Tras un despegue impecable el pasado 1 de abril desde el Centro Espacial Kennedy, la misión Artemis II logró un hecho que la humanidad no alcanzaba desde 1972: colocar a cuatro astronautas en la zona de influencia gravitatoria de la Luna. Esta travesía no solo es una prueba de ingeniería, sino el regreso triunfal de nuestra especie a la frontera lunar.
A bordo de la cápsula, los astronautasReid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansensuperaron con éxito las fases iniciales de comprobación de sistemas de soporte vital.
El objetivo de este viaje de diez días es utilizar la propia gravedad del satélite para “catapultar” la nave de regreso a la Tierra, una maniobra de asistencia gravitatoria que permitirá recolectar datos inéditos sobre la radiación y el comportamiento humano en misiones de larga duración fuera de la órbita terrestre baja.
Artemis II el momento del retorno
El día previo a la reentrada, la tripulación realiza maniobras manuales para orientar la nave y optimizar la energía, mientras revisa cada paso del protocolo, consciente de que es el momento más crítico de la misión.
Antes del descenso, el módulo de servicio se separa de la cápsula Orion y comienza su desintegración al ingresar en la atmósfera terrestre.
Luego, los astronautas ejecutan una última corrección de trayectoria para ajustar el rumbo antes de iniciar la caída hacia el océano Pacífico.
Finalmente, la cápsula entró a la atmósfera y se produce una breve pérdida de comunicación debido al plasma generado por la fricción, hasta su amerizaje, datos Infobae.
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