Tenderos celebran su día con increíbles historias

Desde hace muchos años, los encargados de las tiendas de barrio se han esforzado por trabajar y darnos una sonrisa. Hoy saluda al amigo tendero de tu colonia o barrio.

Por Álvaro Alay

Nostalgia para Brayan

Los primeros meses fueron de nostalgia para Brayan Reinoso, quien no se había separado de sus padres.

Reinoso, de 17 años, migró de La Mesilla, Huehuetenango, a la capital hace un año en búsqueda de un empleo para apoyar a sus padres y sus hermanos, debido a la falta de empleo que se tiene en la aldea.

Él venía recomendado para trabajar en la tienda “Génesis”. “Me gusta mucho este trabajo, siempre conozco a nuevas personas y muchas son amables”, comenta Reinoso mientras atiende a una niña que pide cinco sopas instantáneas.

Sin embargo, no niega que los primeros meses fueron de nostalgia porque extrañaba a sus padres, ya que nunca se había separado de ellos tanto tiempo.

Tendero Brayan Reynoso Omar Solís

Ha aprendido a sumar, restar y a multiplicar

“Lo que me gusta de este trabajo es que he aprendido a sumar, a restar y a multiplicar”, asegura Elías Lopic, de 14 años, quien tuvo que dejar de estudiar para apoyar a sus padres y a sus seis hermanos que se quedaron en Concepción, Sololá.

Lopic comenta que trabajó por un tiempo en la agricultura; sin embargo, al día le pagaban Q15. “Era muy cansado y no me alcanzaba ni para una agua”, comenta el tendero.

Ahora asegura que en la tienda puede tomarse una gaseosa, no tiene problema debido a que en el trabajo le brindan comida los tres tiempos y un dormitorio.

Tendero Elías Lopic Omar Solís

Situación económica lo obliga a migrar

Mariano Vicente, de 39 años, está a cargo de la tienda “Las Flores” desde hace ocho años y añade que, pese a que es un trabajo cansado, es satisfactorio.

Vicente ha dejado a su esposa y sus cinco hijos en el municipio de Chinique, en Quiché. “La situación económica en el pueblo ha estado muy difícil, he preferido quedarme acá en la tienda para apoyar a mi familia”, resaltó Vicente.

Sin embargo, cada fin de mes viaja a Quiché para poder compartir un par de días con su familia. Mariano abre la tienda a las 5:30 de la mañana y cierra a las 10 de la noche, de lunes a domingo.

Mariano Vicente Omar Solís

Conoce a todos los vecinos

“No había mucho billete en el pueblo”, dice Carlos Ixcoy, de 18 años, quien está a cargo de la tienda “Gricelda” ubicada en la zona 1.

Ixcoy llegó a la capital hace dos años, después de haber pasado su adolescencia en Santa Cruz, Quiché. “Estudié hasta tercero básico, pero no conseguía un trabajo”, dice Carlos.

Aunque reconoce que a veces es “estresante” atender la tienda, no niega que se la pasa bien. “Conozco a todas las personas que viven en el sector y todos son muy amables”. El horario de Carlos es de 6 de la mañana a 10 de la noche.

Carlos Ixcoy Omar Solís

Los primos de Santa Cruz

La tienda Letty está a cargo de Sergio López, de 22 años, y Wilson Vicente, de 16, quienes aseguran que la falta de oportunidades en Santa Cruz, Quiché, los obligó a migrar a la ciudad de Guatemala.

“Los primeros meses me sentí solo”, comentó Sergio López, pero reconoce que después que llegó su primo Wilson, tuvo un respaldo para no aburrirse en la tienda. “Todos los días llamo a mis papás por teléfono”.

Wilson comenta que atender a la gente es algo agradable y reconoce que cada día aprende un poco más el español, debido a que su idioma natal es el quiché.

Sergio López Omar Solís

 

 

 

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