Cada diciembre las familias guatemaltecas buscan el símbolo perfecto para celebrar y sentir la Navidad en sus hogares, “el pinabete”, una especie que no solo nace y crece en las partes altas de las regiones montañosas, sino que también contribuye en la sostenibilidad económica de las familias que habitan alrededor.

Publinews a través de un recorrido por las montañas frías de Totonicapán y Huehuetenango, documentó como varias comunidades de la mano del Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP), el Instituto Nacional de Bosques (INAB) y otras instituciones, trabajan en diferentes acciones que impulsan a la conservación y protección de esta especie.
En medio de este esfuerzo colectivo por proteger al pinabete, algunas comunidades se han organizado no sólo para conservar sus bosques sino también para contribuir en el fortalecimiento de su identidad y economía local.

Caballo Blanco
Uno de los ejemplos más representativos se ubica en Totonicapán, en el Parque Ecológico Caballo Blanco, donde la Asociación Parcialidad Caxaj integrada por 80 familias ha demostrado que la conservación puede ir de la mano del desarrollo comunitario.

El parque que también es un atractivo turístico se consolidó en 1990, siendo su propósito principal proteger distintas especies entre ellas el pinabete y el pino.
Pedro López, director regional del altiplano occidental del Conap, reconoció que la gobernanza comunitaria en Caballo Blanco ha permitido conservar no solo la especie del pinabete sino también la biodiversidad de la flora y fauna, así como los bienes y servicios ambientales que son parte del ecosistema y que contribuyen al bienestar de la población.
Bosque Tizup
El trabajo de las comunidades también se extiende hasta Huehuetenango, donde los esfuerzos de restauración han dado lugar a espacios de enorme valor ecológico. Uno de ellos es el Bosque Tizup, ubicado en la aldea Las Majadas, Chiantla. Este bosque de pinabete se ha utilizado para implementar acciones para recuperar y fortalecer la especie.

La restauración del pinabete ha sido posible gracias al trabajo en conjunto de las comunidades y el apoyo de fundaciones e instituciones como el INAB y el CONAP, que han impulsado proyectos para asegurar que el pinabete vuelva a crecer de manera sostenible en el territorio.

Feliciano Mérida, vicepresidente de la Junta Directiva de la Asociación de Desarrollo Integral, Protección y Defensa de Tierras de la finca San José y San Francisco, detalló que, la conservación del pinabete y del bosque es posible gracias a un sistema comunitario coordinado.
“Nuestra organización trabaja a través de patrullajes semanales. Contamos con guardabosques municipales y cuatro guardabosques comunitarios asignados directamente por la Junta Directiva”, señaló.

El trabajo comunitario ha sido reforzado por alianzas institucionales. Don Feliciano recuerda que en 2009 firmaron un convenio con Fundaeco, lo que permitió fortalecer el control y vigilancia, además de recibir apoyo para pequeños proyectos comunitarios.
“Cada comunidad recibe alrededor de Q5,000 anuales para obras pequeñas, como salones, escuelas o juzgados. Todo se coordina entre la Junta Directiva, los COCODES y las autoridades locales,” finalizó.

Parque Regional Municipal Todos Santos Cuchumatán
Los esfuerzos de conservación en Huehuetenango no se limitan al Bosque Tizup. En esta región también destaca el Parque Regional Municipal K’ojlab’l Tze’te Tnom, un área protegida administrada por la Municipalidad de Todos Santos Cuchumatán.
El parque comprende 7,255.40 hectáreas de ecosistemas de alta montaña, donde se conserva uno de los bosques de pinabete mejor preservados en su estado natural. Su protección ha sido posible gracias al trabajo conjunto entre autoridades locales y comunidades que, por generaciones, han resguardado este lugar.

Esteban Matías, técnico del Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP) en el Parque Regional Municipal de Todos Santos, destacó la importancia ecológica del Rodal de Pinabete, ubicado a 3,600 metros sobre el nivel del mar, uno de los sitios de mayor riqueza biológica en la región.
En tanto, uno de los elementos más relevantes es el sistema de servicio comunitario obligatorio es que, “Todos los hombres de Todos Santos, desde los 18 hasta los 71 años, deben brindar un año de servicio gratuito como guardabosques o como parte de las estructuras comunales” explicó Matías.

El cumplimiento de estas responsabilidades es indispensable, pues quienes no participan pierden temporalmente el derecho a servicios comunitarios esenciales como acceso al agua, uso de leña y tránsito por caminos comunales.
Por su valor ecológico, económico y cultural, el pinabete ha sido priorizado por las instituciones encargadas de la gestión forestal y por las comunidades que, desde la organización local, han demostrado que la conservación es también una forma de identidad y futuro.

