“De mi madre aprendí a hacer todo con pasión”, Mirciny Moliviatis

¿Qué tienen en común una chef y una abogada? Ser madre e hija, perseverantes, amantes del trabajo, profesionales y, sobre todo, creer que en la vida lo que se hace se debe hacer con excelencia. La guatemalteca que ha llevado la comida nacional a varias partes del mundo y su mamá, Magaly, comparten su historia por primera vez con Publinews Mujer. Sus vidas han estado marcadas por la lucha en espacios donde los hombres siempre han dominado y, en especial, por el sabor del éxito y del dolor, ingredientes que les han enseñado a aceptarse tal cual son

Por: Publinews

20130421_PublinewsMujer 15La conversación comienza así. Dos mujeres fuertes, profesionales y con una historia de trabajo y unión sentadas en un restaurante. Es Mirciny Moliviatis, la chef guatemalteca que ha llevado los sabores de Guatemala a varios países, y su madre, Magaly Morales. Por primera vez hablan de su relación como madre e hija, una conexión que ha llevado a estas dos mujeres a la cima de sus carreras, sin dejar de tener que sortear la fama, el dolor, el trabajo duro y el peso de ser exitosas en una sociedad machista.

Mirciny confiesa que la conexión con la cocina no la aprendió directamente de su madre, pero sí a ser tenaz, trabajólica, apasionada y, sobre todo, a amar lo que hace a diario.

Respecto a su profesión, afirma: “Yo no estudié para estar en televisión. Me preparé para ser chef. Lo demás llegó por casualidad”.

En general, la relación de madre e hija suele ser complicada. ¿Cuál es la fórmula que tienen para llevarse tan bien?

Mirciny: generalmente yo siempre hablo de mi papá porque él es más mediático y está siempre muy presente en la cocina. Mi mamá cocina tres recetas muy buenas, pero eso sí, el 90% de lo que soy se lo debo a ella.

Mis padres se separaron cuando era muy pequeña. Mi papá siempre ha estado muy presente, pero mi mamá es mi mejor amiga. Cada vez que tengo un problema es a la primera que recurro.

¿A quién de los dos te pareces más?

Mirciny: mi papá es menos cuadrado, mi mamá es un poco más cuadrada, más estricta y organizada, pero realmente el ejemplo de lucha y de trabajo me lo dio ella. Tengo mucho de ella.

¿Cómo era la relación de Mirciny con usted, cuándo ella era más pequeña? Magaly: linda. Era muy inquieta, muy creativa, preguntaba de todo. Ella quería saber todo. Su frase favorita era: “Y por qué, y por qué y por qué” (risas). Desde pequeña tenía un carácter fuerte y siempre trataba de encontrar el camino para lograr sus metas.

¿Y eso nunca les trajo problemas cuando Mirciny era adolescente?

Magaly: en general no. Siempre he entendido que Mirciny es muy independiente. Yo le digo, tú tienes tus alas y vas a volar cuando desees. Siempre la apoyé en todo lo que consideraba que ella tenía inquietud. Fue deportista, jugó tenis, le gustaba la actuación, hablar en público. Era extrovertida.

Mirciny: además me metía en la cocina a hacer desastres (risas).

¿Cómo manejaba esa personalidad de Mirciny con sus hermanos, todos hombres?

Magaly: entre los dos varones y Mirciny siempre hubo diferencias de personalidad. Sin embargo, siempre los dos tenían una actitud protectora, pero de mucho amor y respeto.

¿Cómo hizo para criar sola a sus hijos? ¿Es difícil ser cabeza de hogar?

Magaly: mi mamá me dejó un legado importante, que hasta la fecha valoro mucho. Ella y mi papá fueron personas muy luchadoras y trabajadoras, en realidad, me heredaron esa fuerza de querer salir adelante con tu familia, que te hace botar cualquier barrera.

En ese tiempo yo tenía la misión de sacar mi carrera de licenciatura de Ciencias Jurídicas en la Universidad de San Carlos.

