El coronavirus nos pone frente al espejo

Las dinámicas políticas, sociales y económicas en el país están determinadas por la crisis mundial del coronavirus (Covid-19), que vino a modificar lo cotidiano, la vida normal, el día a día.

En alguna medida, estamos viviendo de manera insospechada las tenebrosas escenas de las películas y los desoladores relatos de escritos que narran las nefastas secuelas de las epidemias.

Las calles desoladas, comercios cerrados, autoridades en alerta tomando medidas drásticas y restrictivas –pero muy necesarias–, y la población a la expectativa de las noticias y de las redes sociales.

Sin duda, esta crisis nos pone como sociedad al espejo. Nos desnuda y hace que nos percatemos de nuestros problemas estructurales. Una sociedad construida sobre la exclusión y la desigualdad.

Entre muchas cosas, por un lado, nos hace ver la necesidad de construir una institucionalidad pública orientada a la persona, con capacidad para actuar en diferentes planos. Lo hemos hablado hasta el cansancio.

Necesitamos, en este momento, por ejemplo, un sistema de salud que pueda responder a este tipo de pandemia.

No lo tenemos y no lo podemos construir de inmediato, pero lo que no puede suceder es que, una vez pase la crisis, nos acomodemos y no le pongamos atención a impulsar las reformas necesarias para diseñar ese sistema de salud. Muchas veces, con mucha sabiduría, argumentan que las crisis son oportunidades y que de ellas se puede aprender y construir.

Ese principio de revisar, aprender y construir de la crisis aplica no solo para el sistema de salud, sino para otras áreas de la vida en sociedad, en la que debemos poner en primer lugar la dignidad humana y la persona, en el marco del bien común, para construir un país más democrático, justo y solidario.

Por otro lado, en el espejo vemos el rostro de una Guatemala solidaria y humana que tanto nos caracteriza. Llena de muchas personas que en medio de la crisis y la adversidad estamos dispuestas a ayudar a los que la necesitan.

Una larga lista de ejemplos certifica que somos un país con un corazón bondadoso dispuesto a dar la mano y a poner el hombro cuando las circunstancias lo requieren.

No podemos dejar, por un lado, el humor que nos caracteriza y que se hace presente en la adversidad. Cómo dirían por ahí, le vemos el lado bueno a las cosas y nos reímos, alimentando el alma y el espíritu.

Las semanas que vienen nos pondrán a prueba porque será un período muy duro para el país. Me gustaría escribir líneas esperanzadoras que le den un poco de paz y de tranquilidad a usted, que está leyendo, pero lamento, al menos en esta ocasión, decepcionarle.

Ojalá esté equivocado, pero en estas circunstancias es mejor prepararnos, tomar las medidas de prevención y seguir las indicaciones de las autoridades, no olvidando a los que están más desprotegidos y en una posición de mayor riesgo.

Los múltiples llamados de las autoridades a guardar la calma y a respetar las medidas preventivas implementadas, así como a sumarnos de manera colectiva con un espíritu de unidad nacional, desde nuestros espacios y ámbitos de acción, deben ser los motores para empujar las acciones para afrontar de mejor manera esta pandemia.

En síntesis, las autoridades están haciendo lo que les toca con brindar las prevenciones y recomendaciones del caso. Es responsabilidad de cada uno tomar en serio esto que estamos viviendo en esta crisis. ¡Pilas, muchá! Que de esta vamos a salir.

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