Salud y nutrición, prioridad nacional

María del Carmen Aceña
"Aprovechando la tecnología digital, se puede acelerar la transformación de la salud pública".

Si algo hemos aprendido en estos seis meses de pandemia es que nuestro sistema de salud es totalmente inoperante. Hay poca capacidad de coordinación entre el Ministerio de Salud, el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social -IGSS- y el sector privado; hay mucha gente desprotegida y las organizaciones carecen de suficientes capacidades y suministros.

Como parte del documento “Propuestas para el desarrollo de Guatemala post Covid-19” realizado por el CIEN, se encuentra la salud y la nutrición como un área sustantiva fundamental. El país está por debajo del promedio mundial tanto por el número de camas hospitalarias como en el Índice Global de Seguridad Sanitaria que mide la capacidad de prevenir, detectar y responder rápidamente a las amenazas de epidemias y pandemias. Además, en el primer nivel de atención, responsable de la prevención de las enfermedades y de la promoción de la salud, hay una brecha de más de 4 mil puestos de salud dejando de atender a la gente, especialmente a la más necesitada.

“Aprovechando la tecnología digital, se puede acelerar la transformación de la salud pública”.

La pobreza, la malnutrición, la violencia, la falta de agua y saneamiento, y la mala salud mental de los habitantes son algunos de los principales factores que ponen en riesgo el desarrollo de los niños. Además, las medidas tomadas para contener el Covid-19 está dificultando que las familias vulnerables tengan acceso a una adecuada alimentación y a servicios preventivos de nutrición, dando como resultado un incremento en la desnutrición aguda de niños menores de cinco años. Según el Ministerio de Salud, en abril la desnutrición aguda, moderada y severa en niños menores de 5 años aumentó de 2019 a 2020 de 4,575 a 13,700 casos.

CIEN señala que el sistema de salud guatemalteco debe afrontar los desafíos de las transiciones demográfica, epidemiológica y nutricional en un contexto de mayores expectativas ciudadanas y restricciones presupuestarias. Además, debe hacer frente a choques externos de origen biológico (por ejemplo, las pandemias), económico, ambiental, socio-cultural, político y otros. Las enfermedades crónicas no transmisibles son las que más prevalencia tienen en la población a partir de la edad de 30 años. Las enfermedades transmisibles, maternas, neonatales y de la nutrición predominan hasta los nueve años. Las lesiones son más relevantes entre los 15 y 29 años.

¿Qué se propone? La propuesta de CIEN se centra en un abordaje integral del sistema de salud junto con el apoyo coordinado de otros sectores para contribuir a mejorar los determinantes del entorno en la salud. Es imperante posicionar a la persona en el centro del diseño de las intervenciones. Para esto, es fundamental llevar a cabo una transformación de la gestión del sector público (en especial planificación, adquisiciones y personal) que permita la adecuada implementación de los programas.
Se busca a largo plazo lograr un nivel más alto de salud para los guatemaltecos durante su ciclo de vida con el fin de que logren más años de vida sanos, productivos y con bienestar mediante una cobertura universal de servicios de salud que sean accesibles y centrados en los ciudadanos. En los próximos años es preciso sentar las bases de una transformación del sistema para que más personas (particularmente las más vulnerables) tengan acceso a servicios de buena calidad, con énfasis en la atención primaria de salud.

Para esto, CIEN recomienda aprovechar los recursos disponibles para responder a la pandemia para fortalecer el sistema de información, los servicios de salud, el recurso humano sanitario, el sistema de abastecimiento de medicamentos y suministros, y otros. Para lograr implementar esta recomendación, será necesario involucrar a un equipo multidisciplinario con las destrezas y experiencia en el fortalecimiento de los sistemas de salud y asignar recursos específicamente para esta tarea. Con este proceso se debe buscar avanzar hacia un sistema resiliente para absorber el choque de una emergencia y al mismo tiempo seguir prestando servicios de salud regulares.

Mientras esté presente la pandemia, también debe invertirse en agua, saneamiento, higiene y seguridad alimentaria. Este tipo de intervenciones se identifican como estratégicas, ya que permiten afrontar tanto la pandemia del Covid-19 como otras enfermedades. Es difícil lograr medidas de higiene sabiendo que hay comunidades que ni siquiera tienen acceso a agua potable. Por ejemplo, la falta de un lugar apropiado para lavarse las manos con agua y jabón es un grave obstáculo para romper las vías de transmisión de enfermedades fecales-orales y del Covid-19. El establecimiento de un sistema seguro y continuo de abastecimiento de alimentos es fundamental para la población vulnerable.

Aprovechando la tecnología digital, se puede acelerar la transformación de la salud pública. La información es clave para la toma de decisiones. Es importante realizar una reingeniería en el Ministerio de Salud. Un sistema de información digital permitiría identificar a la población según su nivel de riesgos y de utilización de los servicios. De esta manera, se pueden definir programas de atención directas y desarrollar plataformas de entrega de los servicios. Adicionalmente, permitiría un monitoreo y evaluación de los distintos programas.

Actualmente se está elaborando el presupuesto para 2021. Es de suma importancia tomar en cuenta estas recomendaciones para asignar recursos para el próximo año e iniciar un cambio radical en el sistema de salud. ¿Cómo lograr que todos los alcaldes inviertan en agua potable y saneamiento en sus comunidades? ¿Qué hacer con el primer nivel de atención? ¿Cómo lograr un sistema de salud eficiente.

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