“Cuatro ideas acerca de un MP que llegó demasiado lejos”

Luis Felipe Valenzuela
"Una colega llegó a afirmar que la permanencia de la doctora Porras en el puesto es incompatible con la democracia. La indignación es enorme contra este Ministerio Público. Y crece cada día más".
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  1. Pedirle la renuncia a Consuelo Porras es absolutamente válido. Asimismo, solicitar la dimisión de su séquito cercano. El derecho de hacerlo está amparado por la Constitución. La condena nacional e internacional hacia su actuar durante este proceso de elecciones es razón suficiente. Una colega llegó a afirmar que la permanencia de la doctora Porras en el puesto es incompatible con la democracia. La indignación es enorme contra este Ministerio Público. Y crece cada día más. Me pregunto si su círculo cercano aísla dolosamente a la fiscal general de lo que se dice de ella en redes sociales, medios de comunicación y conversaciones personales. Me pregunto también si ella logra abstraerse de tanta opinión negativa que la señala y la vitupera. Siendo franco, lo dudo. Y no deja de causarme pena su situación. El linchamiento diario y permanente debe ser un infierno. Ignoro por qué ella se permitió llegar hasta esto. La presión para que abandone el cargo solo puede aumentar. Y los pocos aliados que le quedan terminarán abandonándola más pronto que tarde. En esta guerra psicológica que se libra en función de bloquear a toda costa que Guatemala alcance una renovación, el abusivo desempeño de varios fiscales ha sembrado una incertidumbre que desgasta demasiado a la gente. En todos los estratos de la sociedad la pregunta es la misma: ¿Cuándo acabará esto? En dos platos: Es inaceptable que quienes están obligados a hacer cumplir la ley no tengan vergüenza en atropellarla. De verdad, se les fue la mano. Estiraron la pita hasta el límite. Y esa pita se romperá de un momento a otro.
  2. La institución del Ministerio Público pasa por sus horas más bajas. El desprestigio es su sello. No inspira ninguna confianza. Contrario a eso, lo que genera es rechazo. En eso radica el mayor argumento para pedirle al equipo de Consuelo Porras que renuncie. No puede ser que sus integrantes no sientan el repudio de la población. Y es obvio que lo perciben desde el momento en que instalaron unos barrotes alrededor de la sede central, justo después de la primera vuelta. Sabían perfectamente que la ira ciudadana iba a protestar contra sus arbitrariedades. Y mientras más se demoren en salir de sus puestos, más será la exigencia para que lo hagan. El liderazgo indígena está jugando un papel decisivo en el episodio que presenciamos. Y lo hace con un gran sentido de dignidad y de consecuencia histórica. Esto ya no lo detiene nadie.
  3. No es fácil perder el blindaje que implica aferrarse al cargo de fiscal general. Hay muchos intereses de por medio. Y es evidente que Consuelo Porras aún dispone de cartas por jugarse. No muchas, pero le quedan. Ahí se basa buena parte de su resistencia a aceptar la cruda realidad. Mi consejo para ella es que, mientras pueda, negocie una “salida elegante” que le permita un salvoconducto hacia una realidad no tan indecorosa. Pensando pragmáticamente, eso sería lo menos malo en función de todos. Entiendo que son incontables los que quisieran ver tras la reja a aquellos que consideran como los verdugos de la democracia. Y, ciertamente, estos se lo merecen. Pero en aras de facilitar una transición sin exabruptos legales y de dar margen a que los casos espurios terminen, veo preferible que Porras y compañía se aparten del camino, aunque ello traiga consigo que, de algún modo, salgan impunes. Sé que es impopular esto que escribo. Pero aclaro: Me decanto por el camino que veo con mayor viabilidad para evitar más sufrimiento. Hay gente que está injustamente en la cárcel y en el exilio. Eso debe solucionarse cuán pronto sea posible.
  4. La numerosa y notoria presencia de diplomáticos y funcionarios internacionales en la audiencia de primera declaración de la exmandataria de la CICIG Claudia González es un escándalo planetario, tanto para el Ministerio Público como para el juez Jimi Bremer. Haber puesto en reserva el caso es, además de inaceptable, un certero detonante para que el bochorno crezca. Admirable el estoicismo y la valentía de esta abogada. Su entereza hace ver peor a sus victimarios. Y hacerlos ver peor de lo que ya se veían es decir bastante. Es situarlos en esa categoría sin categoría de lo peor de lo peor.

 

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