Para imaginar escenarios

“La clave estará en el manejo de la gradualidad. Solo espero que esta sea lo suficientemente certera como para impedir que el hambre y la desesperación pulvericen nuestra siempre precaria gobernabilidad”.

Para imaginar escenarios

Comparo con la lesión de un superfutbolista la disyuntiva entre quienes abogan por mantener el confinamiento, cueste lo que cueste, y quienes insisten en abrir la economía, igualmente cueste lo que cueste. La lógica me dice que un Cristiano Ronaldo que sufre un esguince debería mantenerse apartado de las canchas por un determinado tiempo, no solo para que sane por completo, sino para evitar exponerlo a una lesión mayor. Apresurar su regreso, digamos por un partido clave como una final, conlleva el riesgo de que el entrenador se vea obligado a sustituirlo a los 15 minutos del primer tiempo, y a que toda la estrategia centrada en su calidad como crack se venga abajo. En ese contexto, lo ideal sería que no primara un criterio de urgencia a la hora de tomar esa decisión y que fuera la opinión del médico la que prevaleciera. Sin embargo, es entendible que un director técnico se la juegue, con riesgos calculados, si considera que la inclusión de su máxima estrella le brinda una oportunidad decisiva de ganar el partido. Claro, por importante que sea un encuentro en el que se decide un campeonato de futbol, jamás llega a compararse con la realidad, pura y dura, que plantea una pandemia como la del Covid-19.

El ejemplo solo ayuda para imaginar escenarios. ¿A qué nos referimos, en la coyuntura actual, a “reactivar la economía”? ¿Cuáles son, a ciencia cierta, los negocios que no están funcionando? ¿Cuán diferente será la situación para los trabajadores de la economía informal con el distanciamiento social que debe imperar de aquí a que haya vacuna contra el coronavirus? ¿Habrá marcado peligro de que, al relajar las restricciones, los contagios se multipliquen exponencialmente y ello haga colapsar nuestro sistema de salud? ¿Qué va a ocurrir con aquellos negocios que, aunque se alcance pronto una “nueva normalidad”, igual no sean capaces de levantarse sencillamente porque esa “nueva normalidad” no los abarque? ¿Qué haremos como sociedad cuando el hambre y la desesperación empiecen a pulverizar la gobernabilidad? Preguntas como las anteriores abundan. Y hay muchas más. Estas preguntas no son solamente para las autoridades de gobierno, sino para toda la población. Porque, con muy pocas excepciones, todos estaremos tocados por lo que venga. Entiendo que hablar de “reactivar la economía” es, a grandes rasgos, ir abriendo actividades literalmente detenidas desde que la pandemia nos puso en jaque. La construcción es una. Y no se ve marciano que esta vuelva en el corto plazo. Ya solo con eso infinidad de hogares percibirían ingresos nuevamente. Pero regresar a los albañiles a las obras implica automáticamente pensar en cómo transportarlos.

“La clave estará en el manejo de la gradualidad. Solo espero que esta sea lo suficientemente certera como para impedir que el hambre y la desesperación pulvericen nuestra siempre precaria gobernabilidad”.

Y ahí surgen las dudas. Tanto el alcalde capitalino como el presidente aseguran que ya existe un protocolo de seguridad para regresar a las calles el transporte público. Sin embargo, hay quienes consideran inevitable que suba la tarifa por el hecho de que las unidades tendrían que reducir su pasaje a la mitad. La primera luz para esbozar una salida la da el jefe edil de Guatemala al referirse al escalonamiento de horarios. Pero, incluso con eso, parece complejo el panorama. Cuando se trata de hacer un listado de los negocios que se han visto compelidos a detenerse o a bajar drásticamente su ritmo, es obvio que el turismo es uno de los que primero asoman cara. Esta semana se supo que el 30% de los hoteles que suspendieron servicios no será capaz de abrir puertas luego de la crisis. Y así podría enumerar historias e historias. De hecho, no me alcanza la columna para responder todas la interrogantes formuladas líneas atrás.

Por ello, me concentro en el ejemplo del superfutbolista con el que arranqué este escrito. Sale muy caro tener sentado a Cristiano Ronaldo durante un año por una lesión menor. Pero es coherente dejarlo en la banca si su carrera corre un grave peligro, si se le obliga a saltar al campo antes de tiempo. Alinearlo dependerá de las necesidades del equipo, considerando los riesgos calculados que tal cosa conlleve. Y ningún director técnico debería determinar qué hacer sin la asesoría del cuerpo médico del club. En síntesis, muy complicado decidir desde donde se vea. Igual que en nuestra coyuntura.

Ayer dijo el alcalde de Villa Nueva que las 14 maquilas que operan en ese municipio están funcionando. En todo el país hay muchas tiendas que han abierto prácticamente todos los días desde que empezó el toque de queda. La mayoría, salvo los supermercados, ha vendido poco. Todavía es muy temprano como para aventurar quién terminará teniendo más razón entre los que abogan por mantener el confinamiento, cueste lo que cueste, y aquellos que insisten en abrir la economía, igualmente cueste lo que cueste.

La clave estará en el manejo de la gradualidad. Solo espero que esta sea lo suficientemente certera como para impedir que el hambre y la desesperación pulvericen nuestra siempre precaria gobernabilidad.