Las cosas más aterradoras de la película de Pinocho que ignoramos

Las cinco escenas aterradoras que vimos en Pinocho y son imposibles de olvidar.
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Hace unos días, Netflix lanzó el tráiler oficial de la película Pinocho en la versión del director Guillermo del Toro y aunque a muchos fans los tiene emocionados, hay quienes piensan que las animaciones en stop motion que son un poco aterradoras. Tal vez esto solo se quedó en el subconsciente, con la referencia de Disney o DreamWorks, o sea, el muñeco de madera clásico y el de Shrek.

Lo cierto es que si hay algo de aterrador en la historia, en cualquiera de sus versiones, no son las animaciones en sí, sino algunas partes de la trama que, de verdad, sacan de balance y que quizá hasta ahora salen a luz de lo poco agradable que siempre han sido, pues cuando se es niños no se toma tan en serio.

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Las cosas aterradoras de Pinocho

  • El Hada Azul tenía el poder de convertir a Pinocho en un niño de verdad o dejarlo como un simple juguete, por no decir que se pudo quedar “atrapado” entre ser un muñeco de madera y una persona. Para ser sinceros, aquella frase de “Un niño que es malo podrá quedarse de palo” no suena tan bonito y menos para chantajear a un niño.
  • También llaman la atención los títeres, es más, a algunos no les gustan, pero el personaje Strómboli se voló la barda cuando secuestra a Pinocho para que no se escape y pueda seguir ganando dinero, explotando al pequeño muñeco de madera. Además, lo encierra en una jaula, amenazándolo con hacerlo pedacitos.
  • En cuanto a las ballenas, estas no parecían dañinos hasta que vimos lo que una le hizo al tierno Geppetto.
  • La isla de los juegos: el paraíso de todos los niños era un sitio donde podían hacer de todo, incluso hasta fumar y beber, lo cual es extraño, pero lo que parece ser el lugar ideal para cualquier infante se convierte en una pesadilla, ya que al caer la noche, los niños pagan todas las travesuras que hicieron durante el día, convirtiéndose en burros.
  • El cochero: Al recordar a este personaje, da una sensación algo incómoda, pues este hombre torturaba a los pequeños y una vez que eran completamente burros y no podían hablar, ¡los vendía! Definitivamente, la explotación infantil es aterradora.

 

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