A casi cinco décadas del devastador terremoto de 1976, Guatemala abre una ventana al pasado que también mira hacia el futuro. El Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (INSIVUMEH) inauguró por primera vez el museo “El Búnker”, un espacio histórico que resguarda los orígenes de la ciencia sísmica en el país.
El Búnker es una estructura física clave en la historia científica nacional: allí funcionaron los primeros sismógrafos mecánicos instalados en Guatemala, así como los cilindros de registro de los primeros sensores telemétricos que dieron vida a la Red Sismológica Nacional (RSN). Estos instrumentos marcaron el inicio de la tecnología dedicada al monitoreo de los sismos en el territorio guatemalteco.

Para el Insivumeh, la apertura del museo tiene un significado profundo. El terremoto del 4 de febrero de 1976 no solo dejó miles de víctimas y una huella imborrable en la memoria colectiva, sino que se convirtió en un parteaguas para el fortalecimiento de las capacidades técnicas y científicas sobre las que hoy se sostiene la institución.
Aquella tragedia despertó una conciencia nacional sobre la urgencia de estar preparados ante fenómenos naturales como sismos, erupciones volcánicas e inundaciones. A partir de ese momento, Guatemala comenzó a construir una base científica orientada a la prevención, el monitoreo y la reducción de riesgos.

El museo El Búnker no solo exhibe equipos históricos, sino que narra una evolución:
Desde registros mecánicos impresos en cilindros hasta la ciencia sísmica moderna que hoy permite una vigilancia constante del país. Es un recordatorio de cómo el conocimiento nace, muchas veces, a partir de la necesidad de proteger vidas.
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