Opinión

La percepción ciudadana en un contexto de pandemia

En las últimas columnas he tratado de colocar sobre la mesa algunos aspectos para contribuir a la discusión de los efectos y los desafíos que nos está dejando el Covid-19. Indudablemente, este tipo de ejercicios son útiles para que los actores, que deben tomar decisiones, tanto en los espacios públicos y privados, tengan insumos para tomarlas con fundamento.

Más allá de los indicadores duros y las estadísticas preocupantes sobre el impacto económico, la pobreza, la desigualdad, el desempleo y otras variables sociales, económicas y políticas, resulta interesante tener una aproximación a las percepciones que los ciudadanos han tenido en un contexto de pandemia.

Una mirada que nos permita acercarnos a lo que estamos pensando, lo que más consideramos que nos está afectando y cómo vemos las cosas. Este acercamiento al fenómeno, en muchos casos, se intenta desacreditar o no considerar, pero es importante porque nos permite tomar el pulso y escuchar las voces de las calles.

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Para este propósito, compartiré con ustedes en este espacio algunos elementos que, en la materia que he descrito con anterioridad, encontré en la valiosa publicación “Desigualdad y descontento social: Cómo abordarlos desde la política pública” que presentó el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). El informe económico aborda la región de Centroamérica, así como a Haití, México, Panamá y República Dominicana, que en el documento y en esta columna se identifica con las siglas (CAPARAD). La cordial invitación es para que descargue de la página web del BID esta publicación y pueda explorar otras aristas que se presentan en el informe.

En materia de desigualdad, a pesar de tener un coeficiente de desigualdad de Gini relativamente alto, la mayoría de los países de CAPARAD tienen una percepción de desigualdad menos fuerte que los otros países de América Latina. La investigación resalta, en este aspecto, que en los últimos años los países de esta región vivieron una mejora en la distribución del ingreso que no se tradujo en una reducción de la percepción de desigualdad.

Otra de las preocupaciones que prevalece en los habitantes de esta región es sobre el desempleo, que parece estar más asociada a la precariedad laboral que a la tasa de desempleo. La pandemia, en términos generales, sí ha agudizado este aspecto y se está haciendo sentir en los ciudadanos.

Por otro lado, la percepción que en la mayoría de los países existe sobre los servicios públicos es insatisfactoria, especialmente en las áreas de educación y salud. En el caso de Guatemala, los resultados muestran que la satisfacción positiva que tenemos sobre las escuelas públicas y los hospitales es menor al 30 % para ambos casos. Esto refleja evidentemente la mala calidad que los ciudadanos están percibiendo de estos servicios.

Uno de los espacios en los que en la actualidad se ventilan, con mucha intensidad, las preocupaciones y los problemas son las redes sociales. En este caso, el estudio revela que en la región los usuarios de estas redes, a través de sus publicaciones, han manifestado preocupación por el desempleo y la corrupción. De igual manera, prevalecen los temas asociados a la salud pública e inseguridad.

Uno de los aspectos que el informe considera es la percepción sobre el estado emocional. En este sentido, indica que el Covid-19 parece haber aumentado el estrés en las familias, lo que se ha traducido en retos para la estabilidad emocional, que ha sido uno de los temas que más se ha discutido en las redes sociales.

El informe aborda otros elementos que, desde mi perspectiva, deben ser considerados por los tomadores de decisiones en los ámbitos tanto públicos como privados. Una mirada a lo que estamos sintiendo y nos está preocupando ayudará a identificar soluciones a los problemas que enfrentamos. ¿Qué tan identificado se siente usted con los resultados de este estudio?

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