Mirciny: (interrumpe) un dato curioso, mi mamá estaba embarazada cuando iba a la “U” y sus compañeros le mandaron a hacer un escritorio especial con la forma de la panza. Imagina todo eso en esa época, por eso creo que mi mamá es especial, la gente la aprecia.

Es muy complicado estudiar y ser mamá al mismo tiempo. ¿Cómo lo hizo?

Magaly: fue difícil, porque yo entré en la universidad cuando ya estaba separada. Me tocó sacar la carrera, trabajar y cuidar a mis hijos. Yo les decía a ellos que yo fui “mapacho”: mamá, papá, chofer. Eso es algo común hoy en nuestro país. La mujer sale a trabajar, apoya el hogar pero el amor que uno siente por sus hijos da toda la fuerza para salir adelante. Con Mirciny nos une el amor, la confianza y el respeto.

Mirciny: eso es cierto, siempre tuve la confianza de decirle las cosas a ella. Y a veces le digo “mamá no me gusta eso”, y tal vez a ella le encanta. En realidad, tenemos gustos diferentes, pero nos entendemos.

¿Qué cosas has aprendido de tu mamá?

Mirciny: tengo muy presente que los logros de ella me han servido para aprender a ser quien soy. Imagina que ella fue la que trajo el internet a Guatemala. Es una visionaria. Yo era chiquita y en vacaciones no tenía con quién dejarme y a veces me iba a trabajar con ella. Laboraba en un organismo público y una vez entró su jefe y me dice “te voy a poner a trabajar”, y me tocaba sellar los libros. Me pagaban 10 centavos por hoja.

Magaly: y se los pagaba yo (risas).

Mirciny: a mi mamá le tocaba viajar y yo sabía que andaba en Washington por su trabajo, por ejemplo. Saber todo eso me ha ayudado a entender que uno no solo puede proyectar su carrera en Guatemala, sino también en el extranjero.

¿Nunca sentiste la ausencia de tu mamá?

Mirciny: se mantenía muy ocupada. Ella estudió, sacó cursos, pero siempre estuvo en la casa. Yo creo que mi mamá se clonaba, jamás estuvo ausente. Donde yo la necesitaba, ahí estaba. Pienso que detrás de una buena hija siempre hay una gran mamá. Aunque suene cliché.

¿Cómo son los momentos altos y bajos en su relación madre e hija?

20130421_PublinewsMujer 17Mirciny: nos peleamos a cada rato (risas).

Magaly: yo veo que ella es muy profesional y es una persona con una agenda bien cargada. Le discuto que salga, que disfrute, de acuerdo con su edad. Peleo porque ella realice las cosas que a su edad tiene que hacer. La veo corriendo y siempre trabajando. Pero no es una discusión. Nosotros no discutimos, dialogamos. Trato de hacerle ver mi criterio, pero respeto su individualidad, y que aunque sea mi hija no soy su propietaria. No tiene que hacer lo que yo crea.

Mirciny: quiere cambiar todo… (ríe).

¿Recuerdan alguna situación en la que les haya costado llegar a un acuerdo?

Mirciny: a veces me cuesta que entienda, pero cuando ve el resultado comprende la razón de las cosas.

Magaly: me costó mucho aceptar que ella se fuera a estudiar cocina al extranjero. Fueron tres meses de pensarlo.

Mirciny: ¡Ah sí, fue terrible!

Magaly: sentía pánico de pensar que le podía pasar algo.

¿Cómo le contaste la idea de irte?

Mirciny: terminé de estudiar acá y sabía que quería salir. Quería estudiar en el mejor lugar del mundo y me encanta viajar y aventurarme. Soy hiperactiva. Primero empecé a trabajar, ahorré y hablé con mis papás y les dije: “me voy”, así de simple.

¿Viviste sola? ¿Cuánto te sirvió salir del país?

