“La verdad, por dura que sea, siempre es mejor”

Luis Felipe Valenzuela
"En dos platos propongo transparencia absoluta cueste lo que cueste. No será postergando una verdad incómoda como se solucionará el problema. Contrario a eso, decir lo que haya que decir resulta menos ofensivo para la población que seguir manteniéndola en ascuas en un tema tan delicado en el que, me permito recordarlo, hay demasiadas vidas en juego".
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Que los ancianos hagan fila durante varias horas para ser vacunados contra el Covid-19 es conmovedor. Muestra su enorme deseo de seguir viviendo. Por eso inspira tanto verlos, especialmente si lo contrastamos con esta desolación moral que proyectan a diario las figuras políticas y judiciales que están al mando.

Inmunizar a los abuelos representa un enorme reto para las autoridades de Salud. Se juegan todo en ello. Si fallan en esta fase, no podrán con el peso de la sanción social. Es sumamente complicado lo que les toca enfrentar a los responsables de tan sensible tarea. Riesgoso también. Y van tarde en muchos aspectos. Tarde y con tropiezos. Buena parte de sus dolores de cabeza se origina en la falta de una buena estrategia de comunicación. Parecen no tenerla. Y si la tienen, no está siendo efectiva. Es demasiado común que incurran en contradicciones entre sí o que cambien abruptamente las reglas del juego sin reparar en las consecuencias que ello trae consigo. Un ejemplo: La información de cuánto podía demorarse una cita para recibir la primera dosis creó ansiedad entre los adultos mayores inscritos en la plataforma del ministerio.

Entonces, en vez de estructurar un mensaje directo, la solución fue dar declaraciones dispersas y abrir la vacunación por demanda sin que eso supusiera el mínimo orden para evitar aglomeraciones. Con la presión encima, ayer se afinó el aviso y la sugerencia fue que las personas comprendidas en esta fase, aún no convocadas luego de varias semanas de haberse registrado, se presenten a vacunarse donde mejor les quede. Asimismo, según entendí, pueden hacerlo quienes por algún motivo hayan perdido su cita, sea por falta de celular o bien por algún otro contratiempo. Esos casos, que representan el 30% del total, podrían acudir en horarios previamente fijados y divulgados a los puestos que ya funcionan. A lo que tendría que sumarse la colaboración de los vacunados para no contribuir en la creación de un caos. Ya solo con eso las aglomeraciones bajarían. Insisto: No es una logística sencilla. Si me atrevo a dar ideas es porque percibo desconcierto entre la gente. La falta de guía; la confusión.

Comunicar bien implica varias acciones. Una, saber con claridad cuál es el mensaje que la población debe recibir. Dos, definir los canales para emitirlo. Tres, entrenar a suficientes voceros para que hablen de eso en los medios y que estén disponibles siempre. Cuatro, elaborar un cuestionario de “las preguntas frecuentemente formuladas” y armar respuestas cortas para liberar las dudas. Cinco, adelantarse a cualquier desinformación y manejar las redes sociales del Ministerio de Salud con exactitud milimétrica y estar en alerta permanente para salirle al paso, de inmediato, a cualquier rumor mal intencionado. Antes de eso, sin embargo, urge saber la verdad acerca de cómo será el suministro de vacunas durante los próximos dos meses. Por dura que sea la verdad, esta será siempre mucho mejor que las frases opacas que tanto alimentan la ansiedad colectiva. Si de aquí a finales de julio vendrán solo 100 mil dosis, es conveniente saberlo y asumirlo. Pero si llegarán dos millones, también es indispensable conocer el dato y mentalizase para ello. El Fondo Ruso de Inversiones está obligado a informar lo que realmente puede enviarnos. Por estrictos que sean los compromisos de confidencialidad, lo mínimo es enterarnos de si podremos contar con el producto o si mejor nos preparamos para encarar los efectos de no tenerlo.

Si el fabricante sencillamente se niega a comprometerse con fechas de entrega, es menos desgastante que se sepa a que se nos “dore la píldora” con 50 mil dosis cada dos semanas y, peor aún, con respuestas elusivas de parte de los funcionarios a cargo. Es obvio que quienes pueden pagarlo se van a vacunar a Estados Unidos porque no confían en que aquí se concrete la llegada de los inmunizantes en un lapso razonable. Y si tal cosa es así, sea por errores cometidos en la negociación o por la ya conocida escasez de fármacos anticovid a nivel mundial, lo que toca es preparar a la gente para mantener los protocolos por mucho más tiempo y administrar la crisis política y de gobernabilidad que eso puede acarrear.

En dos platos propongo transparencia absoluta cueste lo que cueste. No será postergando una verdad incómoda como se solucionará el problema. Contrario a eso, decir lo que haya que decir resulta menos ofensivo para la población que seguir manteniéndola en ascuas en un tema tan delicado en el que, me permito recordarlo, hay demasiadas vidas en juego.

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