Insensatez sobre; egoísmo, también

Luis Felipe Valenzuela
"La pandemia en Estados Unidos es una tragedia. El futuro político de ese país, una polarización sin precedentes. Aquí no estamos muy lejos de situaciones similares. Insensatez sobra; egoísmo, también."

Es estimulante que en el Reino Unido ya se esté vacunando a la gente contra el Covid- 19. Es una luz, aunque el túnel siga siendo descomunal. Peor sería que todavía estuviéramos dando “palos del ciego” en tal sentido. Me temo que aquí, en lo inmediato, el panorama tienda hacia lo terrible. Recibo invitaciones a numerosos convivios. Como si no pasara nada. Oigo fiestas multitudinarias cerca de donde vivo. Suenan a casamientos. E imagino a los invitados departiendo y bailando sin mascarilla. En el Hospital Temporal del Parque de la Industria ya están al cien por ciento de ocupación. Al noventa, en el de Quetzaltenango. Las voces de alarma siguen recomendando no bajar la guardia, pero percibo que muchos los oyen como oír llover. Especialmente los jóvenes. La renuncia del doctor Edwin Asturias y el cierre de la Coprecovid no pintan bien. Intuyo, con angustia, que la vuelta navideña pueda salirnos más cara de lo que realmente podemos pagar. Será poco probable que la gente se controle durante estos días. Y aunque la entiendo, me parece imprudente descuidarse tanto. La tentación de juntarse con los amigos se suma a un año en el que el aislamiento ha sido cruel.

¿Cuántos abrazos ha dado usted durante 2020? En este momento no existe en el país un liderazgo con suficiente credibilidad como para motivar a la población para que se guarde lo más posible. Lo cual es grave. Además, la economía y sus actores transversalmente vulnerables rechazan cualquier idea que sugiera un confinamiento como en el de los meses más duros de este año. Y con razón. Abundan los negocios al borde de la quiebra y las plazas de trabajo que penden de un hilo. Mientras tanto, la crisis política no cede lo suficiente. En realidad, no cede. El poco manejo que se ha hecho no alcanza. Si no fuera por la temporada, tal vez ya estaríamos con una agitación mayor. El foco de provocaciones se centró esta semana en el Ministerio Público. El descarado y despreciable acoso contra el titular de la FECI, Juan Francisco Sandoval, tensa más el ambiente y atiza los fuegos de siempre. Incluso habiéndose retractado de contratar a la licenciada Karin Orellana Pinto como fiscal especial para investigarlo, el MP queda muy mal. ¿Quién pudo recomendarle a la fiscal general, Consuelo Porras, que la reclutara en ese específico caso? ¿Cuáles eran las credenciales y los méritos para escogerla precisamente a ella? ¿Habrá sido solo un error? Eran evidentes las muestras de que llevar a la licenciada Orellana Pinto a desempeñar esa tarea generaba conflictos de interés.
Asimismo, más que parecer que se buscaba investigar las denuncias, lo que todo esto sugiere es una persecución. Entiendo que nadie está por encima de la ley. Y eso incluye al titular de la FECI. Pero preocupa sobremanera que su abogada defensora haya presentado un amparo ayer, en el que argumenta que la decisión de la titular del Ministerio Público de autorizar un fiscal especial para investigarlo no cumpla con los requisitos de ley y que además violente el debido proceso. Preocupa porque, de ser cierto, estaríamos frente a una crisis que podría alcanzar dimensiones internacionales, dado el prestigio del licenciado Sandoval. Todo esto, en medio de una pandemia que, según los que saben, se aproxima de manera inminente a su peor episodio en Guatemala.

La necedad no es la mejor consejera en este momento. Nunca lo es. Sobre todo cuando la mala fe impera en las acciones perpetradas. Un ejemplo de ello, Donald Trump y su siniestra obstinación de que le robaron las elecciones del pasado 3 de noviembre. De 55 demandas presentadas, solo le han aceptado una. Y para trámite nada más. Pero el 88% de sus votantes sí cree que hubo fraude. Y eso recuerda, como lo apunta lúcidamente un artículo del “New York Times”, a la negación de la derrota que se dio en Alemania después de la Primera Guerra Mundial, con las funestas consecuencias que ya conocemos. ¿En qué se relaciona esto con los temas abordados aquí? Ahora lo explico: No asumir una debacle y pretender que sean otros los que paguen las rabietas o la incompetencia de un funcionario público se vuelve sumamente peligroso cuando quien no acepta que se equivoca maneja poder. Mucho más cuando ese poder es excesivo.

La pandemia en Estados Unidos es una tragedia. El futuro político de ese país, una polarización sin precedentes. Aquí no estamos muy lejos de situaciones similares. Insensatez sobra; egoísmo, también. Espero de verdad que prime la cordura durante diciembre en cuanto a cuidarse de los contagios. Y asimismo espero que nuestro liderazgo político y judicial no nos hunda más por su mezquina e insensible vocación de no asumir sus responsabilidades.

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