Tendencias

Los sabores que solo aparecen una vez al año

Cada temporada tiene sus aromas. En Guatemala, la Cuaresma y la Semana Santa también se viven en la mesa.

.
Torrejas Foto: INGUAT

Durante estas semanas aparecen recetas que forman parte de una tradición culinaria que mezcla herencias indígenas y españolas, ingredientes de temporada y prácticas vinculadas al calendario religioso.

Muchos de estos platos surgieron durante la época colonial, cuando las restricciones alimentarias de la Cuaresma obligaban a evitar la carne roja y a buscar alternativas basadas en pescado, dulces de frutas y preparaciones vegetales. Con el paso del tiempo, estas recetas se volvieron parte de la identidad gastronómica del país.


.
Foto: INGUAT

Hoy, recorrer los mercados, comedores tradicionales o puestos de comida en Antigua Guatemala, la Ciudad de Guatemala o muchos pueblos del interior durante esta época permite descubrir sabores que prácticamente desaparecen el resto del año. Estos platos son parte de la memoria culinaria del país. Y, como ocurre con muchas tradiciones, saben mejor cuando se comparten.

Curtido

El curtido es uno de los acompañamientos más tradicionales de la temporada. Se prepara con repollo, zanahoria, remolacha, cebolla y hierbas aromáticas, todo encurtido en vinagre y especias. El resultado es una mezcla fresca, ligeramente ácida y muy colorida. Durante la Cuaresma suele servirse como complemento de otros platos, especialmente de pescados o preparaciones vegetarianas. Además de su sabor, aporta equilibrio a comidas que pueden ser más densas o dulces.

Pescado seco

El pescado seco es uno de los platos más representativos de la cocina cuaresmal guatemalteca. Generalmente se prepara con pescado salado que se hidrata antes de cocinarse en recados elaborados con tomate, chile, especias y vegetales. Este plato refleja la tradición católica de evitar la carne durante la Cuaresma. También muestra cómo las comunidades adaptaron ingredientes disponibles para crear recetas complejas y llenas de sabor. Se prepara de diversas formas, según los gustos de las familias: a la vizcaína, ligeramente salado y con un toque ácido que proviene de las aceitunas y las alcaparras; rebosado, cubierto con una mezcla de huevo batido y harina que luego se fríe hasta obtener una capa dorada y crujiente. Otra forma muy popular consiste en freír el pescado seco directamente después de hidratarlo. Al cocinarse, la piel queda crujiente y la carne adquiere un sabor intenso.

Garbanzos en dulce

Los garbanzos en dulce son uno de los postres más característicos de la temporada. Se cocinan lentamente en un almíbar preparado con panela, canela y clavo de olor. El resultado es un plato dulce, aromático y muy nutritivo. Aunque el garbanzo suele asociarse con platos salados, en Guatemala esta receta demuestra su versatilidad y la creatividad de la cocina tradicional.

Molletes

Los molletes son otro clásico postre de la temporada. Se preparan con pan relleno de manjar o crema dulce, que se cubre con huevo batido, se fríe y luego se baña con miel aromatizada con especias. Su origen también se remonta a recetas coloniales vinculadas a conventos y cocinas tradicionales. Su sabor intenso y su textura suave los convierten en uno de los dulces más buscados durante la Semana Santa.

.
Mollete Foto: INGUAT

Tamales de viaje

Los tamales de viaje forman parte de la tradición gastronómica guatemalteca asociada a los desplazamientos largos, las peregrinaciones y, especialmente, a los viajes que muchas familias realizan durante la Cuaresma y la Semana Santa. Su nombre explica su función: son tamales pensados para llevar en el camino. A diferencia de los tamales grandes que se consumen en celebraciones como Navidad o Año Nuevo, estos tamales son más pequeños, compactos y fáciles de transportar. Generalmente se elaboran con masa de maíz mezclada con manteca o aceite, y se envuelven cuidadosamente en hojas de tusa que aportan aroma y ayudan a conservar el alimento.

Fresco de súchiles

El fresco de súchiles es una de las bebidas tradicionales más singulares de Guatemala, que forma parte de la gastronomía que aparece durante la Cuaresma y la Semana Santa. Su preparación combina maíz fermentado, panela, piña, jocotes, jengibre y especias, ingredientes que se dejan fermentar durante varios días en grandes recipientes de barro o plástico para desarrollar su sabor característico. El resultado es una bebida refrescante y aromática, con notas dulces, ácidas y especiadas. El jengibre aporta un toque picante muy particular que distingue a los súchiles de otras bebidas tradicionales del país.

Tags


Lo Último