La tos ferina, también conocida como pertussis, es una infección respiratoria altamente contagiosa provocada por la bacteria Bordetella pertussis.
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Identificar sus síntomas a tiempo y acudir a un médico puede marcar la diferencia para evitar complicaciones y frenar su propagación.
¿Cuáles son los síntomas?
La enfermedad suele iniciar con malestares similares a un resfriado común, pero progresa rápidamente hacia un cuadro más grave:
- Etapa inicial (1 a 2 semanas): congestión nasal, fiebre leve, estornudos y tos esporádica.
- Etapa avanzada: accesos de tos intensa y prolongada que pueden durar semanas, dificultad para respirar, un sonido agudo al inhalar después de toser (“gallo”), vómitos tras los ataques de tos y fatiga extrema.
- En bebés: pueden presentar pausas en la respiración (apnea) y coloración azulada en la piel, lo que requiere atención médica inmediata.
¿Cómo se transmite?
La tos ferina se propaga fácilmente a través de gotitas expulsadas al toser o estornudar, y es más contagiosa durante las primeras semanas de síntomas.
Prevención: la vacuna es clave
La forma más efectiva de prevenirla es la vacunación.
- Niños reciben el esquema DTaP, con refuerzos en distintas etapas de la infancia.
- Adolescentes y adultos pueden recibir la vacuna Tdap como refuerzo.
- Embarazadas deben vacunarse entre las semanas 20 y 36 de gestación para proteger también al recién nacido.
Diagnóstico y tratamiento
El diagnóstico se realiza mediante pruebas de laboratorio como la PCR o cultivos nasales. Si se confirma, el tratamiento incluye antibióticos para reducir la gravedad de los síntomas y cortar la cadena de contagio.