Condenados a una educación mediocre

María del Carmen Aceña
"Es triste e indignante haber visto la semana pasada al presidente sentado junto a la ministra y el dirigente sindical."

Con gran ilusión el equipo del Ministerio de Educación (Mineduc) llegó al gobierno con el objetivo de actualizar y llevar a cabo una reforma educativa. Es obvio que la mayoría de los maestros que hoy están en el sector público no fueron formados ni capacitados para orientar y enseñar a los niños y jóvenes del siglo XXI.

A raíz de los Acuerdos de Paz se formularon muchas propuestas en distintas áreas. Era la oportunidad de poner al estudiante como el centro y razón del aprendizaje y además lograr que muchos niños y jóvenes que no asistían a la escuela tuvieran acceso.

A pesar de que había consenso en cuatro ejes: a) Vida en democracia y cultura de paz, b) Unidad en la diversidad, c) Desarrollo integral sostenible y d) Ciencia y tecnología; y en 11 áreas de transformación: 1) Técnico pedagógico, 2) Administrativa, 3) Desarrollo de recursos humanos, 4) Legal, 5) Políticas públicas, 6) Económico financiera, 7) Idiomas, 😎 Cultural, 9) Comunicaciones, 10) Infraestructura y 11) Productividad; muchas quedaron en el olvido.

Este año, cuando asumió el nuevo equipo del Mineduc, este tuvo el deseo de realizar cambios e innovar para beneficio de los alumnos, pero se topó con un muro que se opone a todo llamado: los sindicatos. Entonces las mejoras educativas tan necesarias y postergadas pasaron nuevamente a un segundo plano para dar cabida a la negociación de privilegios y la ilusa compra de gobernabilidad a costa de futuro de la niñez y juventud.

Atraídos por las razones incorrectas, los sindicatos del Mineduc se han multiplicado, ahora en competencia por suscribir jugosos pactos colectivos de condiciones de trabajo, pues luego del año 2008 descubrieron el mecanismo más efectivo de expoliar recursos públicos. Lamentablemente, estos pactos se convirtieron en un despropósito, los sindicalistas demandan y demandan recursos y privilegios de los gobiernos de turno, pero los costos los pagamos todos los guatemaltecos. Desafortunadamente, la Ley de Servicio Civil y el Estatuto Docente, antes considerados instrumentos legales para dignificar al magisterio por su mérito y dedicación al servicio, hoy cedieron espacio para que los reclutamientos, aumentos, ascensos y traslados de docentes dependa de su afiliación sindical, donde la amenaza, bloqueos, marchas y cierre de escuelas es la moneda de canje.

Al ser el Ministerio de Educación la institución pública con más empleados en el gobierno, los pactos colectivos han tenido un tremendo impacto financiero. En el año 2008 se firmó el primero, con un aumento retroactivo del 8% para 2007 y otro 8% para 2008. Adicionalmente, el gobierno de la UNE les concedió durante su último año otro aumento del 10%. El segundo pacto colectivo 2013-2015 firmado por el gobierno del Partido Patriota aumentó nuevamente los salarios en 8% el primer año, 10% el segundo y 12% para el tercero. Adicionalmente, les concedió un seguro médico y funerario. Por último, en el periodo 2019-2020 les aumentaron el 5% el primer año y 5% el segundo. También se concedió un bono anual de Q2,500 y otros bonos por profesionalización.

¿Qué más se negocia en los pactos? Más asuetos y vacaciones, plazas hereditarias, el patrocinio del aniversario de los sindicatos, canastas navideñas, pero tal vez lo más nefasto es exonerar de trabajar a múltiples dirigentes sindicales para que “tengan tiempo” para sus actividades sindicales, además de la inamovilidad de los dirigentes sindicales.

A medida que pasan los años, los políticos han formado una alianza perversa con los sindicatos. Muchos políticos solían colocar maestros sin llenar los requisitos, perfil o cumplir una convocatoria. Al negarse cualquier ministro, la amenaza se convierte en citación e interpelación.

Han pasado más de 10 años de esta forma de operar. Los resultados son negativos para el aprendizaje. Se han invertido tres veces más recursos en el Mineduc, pero la cobertura educativa se ha estancado y la calidad es mediocre. Pocas reformas se han realizado en esta década por temor a las represalias sindicales. Y aunque muchos maestros han señalado en repetidas ocasiones que el dirigente no los representa, los resultados financieros que ha logrado están a la vista, pasando de Q6 mil millones a Q18 mil millones en 12 años.

Es triste e indignante haber visto la semana pasada al presidente sentado junto a la ministra y el dirigente sindical. Ahora él forma parte de una mesa técnica. ¿Qué sabe este individuo de educación? Cuando trabajaba como maestro, subcontrataba a otro -razón por la cual se le destituyó-. Sin embargo, se le volvió a contratar sin base legal.

Señor presidente, no le quite la autoridad a la ministra y a su equipo, apoye con determinación la reforma educativa que prometió en campaña que sea dirigida por los mejores técnicos locales y mundiales. Es urgente una nueva formación de los maestros que los convierta en aprendices e innovadores constantes; que se reclute a los mejores docentes por capacidad y vocación; incentivos únicamente para los que logren el aprendizaje de los niños; inversión en educación virtual y escuelas listas para recibir de nuevo a los alumnos pospandemia.

No más componendas políticas a costa de la educación. Es momento de eliminar a los parásitos que viven a costa del futuro de los niños, niñas y jóvenes. Es imperante una revolución educativa. ¡Basta ya! ¿Está de acuerdo en que el gobierno firme otro pacto colectivo con el sindicato de educación? ¿Por qué los presidentes terminan negociando con dirigentes magisteriales? ¿Cómo lograr que este círculo politiquero termine y se dé uno de la mejora continua y el mérito?

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