Mirciny: sí, yo iba con una emoción increíble, me ayudó a madurar. Me fui al País Vasco, en España. Creo que todos tenemos ángeles increíbles y el destino nos pone a personas que nos protegen. Allá conocí a mi mejor amiga, Aynara, su familia vive allá y ellos me recibieron como otra hija.

Teníamos un grupo de amigas, éramos tres y nos llamaban las tres Marías.

¿Nunca extrañaste a tu familia?

Mirciny: sí, y mucho, pero sabía el esfuerzo que ellos estaban haciendo. Tenía claro que yo iba a estudiar. Parrandeaba muy poco. Hice prácticas y aproveché mi tiempo al máximo.

¿Cómo mantuvieron la conexión madre-hija cuando Mirciny estaba lejos?

Magaly: Mirciny salía de trabajar a las tres de la madrugada, hora de España, y aquí en Guatemala eran como las seis de la tarde. Todos los días a esa hora la llamaba. Ella tenía que bajar una montaña del restaurante hasta su casa y todo ese trayecto yo la acompañaba por el teléfono.

La vida en España y el machismo en la cocina

El camino que tuvo que recorrer Mirciny para llegar al éxito de hoy no fue fácil. Estudió en el País Vasco, donde tenía que trabajar y prepararse profesionalmente al mismo tiempo, llevar las riendas de su vida y aprender lo duro del trabajo en la cocina. Luego de todo eso, llegó hasta El Bulli, el restaurante leyenda de Ferran Adrià, donde trabajó de sol a sol para posicionarse como una chef destacada y donde, confiesa, postuló en una bolsa de trabajo extensa, en la cual ella era la solicitud 5 mil 036. “El haber estado con Karlos Arguiñano, en el País Vasco, me ayudó mucho”, afirma.

¿Qué enseñanzas de tu madre te sirvieron cuando viviste sola?

Mirciny: “Práctico, que todo tiene que ser práctico, sin complicaciones”. A veces uno se complica en un montón de cosas, pero sabía que el tiempo es valioso.

Cuando estudiaste fuera, ¿nunca bajaste los brazos o te dieron ganas de regresar a Guatemala?

Mirciny: los tres primeros meses que estuve en El Bulli lloraba. Era la única mujer entre 50 cocineros y se trataba de una disciplina que no había experimentado antes. Nunca me habían salido las cosas mal. La exigencia ahí es altísima.

¿Cómo fue tu experiencia de trabajar en uno de los mejores restaurantes del mundo, como El Bulli?

Mirciny: maravillosa. Ahí aprendí que el trabajo tiene que ser con excelencia, o sale perfecto o no sale. Aquí en Guatemala muchas veces es ya, ahí se va, y eso hace mucho daño. En mi familia somos de trabajo en grupo, pero en El Bulli se aprende mucho del verdadero trabajo en equipo.

Muchas veces, en disciplinas como la cocina, los hombres suelen destacar más que las mujeres.

Mirciny: siempre le recuerdo a la gente que yo no estudié cocina para salir en televisión ni ser famosa. Estudié cocina porque es mi pasión, me gusta. Y es un mundo de un conocimiento increíble, pero en este campo tienes que esforzarte más del doble porque hay cosas que se deben hacer con mucha fuerza y destreza. La oportunidad es para todos y cada quien sabe cómo la toma. Yo en esa época no sabía lo que era un restaurante tres estrellas Michelin. No lo conocía. En 2002, la gastronomía no era lo que es ahora. En esa época la gente que estaba ahí tenía currículos increíbles y yo era una niñita metida en la cocina. Me costó, pues eran 50 hombres y todos quieren un puesto, pues muchos desean trabajar con algún discípulo de Ferrán Adriá.

