Adelita

Luis Felipe Valenzuela
“...Adela de Torrebiarte fue para mí un bálsamo humano. Lo de ella era no rendirse nunca. Y así la recordaré siempre, con la memoria selecta que solo los grandes cariños son capaces de iluminar”.

Hay lugares en la vida que siempre nos dejan un ambiente agradable adentro. Canciones predilectas que nos ayudan a recuperar el alma. Incluso ciertas fragancias que refrescan y diluyen la cruenta densidad del diario vivir. Y claro, también el destino nos depara la suerte de encontrarnos con bálsamos humanos. Exactamente eso fue para mí Adela de Torrebiarte. Adelita. Me bastó conversar con ella una sola vez para saber que era de las imprescindibles. Y no soy el único que lo piensa. Gente de todos los colores políticos se mostró consternada ayer por la noticia de su partida. Mas no solamente dolor se leía en los mensajes: También se leía un agradecimiento vital que colinda con una nostalgia que se adivina. Esa nostalgia que predice con certeza que se va a echar mucho de menos a alguien.

La mayoría de las veces que la vi fue en la cabina de Emisoras Unidas. Pero supe de sus pasos desde antes. En los años 90, los secuestros extorsivos marcaron el sufrimiento de varias familias. Una de ellas fue la de Adelita. Su reacción frente a semejante golpe no se orientó hacia la búsqueda de venganza, sino a procurar que la justicia funcionara. Era lo decente en medio de tanto dolor. Lo correcto, a pesar de la indignación hiriente. A eso añadió después el apoyo a las víctimas y el activismo desde la sociedad civil. Adelita entendió, junto con las amigas con quienes fundó Madres Angustiadas, que para modificar la horrible realidad había que participar. Y eso la llevó a convertirse en la primera mujer que se hizo cargo del Ministerio de Gobernación, en un momento sumamente tenso de dicha cartera. La seguridad fue el tema que más la movió. Jamás rehuía un debate que se centrara en eso. Especialmente cuando de defender a los buenos policías se trataba. El asunto era impopular y difícil de comprender. Al ciudadano común no le preocupan las penurias por las que pasan infinidad de agentes, porque los identifican con aquel que les pidió mordida o que llegó tarde cuando lo asaltaron. Pero a ella eso no la detenía. Abogaba con vehemencia para que la carrera policial se respetara y para que las condiciones del personal de calle alcanzaran el mínimo decoro. Por tales razones, fue sumamente crítica cuando durante la presidencia de Jimmy Morales se golpeó tan arteramente la institucionalidad de la PNC. Y lo que dijo fue de cara al sol; sin ambages.

Antes de eso ya había sido candidata presidencial. Lo de ella era no rendirse nunca. Y uno de sus principales legados consiste en haberse metido a las turbulentas arenas de la política sin perder su esencia. Dama, siempre. Firme en sus convicciones, sin incurrir en estridencias. El ejemplo perfecto de la perseverancia paciente. No importaba si sus esperanzas electorales eran nulas: Ella se subía a la tarima con el mismo entusiasmo. Y no lo hacía como turista. Adelita se lo tomó en serio. Como también lo hizo cuando fue dirigente del futbol. En eso le tocó abrir brecha y jugársela en varias ocasiones. Nunca se me ocurrió preguntarle si era del Madrid o del Barça, porque sabía que su respuesta iba a ser “soy del Cobán Imperial”. Lo que sí estaba claro es que le apasionaba el deporte. Y ahí, como en la política, su huella quedó.

En tiempos cavernarios como estos es cuando más urgen los buenos diputados. Adelita nunca se alineó con la alianza oficialista que tanto desprestigio le ha traído al Congreso. Ella era una garantía de ética en ese hemiciclo tan nauseabundo. Me recrimino de verdad el no habérselo dicho lo suficiente. La pandemia no me lo permitió. Y aunque sea dolorosamente tarde, lo dejo aquí por escrito: Adela de Torrebiarte fue para mí un bálsamo humano. Lo de ella era no rendirse nunca. Y así la recordaré siempre, con la memoria selecta que solo los grandes cariños son capaces de iluminar.

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