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Esaú Diéguez, de maestro en Huehuetenango a entrenar a Crawford y Lester Martínez

Lustró zapatos en su juventud, se graduó de maestro y ahora forma parte de un equipo de élite en EEUU.

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Esaú Diéguez visitó Guatemala. (Foto: Marilin Álvarez/Publinews)

Antes de los reflectores, antes de los campeones mundiales y los gimnasios de alto nivel en Estados Unidos, la historia de Esaú Diéguez comenzó en Huehuetenango, en un entorno sencillo donde el deporte era más juego que profesión.

“Yo vengo de una familia de clase media… no nos hizo falta mucho, pero tampoco teníamos de más”, recuerda Esaú en entrevista exclusiva con Publinews. La vida no fue sencilla: la pérdida de su madre marcó su adolescencia, mientras crecía en un hogar donde el esfuerzo era parte de la rutina.


El boxeo llegó casi por casualidad. Sin televisión ni celulares, con unos guantes encontrados entre hermanos, empezó peleando por diversión en el campo. Pero algo cambió. A los 15 años entendió que ese deporte tenía algo distinto.

Su primera pelea en la cabecera departamental no solo fue un debut, fue una puerta. El boxeo lo sacó de su municipio, lo llevó a recorrer Guatemala y a conocer países como El Salvador y Honduras.

Mientras tanto, la vida seguía: trabajó como lustrador de zapatos y logró graduarse como maestro en 1991, el mismo año en que su madre falleció. Poco después, un giro inesperado lo llevó a Estados Unidos.

“No quería irme, pero me dio curiosidad”, cuenta. Lo que encontró no fue fácil. La vida en ese país implicaba comenzar desde cero: pagar renta, conseguir documentos, adaptarse.

Intentó ser boxeador profesional, pero no logró consolidarse. Fue entonces cuando tomó una decisión que cambiaría su destino: convertirse en entrenador.

En Nebraska, lejos de todo lo conocido, encontró un gimnasio… y una oportunidad. Ahí coincidió con talentos emergentes, entre ellos un joven de 15 años que más tarde entrenaría y se convertiría en referencia mundia: Terence Crawford.

Parte de un equipo de alto rendimiento

Diéguez no solo entrena, observa. Y fue así como descubrió a Léster mucho antes de tenerlo cerca. “Lo venía siguiendo desde que representaba a Guatemala. Tenía algo… una chispa”, recuerda.

Mientras otros talentos destacaban, hubo algo en el estilo de Martínez que lo hizo enfocar su atención en él. No fue inmediato. Hubo intentos fallidos, problemas de documentación y caminos distintos que separaron sus trayectorias por un tiempo.

Pero el destino volvió a cruzarlos años después, en Las Vegas. Ahí, ambos equipos coincidieron y tomaron una decisión: trabajar juntos.

Mira acá: “Guatemala tiene campeón mundial”: las palabras de Lester Martínez tras hacer historia

Desde entonces, el proceso ha sido intenso. Jornadas completas de entrenamiento, disciplina estricta y una rutina que se resume en entrenar, descansar y repetir. “Pasamos ocho semanas juntos… entrenar, dormir y comer sano”, explica.

Para Diéguez, el talento no es suficiente. Lo que realmente marca la diferencia es la mentalidad. Y en Martínez encontró ambas cosas.

“Lo veo como campeón absoluto”, afirma sin dudar. No es solo una proyección, es una convicción basada en lo que ve cada día en el gimnasio.

Hoy, mientras Guatemala sigue de cerca la carrera de su campeón mundial interino, hay una historia paralela que también se escribe: la de un entrenador que salió de Huehuetenango y que ahora trabaja para llevar a un compatriota a la cima del boxeo mundial.

Mira el video de su entrevista acá

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