¿Cómo se vive el machismo en el mundo gastronómico? Te tocó luchar con esto en El Bulli

Mirciny: más de alguna vez decían: “¡Ah, la niñita no puede, ah, la niñita no sabe!”, pero yo pensaba “tengo la inteligencia” y tenía que tratar de buscar un camino siempre. La cocina es una carrera muchas veces machista, ya que es una profesión que exige muchas horas, mucho esfuerzo y entonces muchas mujeres estudian, luego se casan. Las horas en una cocina son impresionantes. Por eso hay muy pocas entre los mejores chefs del mundo.

Sigues conectada con tus compañeros de El Bulli…

Mirciny: aún nos hablamos por WhatsApp o por internet. Luego de cierto tiempo ahí, logré hacer varios amigos con quienes todavía intercambiamos ideas.

Y entre tanto trabajo, ¿había tiempo para el amor?

20130421_PublinewsMujer 19Mirciny: trabajábamos de 12 del mediodía hasta la una de la mañana. Al terminar la jornada solo quería dormir. Yo tenía claro que iba a trabajar. Antes de estar ahí no conocía la cocina con nitrógeno, y eso ya se ve hoy en Guatemala. Cuando regresé al país sabía lo que era hidrocoloides, cocina molecular. Yo iba enfocada a aprender. No hubo tiempo para el amor.

Entonces a ti nunca te costó este proceso, ¿cómo lo vivió tu madre?

Magaly: en ese tiempo me llegó una nota muy bonita donde el mismo restaurante me convencía de que Mirciny debía irse a estudiar, me hablaban de las capacidades que ella tenía y que era una oportunidad única en la vida. Que una eminencia en la cocina española se haya tomado la molestia de convencer a una mamá para que su hija trabaje con ellos es algo halagador. Imagina qué orgullo es vivir eso. Aún guardo la nota. También, tengo archivado todo lo que sale en los diarios y sus cartas. Todo.

Entonces tu mamá te apoyó desde el inicio…

Mirciny: no. Es más, estudié psicología un tiempo por culpa de mi mamá. Me decía: “estudia una carrera tradicional y después te dedicas a la cocina”.

¿De dónde hereda Mirciny el talento en la cocina?

Magaly: siempre le gustó. Recuerdo que mi mamá hacía tamales en Navidad y eran exquisitos. Ponía a mis hijos en una cadena productiva y Mirciny era la más pequeña. Tenía una mesita y la recuerdo que con sus 4 años levantaba la mano y decía “¿y yo qué hago?”. Mi mamá le decía: “tú eres la posición más difícil. Debes ver que todos lo hagan muy bien”. Al finalizar, ella contaba los tamales y como solo sabía contar hasta diez iba repitiendo. Mirciny estuvo involucrada en la cocina desde pequeña, pero una muy nacional, de casa y familiar. Por eso ella destaca la importancia de la cocina como un acto de amor que une a los hogares.

¿Y a usted le gusta cocinar?

Magaly: no, nada (risas).

Mirciny: ¡Ah!, mamá sí cocina tres cosas muy ricas: una pasta con atún exquisita, unos garbanzos deliciosos, lentejas y un plato de arroz con pollo que nunca me lo ha vuelto a hacer.

Magaly: en realidad, soy yo la que hace la ‘sopita’ cuando hay enfermos en casa (risas). Tuve la bendición de que a mis tres hijos les gustara la cocina, entonces yo era la instrumentista de una sala de operaciones. Yo pongo la mesa, recojo los platos y ellos cocinan, y lo hacen maravilloso.

Yo gozo con verlos cocinar. Es algo con lo que me deleito y una instancia muy familiar y personal.

¿A qué hora se ven o logran estar juntas y compartir, si las dos son profesionales y con una vida agitada en sus trabajos?

Mirciny: mi mamá me llama 30 veces al día al celular.

¿Y siempre le contestas?

Mirciny: sí, siempre, pero cuando no puedo hablar le digo: “mamá no puedo hablarte”. Luego en la casa siempre encontramos un tiempo. Eso sí, con mi hermano tratamos de almorzar todos los días juntos.

Magaly: además, una vez al mes se reúne la familia a desayunar.

