¿Qué nos está dejando el Covid-19?

José Carlos Sanabria
“También se requiere claridad en el diagnóstico de los problemas y las soluciones, además establecer auténticos espacios para que los diferentes actores dialoguen y alcancen acuerdos. No podemos dejar por un lado uno de los elementos muy importantes que es la genuina voluntad política. ¿Qué opina usted?”

Hace unos días cumplimos un año de aquella “sorpresiva” llamada que recibió el presidente en la que, en medio de las luces, cámaras y con mucha “teatralidad”, dio un anuncio que vendría a cambiarnos la vida y a generar efectos que en ese momento no podíamos ni siquiera anticipar: La primera persona, registrada oficialmente, contagiada de Covid-19.

Sin mucha conciencia, a pesar de las noticias y lo que sabíamos que estaba pasando en otras latitudes del mundo, fue un anuncio que derivó en una serie de medidas, públicas y privadas, que, al igual que en otros países, vino a cambiar la “normalidad”, que no hemos terminado de transformar en la llamada “nueva normalidad”.

Evidentemente, las acciones que los países han tomado para enfrentar la pandemia, en ese momento desconocida, ha puesto a prueba la fortaleza y capacidad de los gobiernos, las economías y la sociedad en su conjunto. Sin duda, hemos aprendido mucho y ahora estamos en una mejor condición para actuar. No obstante, las repercusiones, efectos y daños se están haciendo presentes.

En muchos de los casos los resultados de las acciones no fueron muy positivos dado que, por ejemplo, los gobiernos, debido a la debilidad y fragilidad institucional, no han logrado atender de manera efectiva la demanda derivada de la pandemia. Hay otros casos en los que la situación es un poco diferente y, a pesar de las dificultades, la población ha recibido en términos generales una mejor atención.

Nosotros, desde luego, entramos en la primera categoría, la de los gobiernos que tuvieron muchas dificultades para atender la demanda y no lograron dar resultados significativamente positivos. Esto no solo se evidencia en el conjunto de acciones que se tomaron el año pasado, sino también, por ejemplo, en las primeras medidas y acciones que se han tomado para el esperado proceso de vacunación.

En este sentido, de manera muy oportuna y pertinente, varios centros de investigación como la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asíes) y organismos internacionales, como la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) y el Banco Interamericano del Desarrollo (BID) han presentado valiosos resultados de los estudios sobre los efectos que ha tenido la pandemia en nuestros países.

Los resultados no son muy alentadores y dibujan una serie de complejos desafíos que impostergablemente debemos atender con esfuerzos públicos, con la institucionalidad del Estado, pero también articulados con acciones muy bien hilvanadas y tejidas desde el ámbito privado.

Por ejemplo, en los estudios se evidencia un crecimiento en los índices de la pobreza, la desigualdad y la exclusión. Así como las tristes repercusiones en el empleo, la inversión y el crecimiento económico. De manera muy contundente, el informe del BID sugiere escuchar y atender las nuevas demandas ciudadanas ante la pandemia con mayor inversión en salud y educación públicas, transparencia e inclusión política para evitar una oleada de protestas en la región. El panorama es claro: La gobernabilidad y la calidad de vida de las personas está íntimamente relacionada con la respuesta y capacidad de acción de las instituciones públicas.

Por ello, más allá de sentarnos a discutir los preocupantes resultados de los estudios, debemos identificar las rutas y las acciones para dar solución a estos problemas. Evidentemente, esto implica, como punto de partida, una articulación entre lo público y privado, en cada uno de los casos y áreas.

También se requiere claridad en el diagnóstico de los problemas y las soluciones, además establecer auténticos espacios para que los diferentes actores dialoguen y alcancen acuerdos. No podemos dejar por un lado uno de los elementos muy importantes que es la genuina voluntad política. ¿Qué opina usted?

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