Cada tarde, las tranquilas aguas del Lago Atitlán experimentan una transformación que ha intrigado durante generaciones.
Lo que durante la mañana parece un espejo rodeado de volcanes puede convertirse, en cuestión de minutos, en un escenario de fuertes vientos y olas que desafían a pescadores, lancheros y turistas.
Este fenómeno es conocido como Xocomil, una palabra de origen kaqchikel que suele traducirse como “el viento que se llevó el pecado” o “viento recolector”. Aunque forma parte de las leyendas ancestrales de la región, también tiene una explicación científica.
¿Qué dice la ciencia?
De acuerdo con expertos, el Xocomil ocurre por el choque de corrientes de aire frío y caliente alrededor de la cuenca del Lago Atitlán. La diferencia de temperaturas entre las montañas y el agua genera ráfagas de viento que pueden alcanzar velocidades considerables y provocar oleaje intenso, principalmente durante las horas de la tarde.
Sin embargo, para las comunidades locales, el fenómeno va más allá de la meteorología. Diversas historias transmitidas de generación en generación sostienen que el Xocomil es una manifestación espiritual vinculada a la energía de los volcanes y al carácter sagrado del lago.
La combinación de ciencia, tradición y paisaje ha convertido al Xocomil en uno de los fenómenos naturales más fascinantes de Guatemala y en una de las curiosidades más buscadas por quienes visitan el Lago Atitlán.
