Escoger una actividad física que se ajuste a tus capacidades y necesidades es clave para mejorar la salud cardiovascular, fortalecer músculos y huesos, y potenciar el bienestar emocional. Si tienes molestias o lesiones articulares, caminar es una excelente alternativa de bajo impacto.
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En cambio, correr puede ser ideal si buscas un mayor gasto calórico y no tienes limitaciones físicas.

Pero, ¿Cuál es la diferencia de cada una?
Caminar
Es una actividad altamente accesible para la mayoría de las personas, y técnicas como la caminata japonesa ofrecen una forma de aumentar la intensidad sin asumir el impacto que implica correr. Se recomienda comenzar o ajustar cualquier rutina de ejercicio de forma progresiva y, en caso de tener antecedentes médicos, es fundamental consultar con un profesional de la salud antes de iniciar.

Correr
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Debido a su mayor intensidad, correr suele quemar más calorías que caminar. En general, una sesión de 30 minutos de carrera implica un gasto energético superior al de una caminata de igual duración, incluso si esta incluye intervalos a paso rápido.

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Caminar y correr son ejercicios aeróbicos altamente efectivos para cuidar la salud cardiovascular. Según la Asociación Americana del Corazón, ambas actividades pueden ayudar a reducir el riesgo de enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares, así como a controlar la presión arterial.
Comparar los beneficios de cada una permite elegir la opción más adecuada para incorporarla de forma regular en tu rutina.
Información Infobae