“Jueves Negro” en Washington

Luis Felipe Valenzuela
“El 6 de enero de 2021 pasará tristemente a la historia de Estados Unidos como un equivalente de nuestro tenebroso ‘Jueves Negro’. Hay múltiples similitudes entre ambos episodios. Y también muchas cegueras en común. Abundantes muestras de desprecio por la ley. Y, sobre todo, una infinidad de atropellos a la democracia”.

¿Qué dirán los defensores de Donald Trump después del asalto de ayer al Capitolio? Hablo de los trumpistas de aquí. Los que durante cuatro años le celebraron su discurso de odio y sus altaneros desmanes. Los que aplaudieron su manera despectiva de hablar de nuestros migrantes, aunque supieran que sin las remesas la economía del país colapsa. Recuerdo ahora la pésima broma de Jimmy Morales ofreciendo “mano de obra barata” para construir el muro del que tanto hablaba el magnate neoyorkino. ¿Cómo podrían los trumpistas locales justificar que “su líder” haya azuzado a sus seguidores diciéndoles que “nunca iba a conceder la victoria” a Joe Biden y luego, después de un bochornoso motín que le costó la vida a una mujer, les pidiera que se fueran a casa “en paz”, pero siempre insistiendo, sin pruebas, en que le “robaron la elección”? Tamaña irresponsabilidad debería incluso llevarlo a la cárcel. No se merece menos. Pero el problema real no es Trump, sino los 74 millones que votaron por él, y los incontables millones que lo admiran desde sus mirillas fascistas en diferentes lugares del planeta.

Me cuesta entender que un candidato presidencial dijera que “si mataba a alguien en la Quinta Avenida de Nueva York no perdería un solo voto” y que haya estado tan en lo cierto. Tal vez ahora, tras la revuelta en el Capitolio, unos pocos de sus incondicionales lo piensen de nuevo y arriben a la dolorosa conclusión de que, de verdad, Trump es un impresentable.

El 6 de enero de 2021 pasará tristemente a la historia de Estados Unidos como un equivalente de nuestro tenebroso “Jueves Negro”. Hay múltiples similitudes entre ambos episodios. Y también muchas cegueras en común. Abundantes muestras de desprecio por la ley. Y, sobre todo, una infinidad de atropellos a la democracia.

La presidencia de Trump cierra de manera catastrófica e indigna. Y aún le quedan 13 días en la Casa Blanca si es que no lo sacan antes con la enmienda 25, cuya cuarta disposición prevé que se pueda declarar la incapacidad del presidente para desempeñar las funciones de su cargo y sustituirlo con su segundo de abordo.

En medio de esta vergonzosa jornada se rescata algo que no es menor. Las más de 60 acciones legales con las que Trump trató de irrespetar la voluntad popular expresada en las urnas fueron rechazadas por jueces que no se prestaron a ese sucio juego. La institucionalidad, debilitada durante los pasados cuatro años, funcionó. Hasta Mike Pence se portó a la altura. Y eso salva, por ahora, la democracia de Estados Unidos. ¿Qué hubiese ocurrido si el macabro plan se concretaba? Mejor ni pensarlo. Nos queda como lección que los corruptos, como lo vemos aquí a diario, no se miden en nada y van por todo. Lo preocupante es que nuestras instituciones no son fuertes y en muchos de sus puestos clave hay personas sin vergüenza, siempre dispuestas a venderse.

No me queda duda de que la “lista Engel” y un Departamento de Estado más sólido ejercerán mucha presión en el “Pacto de Corruptos”. Lo que no sé es si esa presión será suficiente como para detenerlos y si esta llegará a tiempo. La elección del magistrado titular para la CC en el Colegio de Abogados le pone nubarrones fétidos al horizonte. Y no es lo único que se fragua. La redes de poder no se detienen un solo segundo y son implacables.

Allá, en Estados Unidos, donde unos tres millones de guatemaltecos encontraron el trabajo que aquí no pudieron conseguir, vienen meses duros. La pandemia se ensaña con su gente. Y la patológica polarización que le heredará Donald Trump a Joe Biden será muy difícil de manejar, con todo y que sea un alivio que el Senado tenga ahora mayoría demócrata. La promesa del republicano de hacer a Estados Unidos “grande de nuevo” le ha salido completamente al revés. Porque, por el bochorno de este tristemente histórico 6 de enero de 2021, celebran China, Venezuela y Rusia. Y yo vuelvo a preguntarme: ¿Qué dirán los trumpistas locales después del asalto al Capitolio? ¿Será que todavía defenderán a “su líder”? ¿Asumirán alguna vez que lo ocurrido ayer fue un “Jueves Negro” en Washington?

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