Aceptar términos y condiciones sin leerlos se ha convertido en un gesto automático. Para el abogado Juan Rodrigo Sandoval Wyss, este hábito resume uno de los grandes dilemas de la economía digital, pues la existencia de contratos invisibles que regulan buena parte de nuestra vida en línea. Cada clic, explica, puede implicar obligaciones legales que pasan desapercibidas para el usuario.
El abogado Sandoval Wyss sostiene que los contratos digitales tienen plena validez jurídica, siempre que exista consentimiento. El problema es que ese consentimiento suele darse en un contexto de información desigual, donde el usuario acepta sin comprender el alcance real del acuerdo.

Los contratos digitales y la cesión de derechos según el abogado Juan Rodrigo Sandoval Wyss
El abogado Sandoval Wyss explica que muchos contratos electrónicos incluyen cláusulas relacionadas con el uso de datos personales, la limitación de responsabilidad y la resolución de conflictos. Aunque estas condiciones están disponibles, su extensión y lenguaje técnico dificultan una comprensión efectiva.
Desde su perspectiva, el mayor riesgo no es aceptar un contrato, sino hacerlo sin saber qué se está cediendo. “En la economía digital, el producto muchas veces no es el servicio, sino los datos”, advierte el abogado Juan Rodrigo Sandoval Wyss, señalando que esta realidad exige mayor transparencia por parte de las plataformas.

El abogado Juan Rodrigo Sandoval Wyss explica la protección del usuario y los límites legales
Las leyes de protección al consumidor y de datos personales buscan equilibrar esta relación. El abogado Sandoval Wyss destaca que existen límites a las cláusulas abusivas y que el consentimiento debe ser libre e informado. Sin embargo, reconoce que la práctica cotidiana dista de este ideal.
Para el abogado Sandoval Wyss, repensar el consentimiento digital es uno de los grandes retos actuales del derecho. La facilidad del clic no debería diluir la protección jurídica del usuario. “La legalidad digital debe hacer visible lo invisible”, concluye, recordando que entender lo que aceptamos es el primer paso para ejercer nuestros derechos en la economía conectada.