Mirciny: así es, siempre nos vemos y ahora la familia está creciendo. Algo que admiro de mi mamá es que a pesar de que mis papás están divorciados todos tenemos una excelente relación. Mi mamá siempre nos ha unido. A ve-ces tengo eventos y llegan mi mamá, mi papá y su esposa. Yo lo veo muy normal. Nos llevamos bien con la esposa de mi papá y mis hermanos de ese matrimonio.

¿Cuál es la fórmula para lograr esta armonía?

Magaly: el amor por los hijos. Tener presente que todo es parte de su crecimiento y de lograr entender, con quien fue tu pareja, que hay una responsabilidad con los hijos, independientemente si estás junto a esa persona o no.

Un mundo que las une y las ha hecho fuertes

Mirciny heredó de su madre la tenacidad y sobre todo la capacidad de romper esquemas como mujer. La vida les dio la dura tarea de reforzar esa unión, hace unos años, cuando el hermano de Mirciny murió en un hecho de violencia. “Tenemos la misión de enseñar al país que estas cosas no deben ocurrir”, dice Mirciny.

¿Algún gusto que las une?

Magaly: los chocolates.

Mirciny: sí, ella los esconde para no darme. A mí me gusta viajar, pero a mi mamá no. De repente nos escapamos al cine o en casa nos sentamos a ver películas.

¿Se critican entre ustedes?

Magaly: yo soy la fan número uno de Mirciny, pero sin que eso me ciegue. Cuando veo algo que debe mejorar, se lo digo. Pero por lo general hay más alabanzas (risas).

¿Qué cosas le preocupan a una mamá de una hija ya adulta?

Magaly: de mi hija no, la si-tuación de violencia del país sí. Los horarios a veces son muy demandantes y ella se tarda en un evento. La espero despierta y no me duermo hasta que la veo entrar. Eso creo que lo comparto con todas las madres de Guatemala.

Mirciny: la inseguridad también me preocupa, pero trato de no pensar en eso. Luego de lo que ocurrió con mi hermano es algo que te deja una marca en ese tema. Sin embargo, yo veo feliz a mi mamá, cuidando a sus nietos y sus mascotas.

La inseguridad es un tema muy delicado en Guatemala. ¿Cómo enfrentaron la muerte de un ser querido por culpa de la violencia? ¿Qué podemos aconsejarles a esas personas que lo han vivido?

Magaly: hay que unirse y saber que hay una responsabilidad para que todo el resto de la familia esté bien.

Mirciny: todos respetamos el duelo y el dolor de lo que significó perder a mi hermano. Entender y aceptar lo que cada uno vive internamente es importante. Hoy estamos unidos y hablamos más. Hay que usar bien el tiempo para estar con la gente que uno ama.

Sabemos que están trabajando en torno a este tema…

Mirciny: tenemos una res- ponsabilidad con el país. Lo que ocurrió con mi hermano no debe ser una estadística más. Estamos trabajando duro por apoyar causas y ver qué podemos hacer para evitar que no ocurra este tipo de situaciones.

¿Y en qué proyectos están trabajando juntas?

Magaly: estoy colaborando en todos los eventos y actividades de apoyo social en los que está embarcada Mirciny y tratamos de compartirlos. No me veo todavía descansando en la casa.

¿Cómo proyectan su futuro?

Magaly: yo estoy preparándome para que cuando me retire pueda tener una buena calidad de vida. Eso es importante.

Mirciny: ahora estoy en el programa “Puro chef” de “Utilísima”, un espacio que cada vez va mejor y estoy asombrada del crecimiento que ha tenido. Me escribe gente de Colombia, Chile, Puerto Rico, Perú, México, entre otros países.

Este es el tercer año del programa y siento que ha tenido gran impacto.

Las personas me dicen: “Te escucho hablar de Guatemala y me dan ganas de ir”. El otro día me fui a Panajachel y una señora me dice: “Mire, me encanta el programa”. Pensé que era más visto en la capital. La verdad es que trabajar con “Fox” ha sido un gran paso.

