¿Cómo es la ciencia del amor?

Este sentimiento ha llevado a investigadores a estudiar las sensaciones y los comportamientos del ser humano. Algunos buscan explicaciones en las regiones del cerebro, mientras que otros se detienen en la genética molecular.

Por Publinews Internacional

El amor activa nuestro cerebro y los órganos productores de hormonas. Estos propician mensajes químicos que nos hacen sentir desde placer, euforia, ansiedad, seguridad hasta obsesión, pero ¿cuál es la verdadera ciencia detrás del “te amo”?

Investigadoras de la revista “¿Cómo ves?”, de la Universidad Nacional Autónoma de México, nos explican varios puntos al respecto.

Etapas del amor

  • Enamoramiento: Dura meses. Es cuando sentimos mariposas en el estómago. Sentimos por el otro interés y placer. Luego, los estímulos dejan de ser novedosos y pasan a la siguiente fase.
  • En realidad, las mariposas en el estómago no es más que el proceso de atracción en la etapa de enamoramiento. Gracias a la evolución de la tecnología, puede suceder de modo no presencial.
  • Estado consciente: Se valoran las diferencias y se define si la persona es fiable. Esta última depende del aprendizaje y la adaptación de los sistemas sensoriales.

Tipos de amor

Amor de pareja y amor filial: Ambos son fundamentales para la supervivencia de nuestra especie: el primero para la reproducción, mientras que el segundo propicia un desarrollo humano adecuado.

¿Cómo tener una relación duradera?

La monotonía es “mata amores”. Por ello, puedes variar actividades diarias y conductas, la buena comunicación, comprometerse, confiar y tener intimidad. Ayudarse en tiempos difíciles y celebrar los logros de cada uno.

Estímulos sensoriales

Caricias, besos, abrazos comprometen los nervios craneales de los músculos hasta las terminaciones de la corteza del cerebro. Por ejemplo, cuando besamos, las pupilas se dilatan y se eleva el azúcar en la sangre.

¿Qué pasa con el mal de amores?

Debido a lo placentero y la sensación de bienestar del amor, cuando ocurre una ruptura, esta produce respuestas contrarias, como estrés, confusión e incluso depresión.

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