polochic, está habitada por el pueblo maya q’eqchi’ que desde los años 60 empezó con las gestiones de regularización de la tierra.

Después de que la comunidad se estableció, varios terratenientes se apropiaron del territorio aledaño y otorgaron trabajo a los pobladores con salarios bajos y en condiciones de explotación.

Durante el conflicto armado interno, en Sepur Zarco se instaló un destacamento militar que sirvió para defender a los propietarios de las fincas. En el lugar ahora hay una iglesia y un salón comunal.

Los militares desaparecieron a los esposos de las 15 mujeres que impulsaron el caso “Sepur Zarco”. A la fecha solo han logrado la identificación de una osamenta que responde al esposo de una de las abuelas.

A ellas las abusaron sexualmente y las obligaron a limpiar, lavar y cocinar. Los alimentos y el jabón corrieron por su cuenta.

“No renunciamos a nuestra historia, porque nuestros hijos deben conocerla” y “Aquí están los nietos. ¿Dónde
están los padres?”, las consignas que dijeron los pobladores de Sepur Zarco en la caminata del 26 de febrero

Tras la firma de los Acuerdos de Paz algunas mujeres relataron los abusos cometidos durante el conflicto y en 2009 la organización Mujeres Transformando el Mundo (MTM) se incorporó en el esfuerzo de búsqueda de justicia logrando que el caso se elevara al Juzgado de Mayor Riesgo A.

Por esos hechos, en junio de 2014 fueron capturados Esteelmer Reyes Girón y Heriberto Valdez como responsables de los vejámenes. Ambos fueron condenados a 120 y 240 años de prisión.

La esperanza

Con la sentencia quedaron en firme las medidas de reparación digna y transformadora de estas 16 colectivas, las cuales aún no se han podido cumplir.

Entre estas está mejorar la infraestructura de la escuela de Sepur Zarco y las de otras tres comunidades, además de construir un centro de salud que tenga hospitalización, instalar un centro de educación media bilingüe y continuar con el trámite de la regularización de la tierra.

No obstante, los proyectos se han quedado estancados porque el gobierno no puede construir infraestructura en tierra que no es del Estado, ya que las 30 caballerías donde está instalada Sepur Zarco y los otros 44 poblados sigue perteneciendo a ocho personas, quienes han estado anuentes a negociar.

“Queremos ver el resultado de nuestra lucha, no sabemos si veremos la reparación, pero queremos dejar algo para nuestras familias, somos la esperanza”, dijo la abuela Rosa Tiul.

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