¡Quédate en casa!

¡Quédate en casa!

La pandemia del Covid-19 nos enfrenta al dilema de salir o no de casa. El dilema no se resuelve con facilidad, principalmente en las personas que no tienen las condiciones para guardar cuarentena.

Mayoritariamente, las razones para no cumplir con esta medida recaen en aspectos económicos y laborales, agudizados por una institucionalidad que no brinda seguridad social, que en estos momentos se hace más necesaria que nunca.

Estos aspectos muestran lo complejo que es, en un país pobre y desigual, enfrentar la pandemia. No es ser alarmista, pero me preocupa que países desarrollados con economías pujantes e institucionalidades públicas fuertes han sucumbido a la indetenible y férrea fuerza de este virus.

No quiero imaginar lo que sucederá aquí si el virus contagia masivamente a un alto número de personas simultáneamente. La institucionalidad y el sistema de salud pública no tendrán la capacidad para enfrentar esa situación.

Según los expertos, la peligrosidad de este virus no radica tanto en su letalidad, sino en el alto grado de contagiosidad. Es decir, se esparce con muchísima facilidad. Por ello, todos los países que están enfrentando esta pandemia han tomado medidas que buscan el aislamiento y el distanciamiento social.

La decisión, desde la perspectiva de salud pública, es acertada, necesaria e indispensable, pero se topa con una arista económica que complica su aplicación.

Muchos han tratado de indicar que es imposible conciliar los aspectos de salud con los económicos. En este sentido, en medio de las circunstancias del país, los esfuerzos públicos y privados deben buscar que se cumplan los objetivos de la cuarentena. El “enemigo silencioso” puede poner en jaque al sistema de salud y a la economía en un abrir y cerrar de ojos.

Por ello, necesitamos de acciones de política pública, desde el Ejecutivo y el Legislativo, coordinadas con la iniciativa privada, que contribuyan a que las personas cuenten con las posibilidades y condiciones para cumplir con las medidas de la cuarentana.

No se trata de imponer un criterio sobre el otro, es decir la salud sobre la economía o viceversa, sino en conciliar ambos aspectos para reducir la velocidad y el número de contagios simultáneos. En las decisiones debe anteponerse la salud de las personas con principios de solidaridad y bien común.

No obstante, en medio de este complejo contexto, la mejor decisión que podemos tomar es quedarnos en casa. Seguir las recomendaciones que se han brindado y evitar salir innecesariamente a crear condiciones para que el virus se contagie con más rapidez y facilidad.

La semana pasada sentí que como país estábamos, en una buena medida, cumpliendo con el propósito de la cuarentena. Sin embargo, en esta semana como que “perdimos el miedo” y decidimos “regresar a la normalidad”. No juguemos con nuestra salud.

España e Italia son dos casos en los que muchas personas no atendieron las medidas de asilamiento y distanciamiento social. Ahora, triste y lamentablemente, están pagando las consecuencias.

Repito: Quédate en casa. Si recibiste este periódico y leíste esta columna, dime: ¿Por qué saliste de casa? ¿Era necesario e indispensable?