“Los sabores y olores del año preelectoral”

José Carlos Sanabria
"En este contexto son varios los ingredientes que estarán presentes en las recetas de las organizaciones políticas."
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Las fiestas de fin de año vienen acompañadas de reuniones en las que convivimos con nuestros seres queridos alrededor de tradicionales olores y sabores que se apoderan de nuestros corazones.

Una gastronomía chapina típica de la época preparada en las familias por las manos más “cariñosas y habilidosas”. Esta tradicional dinámica me permite hacer una analogía con lo que sucederá el próximo año en las organizaciones políticas.

El año 2022 se constituirá en la antesala del evento electoral que dominará buena parte de la agenda política de 2023. En este sentido, los partidos políticos se están preparando desde hace varios meses para las elecciones y los “chefs” están en las cocinas partidarias “preparando” los más “suculentos” platillos para agregarlos en el menú electoral.

En este contexto son varios los ingredientes que estarán presentes en las recetas de las organizaciones políticas. Uno de ellos está relacionado con los procesos de asambleas partidarias que deben realizar cada tres años para renovar la organización que les da vida legal a los partidos. Esto es clave porque mide el nivel de fortaleza institucional formal de las organizaciones políticas. Que no determina el éxito electoral, pero sí da un parámetro para identificar en dónde está “parado” el partido.

La historia organizativa de los partidos muestra que en su mayoría las dirigencias partidarias optan por establecer su organización legal e inscrita en el Tribunal Supremo Electoral (TSE) alrededor de los mínimos que exige la Ley Electoral y de Partidos Políticos (LEPP).

En algunos casos la débil organización de los partidos se explica por las dificultades y los costos que implican tener una estructura legal extendida en la mayoría de los municipios del país. De igual manera, está presente la apatía y el desinterés de las personas para organizar comités ejecutivos municipales y departamentales, y asumir compromisos para involucrarse y participar activamente en los partidos.

Por otro lado, la cultura política vinculada al clientelismo permea significativamente las relaciones entre los partidos y las personas en el territorio. El clientelismo es un factor relacionado fuertemente con estructuras de caciques, en algunos casos con cercanías al narcotráfico y en otros a complejas redes de corrupción que cooptan las instituciones públicas.

En este sentido, los partidos tradicionalmente salen a buscar a caciques municipales y departamentales que “fortalezcan” sus oportunidades electorales. Las organizaciones partidarias deben buscar, identificar y reclutar cuadros partidarios. El problema es la forma clientelar y transaccional en que lo hacen.

Varios precandidatos a la presidencia que con el afán de “fortalecerse” están cometiendo un error al incorporar a sus partidos a caciques, con arrastre electoral, pero con vínculos a las estructuras de clientelismo, corrupción o narcotráfico. El objetivo de estos candidatos es ganar la presidencia a cualquier costo y no miden las consecuencias que tienen para ellos, su partido, las instituciones públicas y para nosotros.

El otro de los ingredientes que tendrán los “chefs” partidarios en sus recetas son las marcas partidarias y las “figuras políticas”. El escenario de este ingrediente no está muy claro. Hay procesos de cancelación de partidos, de formación e inscripción, y aún no sabemos a ciencia cierta quiénes podrán participar y en qué condiciones. No quiero mencionar nombres, pero no es lo mismo que una “candidata” participe con el partido que ha participado toda la “vida” a que lo haga con uno nuevo.

Aunque aparezcan nuevos nombres de partidos, logos y colores vienen acompañados con las “mismas personas”. No existe renovación de liderazgos ni mucho menos mecanismos democráticos para postular a los candidatos y esa dinámica tiene un impacto en la credibilidad y la representatividad de los competidores, los partidos, las elecciones y las personas que resultan electas. Se ha escuchado mucho, por ejemplo, de la nefasta “venta-compra” de puestos en las listas de candidatos.

Estos son algunos de los ingredientes que los “chefs de los partidos” tienen en las cocinas partidarias. ¿Qué opina usted? ¿Qué platillos estarán presentes en el menú de las elecciones 2023? ¿Tendremos sabores y olores nuevos? ¿Habrá sinsabores y olores desagradables? ¿Qué ingrediente agregaría a las recetas partidarias?

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