“En defensa de la libertad de Latinoamérica”

María del Carmen Aceña
"Concluimos que en la región hay una tendencia para implantar regímenes totalitarios por la vía democrática y así cambiar las constituciones, destruir el tan ansiado sistema republicano, centralizar el sistema económico y restringir las libertades individuales, debilitando las instituciones y condenarnos al subdesarrollo y la violencia."
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El futuro de Latinoamérica está en juego. Es importante buscar un norte y trazar una hoja de ruta para avanzar hacia el bienestar. Recién participé en el foro de la organización Red Atlas en México titulado “Acelerando a Latinoamérica”, con miembros de distintos centros de investigación de la región, que promueven los principios de la libertad. Es muy importante conversar con actores claves y escuchar a personajes de distintas generaciones para entender qué está pasando en el continente.

Coincidentemente, se llevó a cabo la IX Cumbre de las Américas, evento donde ocho de los 30 presidentes no participaron -entre ellos México, Guatemala, El Salvador y Honduras-. Fue un tanto extraño que la vicepresidenta de Estados Unidos haya ofrecido posibilidades de inversiones públicas y privadas billonarias para el Triángulo Norte para frenar la inmigración ilegal, cuando la relación con tales países se está erosionada. Paralelamente, una caravana de más de 15 mil personas pretendía entrar a los Estados Unidos por México de forma ilegal. La cumbre abarcó una declaración del tema de migración que se organiza alrededor de cuatro pilares fundamentales: 1) la estabilidad y la asistencia a las comunidades, 2) la ampliación de las vías legales, 3) la gestión humana de la migración, y 4) la respuesta de emergencia coordinada.

El primer conferencista del seminario de Atlas fue el doctor Francis Fukuyama -distinguido politólogo estadounidense de origen japonés, doctor en ciencias políticas, catedrático y autor de varios libros-. Conversando con unos jóvenes en la mesa, noté que poco sabían de lo que sucedió en el mundo el siglo pasado y cómo se conecta todo con la situación actual. Les conté que a su edad aprendí mucho del Dr. Fukuyama, ya que tuve la oportunidad a principios de la década de los 90 de compartir junto con otros colegas un taller de su libro “El fin de la historia”. Este se basa en un artículo publicado previo a la caída de muro de Berlín en 1989. El planteaba que, luego del fracaso de la Unión Soviética, el sistema político que dominaría sería la democracia liberal. La ciencia y la economía requerían sistemas descentralizados para la toma de decisiones y el mundo iba a la globalización. El fortalecimiento del Estado de derecho, el respeto a la ley, libertades individuales, así como la tolerancia y la confianza serían fundamentales.

Les recordé a los jóvenes que la década de los 80 fue muy difícil para el mundo y los latinoamericanos tuvimos muchos retos. Hasta algunos propiciaban un sistema socialista de corte marxista como la solución para generar mayor bienestar a la población. Cuba era el líder comunista en la región desde 1959 y había conflictos armados en varios países. La mayoría tenía dictaduras militares, poca inversión en salud y educación, escasa infraestructura y economías cerradas. Desconocían que Guatemala, El Salvador y Nicaragua tuvieron décadas de conflictos armados devastadores. Los sandinistas liderados por Daniel Ortega prácticamente se adueñaron de Nicaragua a partir del año 1979; por cierto, trágica historia para comprenderla y no repetirla.

El sistema socialista-comunista prometía erradicar la pobreza de nuestros pueblos; eliminar a las élites depredadoras, distribuyendo la riqueza y expropiando la propiedad privada; centralizar la producción para que alcanzara para todos y acabar con las débiles y corruptas democracias. Sin embargo, en aquel entonces, quedó claro que los países que tenían una economía de mercado y abierta, inversiones importantes en capital humano, certeza jurídica y representatividad en sus gobiernos eran los sistemas que generaban bienestar y riqueza. Bastaba con comparar las dos Coreas (Norte y Sur), las Alemanias (Oriental y Occidental) y las Chinas (China continental y Taiwán) para evidenciar los resultados de ambos sistemas.

También recordamos que, a raíz de la Guerra Fría -post Segunda Guerra Mundial-, se promovían dos sistemas económicos en el mundo: el comunismo y el liberalismo. Pero muchos países en desarrollo contaban con un tercer sistema: el “mercantilismo”, que prácticamente es un “gallo-gallina”, que destaca por sus débiles instituciones y sin una clara ideología para lograr un sistema económico capitalista, una democracia liberal, el desarrollo de las personas y fortalecimiento del Estado de derecho, entendiendo instituciones, como lo señala Beck: las reglas de base o implícitas que rigen el ejercicio del poder y de la dominación. Estos países tenían las condiciones para que calara la narrativa comunista.

Luego de los cambios que se dieron en la Unión Soviética y con el liderazgo de Ronald Reagan, Margaret Thatcher, el papa Juan Pablo II y Mijaíl Gorbachov -entre otros-, junto con la emblemática caída del muro de Berlín, se despejaron muchas dudas y el optimismo floreció en todo el mundo. La década de los 90 fue para la mayoría de los países muy iluminadora e innovadora. En el caso de Guatemala y El Salvador se firmaron los acuerdos de paz. En la mayoría de los países latinoamericanos se abrieron las economías y se establecieron sistemas democráticos. Se iniciaron reformas en los sistemas sociales y se modernizaron los servicios de infraestructura, como energía eléctrica y telecomunicaciones. Sin embargo, los viejos comunistas o de “ideología de izquierda” se reagruparon en el Foro de Sao Pablo y han trabajado en duras estrategias por los últimos 30 años para implantar su ideología colectivista, antidemocrática y que atenta severamente contra la libertad y los derechos humanos.

Al preguntarle al Dr. Francis Fukuyama la semana pasada qué recomendaba ante la situación del mundo, su respuesta fue: instituciones, instituciones e instituciones. Fue claro diciendo que en su libro comenta que ciertos cambios institucionales tenían que haberse dado para lograr un sistema liberal en los campos político, social y económico. Puntualizó fortalecer el Estado de derecho que garantice la autonomía de las personas, avanzar hacia la economía de mercado y establecer la democracia liberal. Una invitación provocadora para leer sus últimos dos libros “Identidad” y “Orden y decadencia de la política”.

Concluimos que en la región hay una tendencia para implantar regímenes totalitarios por la vía democrática y así cambiar las constituciones, destruir el tan ansiado sistema republicano, centralizar el sistema económico y restringir las libertades individuales, debilitando las instituciones y condenarnos al subdesarrollo y la violencia. Estados Unidos tiene un papel importante y debe retomar el liderazgo para fortalecer su sistema liberal y apoyar la región. Es momento de actuar en defensa de la libertad. ¿Cómo fortalecer la democracia liberal en Guatemala? ¿Es posible detener la migración hacia los Estados Unidos? ¿Qué instituciones son claves fortalecer para el desarrollo del país?

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