Cuéntanos algunos secretos que tengas guardados de lo que harás próximamente…

Mirciny: voy a estar en Miami y haré una aparición en “Telemundo” en el matinal, con mi amigo el chef James.

Estoy trabajando duro en nuevos proyectos, ahora que ya no estoy en “El sabor de mi tierra”. Estoy planificando nuevas sorpresas que ya les contaré. En mayo tendremos un superevento con una causa social de por medio.

Los programas de cocina han crecido considerablemente, ¿qué opinas? ¿Hay calidad en estos?

Mirciny: ese talento de comunicar no lo tiene todo el mundo. Se dio. De hecho, mi mamá fue una de las primeras lectoras del noticiero “Canal 7”. Hay algo importante y es que a través de los medios estamos dando a conocer nuestra gastronomía. Te-nemos que dejar de creer que nuestra cocina solo es el pepián o el jocón, sino que hay más que investigar. Donde realmente aprendo es cuando voy al mercado o a los pueblos, y las mujeres, que son las verdaderas guardianas de la gastronomía del país, me comparten sus secretos. Eso no lo enseña la universidad, ni la televisión, pero tienes que transmitirlo. Es una responsabilidad personal y de vida, en la que trabajo a diario y en donde mi madre ha sido protagonista y me ha dado las he-rramientas para hacerlo con pasión.  POR: CLAUDIO GARRIDO ULSEN / FOTOS: JULIÁN QUEVEDO

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 Mirciny le escribe una carta a su mamá

• Mamá: Quiero aprovechar estas líneas para decirte cuánto te amo, para darte las gracias por todas aquellas pequeñas y grandes cosas que has hecho por mí a lo largo de la vida.

Gracias porque a medida que fui creciendo, siempre estuviste a mi lado, aún cuando tuviste mil cosas más que hacer, siempre fuimos tus hijos la prioridad en tu vida.

Gracias por tus útiles consejos, aunque al principio trato de tener yo la razón, casi siempre la razón la tienes tú. Gracias por enseñarme a dar, a compartir sin importar si la otra persona merece recibir o no, porque con tu ejemplo aprendí a cuidar a los demás y dar siempre lo mejor de mí.

Gracias por darme la mano, cuando lo necesité, por permitir que tome mis propias decisiones y mis propios riesgos, aunque muchas veces sean pasos no seguros. Sé que tu fuerza me hace seguir avanzando.

Gracias por hacer tuyos mis sueños y luchar a la par mía para lograr que se vuelvan realidad. Siempre elogiamos a muchas mujeres que han logrado ser exitosas y romper barreras, pero que no se nos olvide elogiar a las mujeres que tienen el trabajo más difícil e importante del mundo, el de ser madres.

Mi respeto, admiración y cariño para cada una. A ti, mamá, solo me queda decirte que te amo. Mirciny

Proyectos

Sus restaurantes

Actualmente dirige los equipos de trabajo gastronómico en 7 Caldos, de comida guatemalteca (zonas 10 y 15), y Be Café, cocina sana y orgánica.

Cocina, golf y paz

Mirciny está como invitada especial para cocinar en la PGA Tour con los top 20 del golf mundial. La idea es recaudar fondos para la L4T, organización internacional a favor de proyectos que promueven la paz.

“Puro chef”

Mirciny es una de las chef que representa la gastronomía guatemalteca en este programa de “Utilísima”. Se transmite todos los días, a las 6:00 p.m.

• Fotografía: Julián Quevedo

• Producción: Ichigo Tock

• Vestuario y accesorios: MNG

• Make up y peinado: Amílcar Palacios para Azul Flamme Salón y Spa. Centro Comercial Cardales de Cayalá, 2491-4252.

• Agradecimientos: Gabuzzi, 3139-6531, www.gabuzzi.com

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