La relación entre corrupción y derechos humanos

José Carlos Sanabria
“Estar conscientes de que la corrupción es uno de los males sistémicos que nos afecta a todos nos ayudará a no tolerarla, denunciarla y condenarla socialmente, y castigarla penalmente”.

En esta semana se celebró el Día internacional contra la corrupción y el Día internacional de los derechos humanos, el 9 y el 10 de diciembre, respectivamente. Los días fueron establecidos por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En este año tan particular, estas conmemoraciones adquieren un significado más importante del que regularmente tienen.

Hay una fuerte y muy estrecha relación entre las dinámicas-prácticas de corrupción y el cumplimiento de los derechos humanos. En gran medida esta relación se encuentra en la capacidad que tienen los Estados y sus instituciones públicas para brindar y generar servicios públicos para que se velen y respeten.

Es una relación inversa, ya que, a mayor corrupción, la institucionalidad pública tiene menos capacidad para brindar condiciones en las que prevalezcan los derechos humanos. A su vez, a menor corrupción, la institucionalidad pública contará con más recursos y capacidad para responder a las demandas y necesidades básicas de su población.

Por ello, en este año de pandemia, en el que los sistemas de salud se están viendo sujetos a fuertes demandas, derivadas del incontrolable contagio del Covid-19 y las dificultades para prestar los servicios de salud pública y atender esta inusual demanda, nos pone sobre la mesa la interesante discusión sobre la importancia de fortalecer los sistemas de salud pública.

En este contexto, en el que los sistemas de salud pública se convierten en variables clave y determinantes en las respuestas que están dando los gobiernos. Los países que cuentan con sistemas de salud robustos, recursos y capacidad de respuesta están enfrentando, evidentemente, de mejor manera la pandemia en comparación con aquellos que están en condiciones completamente distintas. Ahí entran los sistemas de salud desfinanciados, raquíticos y con una reducida, por no decir nula, capacidad de reacción y atención.
La variable de la corrupción se constituye en una de las más importantes para explicar por qué las sociedades cuentan con institucionalidad débil y sin capacidad para atender las demandas y necesidades de su población. Solo vea lo que ha sucedido en nuestro sistema de salud, que se ha convertido en uno de los focos de negocios corruptos más apetecidos por las estructuras que se dedican a enriquecerse ilegalmente a costillas de nuestros recursos.

Una de las lecciones que debemos sacar de este tormentoso año que nos ha tocado vivir, en medio de enfermedad y mucho dolor, es la necesidad de promover acciones que reduzcan la corrupción y además que fortalezcan el sistema de salud pública, como un derecho humano fundamental que el Estado tiene obligación de brindar.

Estar conscientes de que la corrupción es uno de los males sistémicos que nos afecta a todos nos ayudará a no tolerarla, denunciarla y condenarla socialmente, y castigarla penalmente. Es triste escuchar cómo en ocasiones normalizamos y aceptamos la corrupción con frases como: “Que roben, pero que hagan obra”, solo por citar un ejemplo. Las prácticas de corrupción deben ser una rara excepción y no la “regla” ni la “norma”.

Es mediante la conmemoración de estos dos días, el de la lucha contra la corrupción y los derechos humanos, que debemos buscar los espacios para alcanzar acuerdos, tanto las autoridades como los actores sociales, e identificar los desafíos que tenemos y delinear una ruta para alcanzar una sociedad en la que prevalezca la dignidad humana, los derechos humanos, con igualdad de oportunidades.

No es soñar en cosas irrealizables. El principal reto está en construir una sociedad en donde prevalezcan los derechos humanos, que no solo pasan por la salud, pues está la educación y otro conjunto de derechos que, contenidos en el marco de los derechos humanos, se constituyen en factores para promover sociedades más justas e igualitarias, sin discriminación e igualdad de oportunidades de desarrollo para todas y todos. ¿Qué opina usted?

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