“MINIATURAS XI”

Luis Felipe Valenzuela
“Jamás hay que confundir el descaro con la franqueza. Cuando a alguien ya no le importa nada y actúa como si ni la ley ni el respeto existieran, lo que hace es agredir a sus semejantes con la prepotencia del cinismo".
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1. DOS ALMAS, UNA BALA (1917 –película– 2022 –hoy–)
Camino por lo que aún queda de una ciudad devastada por la guerra. Soy un soldado a quien le confiaron una misión importante. Debo llegar a mi destino. Las calles son un cadáver mordisqueado por la rapiña. Me rodean los andrajos de un traje otrora a la medida. Ruinas ruinosas arruinadas. Infamia infausta infrahumana. Solo las ratas soportan esta putrefacción tan grotesca. La desolación es tal que ni en el peor abandono de las tumbas abunda un espanto semejante.

Sigo mi deambular con la aterradora certeza de no estar solo. No sé hacia dónde voy. Solo intuyo, y eso me desquicia, que mis pasos serán el puntual aviso para mi verdugo. Sé que un taimado francotirador me espera. Muerto de hambre, pero vivo. Sediento de venganza y sin agua. Con el uniforme enemigo al mío, pero tan desnudo de miedo como yo. Atemorizado para el resto de sus días. Él, sin siquiera conocerme, ya me odia. Yo, sin siquiera saber su nombre, ya lo repudio. Y ambos, en lo que queda de esta devastada ciudad, somos la única compañía posible del uno para el otro. La única esperanza, para ambos, de algún piadoso rito funerario luego de que alguno de los dos se desplome para siempre. El solitario testimonio que podría relatarle a nuestras familias cómo nos llegó la muerte. Camino y camino con una inercia entre suicida y resignada. El francotirador sigue ahí. Yo voy a buscarlo para liquidarlo. Él aguarda por mí para apretar el gatillo. Mi vida y mi horror dependen de su puntería. Su horror y su vida también.

2. SIN CARETA
Jamás hay que confundir el descaro con la franqueza. Cuando a alguien ya no le importa nada y actúa como si ni la ley ni el respeto existieran, lo que hace es agredir a sus semejantes con la prepotencia del cinismo. Aquí la mafia ya tomó la plaza. Y obra según sus códigos criminales, sin rubor alguno. Entonces presiona en público con testaferros del insulto y amenaza en privado con el terror hampón, de sobra conocido en nuestra trágica historia. En ese contexto, aplaudo la valentía y la entereza de los decanos de las facultades de Derecho que, pese al vendaval de ataques de los que son objeto, mantienen su decisión de no votar a favor de Consuelo Porras. Con su coraje y su gallardía le dan esperanza al país. Y también prestigio a las universidades de las que provienen. Lo dijo muy claro por la radio el jurista Mario Fuentes Destarac: Ellos no representan a la casa de estudios en la que laboran; se representan a sí mismos, en su moral y en su conciencia. Es decir, no tienen por qué responder a la línea ideológica de la universidad. En todo caso, la manera en que votan refleja los valores que, supuestamente, transmiten a sus alumnos. Y quienes buscan desprestigiarlos aduciendo que no hay coherencia con negarle cabida en la lista de los seis a la fiscal general, después de haberle otorgado una calificación de 90 puntos, pasan por alto varios aspectos. Uno, que el polémico doctorado de la titular del MP, por más cuestionado que sea, está en ley, y que ignorarlo en la ponderación hubiese podido acarrearles acciones legales. Y dos, incluso más importante, que en esos 90 puntos no se calificó la reconocida honorabilidad, lo cual justifica plenamente su postura. Es curioso que, teniendo el presidente Giammattei varios comodines entre los cinco ya confirmados en el listado, se ejerza tanta presión para que Porras sea incluida en la nómina. Eso significa algo. Y ese algo puede ser la exigencia de la fiscal general de quedarse en el puesto, tal vez temerosa de que, ya sin poder, prescindan de ella sin blindarla lo suficiente, y que, además de eso, la dejen sin visa y cargando con un tremendo desprestigio para el resto de su vida.

3. RELOJ CLARIVIDENTE

El placer es una melancolía futura. Los grandes dolores, también. Pero, la melancolía que se origina en el dolor, especialmente si el tiempo cumple su tarea, siempre es un alivio.

4. LA FOTO TEMPORAL

Veo unos hombros de mujer que le devuelven a la simetría su prodigio renacentista. Son mucho más que una alineación de planetas. Son, en realidad, la alineación de todos los cuerpos celestes en su versión cautivadora. Para resolver ese misterio bastaría un beso. Un beso que abarque París y al universo.

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