MINIATURAS (7)

Luis Felipe Valenzuela
“Ya va siendo tiempo de que nos ocupemos de la justicia. No solamente de aquella a la que el poder pretende capturar o mantener capturada. No solo de la que se manipula para agenciarse de impunidad. Es tiempo también de que la justicia nos gobierne la vida cotidiana...”.

1. UNA PALABRA, VARIOS MOMENTOS

Hay tanques de tanques. Están los del Blitzkrieg. Los de Praga 68. Los que precedían al golpe de Estado. Los de Tiananmen. Esos son los infames. Hay tanques de pensamiento. De varios colores. Intensos. Lúcidos. Discretos. En su variedad, hacen circular ideas. Son indispensables, cuando no son estanques. Hay también tanques de oxígeno. Los de este hospital. Los que faltan en otro. Los insuficientes. Esos son los de la pandemia.

2. LO QUE NO TIENE NOMBRE

Solo imagino el dolor de la gente de Comitancillo, San Marcos. O tal vez ni siquiera puedo imaginarlo de verdad. Es demasiado dura la tragedia. Perder súbitamente contacto con sus familiares y luego enterarse de la matanza. Hacer el dos más dos da cuatro y percatarse, con horror, de que ellos iban en esas aciagas camionetas. De que son las víctimas. De que no volverán a verlos nunca más. Viene entonces el recuento de cómo se despidieron. La memoria de las veces que los encomendaron a Dios para dotarlos de cierta protección. El acto inevitable de torturarse la mente recreando, a tientas, cómo los atacaron. Y después de las horas y los días, comprobar lo que el corazón les avisaba: Que los han perdido. No faltará quien se culpe por haberlos dejado ir. Muchos lamentarán haber apoyado la decisión de que se marcharan al Norte a tratar de librarse de la pesadilla. Habrá alguno que piense que intuyó este horrible desenlace y, pese a ello, no se atrevió a expresarlo. No son los únicos que han sufrido un calvario así. Tiene razón el cardenal Álvaro Ramazzini cuando afirma que son innumerables los guatemaltecos que han sucumbido por el frío del desierto o mordidos por alguna serpiente, rumbo a ese destino que suelen llamar “el sueño americano”. La única diferencia es que esos casos no llegan a ser noticia. Pero la pena y la angustia son las mismas. Con la diferencia de que en esas “historias anónimas”, jamás habrá repatriación de los restos. Y la duda quedará, para siempre, de cómo fue su final. Historias anónimas. No. Historias con nombre. Historias de aquello que no tiene nombre.

3. ESE LÍDER QUE NOS FALTA

Nadie más respetable que quien respeta lo que cree. Nadie más creíble que quien cree en lo que respeta.

4. DESECHOS DEL DESPERDICIO

¿Se quema la basura o la basura nos quema? ¿Será que a los vertederos se les agota su “vida útil”, o es que el agotamiento nos llevará a una “inútil vida”? ¿Qué haremos cuando los ríos y los mares sean un interminable basural de aguas negras? ¿Tendrá sentido que basura rime con usura y vertedero con matadero? ¿Cuánta basura más toleraremos en las papeletas electorales? ¿Cómo vivir en un país en el que la basura política solo se recicla para hacer más daño?

5. JUSTICIA PARA TODOS

Ya va siendo tiempo de que nos ocupemos de la justicia. No solamente de aquella a la que el poder pretende capturar o mantener capturada. No solo de la que se manipula para agenciarse de impunidad. Es tiempo también de que la justicia nos gobierne la vida cotidiana. Ser justos con los tiempos que vivimos. Ser justos con las urgencias que nos asedian. Entre las muchas enseñanzas que nos deja la pandemia hay una que exige justicia, sí o sí: O nos salvamos todos con la vacuna, o nadie estará totalmente seguro, incluso aunque ya se haya vacunado. La inmunidad de rebaño sin discriminaciones es, en este episodio de la historia, una manera de que la justicia nos proteja como planeta. Para salvar la economía, por ejemplo. O para abrazarnos como antes. “¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre antes de que se le pueda llamar hombre?”, se pregunta Dylan en “Blowin’ in the Wind”. Y yo me pregunto, ¿cuántos caminos le faltará recorrer a nuestro país para que pueda realmente ser eso: un país? ¿Cuántas durísimas lecciones faltarán para que Guatemala sea una casa en la que nadie necesite huir, exponiéndose a la muerte, para intentar salvarse la vida? Vuelvo a Comitancillo. No es justo morir por ir a buscar trabajo. No así. Ni de ninguna otra manera. No es justo que aquí la justicia sea un botín y no un ideal. Es hora de ocuparnos de ella. Se la quieren robar los que se la han robado siempre. Lo hacen a plena luz el día y sin ruborizarse. Son ladrones de la peor calaña. Me pregunto: ¿Cuántas pandemias precisará la humanidad para volverse realmente humana? Espero que con esta nos baste.

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