Así como los migrantes

“Yo no le pido imposibles al doctor Giammattei. Basta con que trabaje de sol a sol para que quienes dependen de sus ejecutorias no sufran el colapso del hambre. Así como los migrantes”.

No le pido imposibles al doctor Alejandro Giammattei. No es sensato pretender que lo resuelva todo en cuatro años. Pero sí considero factible que se la juegue por el país. Y que no sucumba fácilmente a las tentaciones para consolidar la hoy lacerante captura del Estado. Pienso que, si quiere salir airoso, le convendría imaginar la travesía de un migrante y basarse en ese heroísmo para ejercer su mandato. La comparación es válida. E inspiradora. Alguien que decide marcharse hacia Estados Unidos lo hace porque la necesidad le aprieta tanto que prefiere separarse de su familia antes de que sus hijos colapsen de hambre. Y así, arriesgándose a los peores vejámenes y a los más enconados peligros, se lanza a desafiar maras, ríos, desiertos, autoridades y delincuentes con tal de alcanzar su objetivo. Eso se parece mucho a la silla de la primera magistratura de la nación. Las similitudes son obvias: A lo que debe enfrentarse un presidente es a mafias, financistas, grupos de presión, trampas, diputados, traiciones y herencias ponzoñosas. Pero ya ahí, la oportunidad está abierta para pasar a la historia.

“Yo no le pido imposibles al doctor Giammattei. Basta con que trabaje de sol a sol para que quienes dependen de sus ejecutorias no sufran el colapso del hambre. Así como los migrantes”.

Aunque en el intento se tropiece en las inevitables equivocaciones y tenga que levantarse de sus propios errores. El doctor Giammattei sabe a lo que se mete. Lleva años luchando por llegar al puesto. Y como lo escribió con suma lucidez José Rubén Zamora, pese a que no haya podido librarse de compañías  indeseables en el camino hacia el poder, su personalidad y el hogar en el que fue criado dan suficiente como para esperar que nos brinde una agradable sorpresa. No milagros. Ni prodigios. Ni émulos de Batman. Basta con que la decencia sea la brújula de su criterio. Es decir, que cuando el Norte nos venga a humillar, a él no le venga del norte esa humillación. Y que jamás se olvide de que “el sur también existe”, o de que el Oriente es el Este y el Oeste es Occidente. Así de claro.

Como los migrantes, Giammattei debe trabajar de sol a sol para que quienes dependen de sus ejecutorias no sufran desamparo ni descalabros. Y retar a un sistema de crueles inercias en el que reina la corrupción más vil. Una corrupción que suele acuerparse por una codicia criminal,  así como por un descarado desdén por los débiles.

Días atrás, en A Primera Hora de Emisoras Unidas se abrió micrófono para que los oyentes pusieran sus ideas a circular y que estas le llegaran directamente al doctor Giammattei. Resultó una afortunada casualidad que la propuesta planteada por un guatemalteco que se comunicó desde Houston coincidiera con una iniciativa del mandatario. Se trata de un “seguro para migrantes”, el cual, en palabras técnicas, se estructuraría alrededor del pago a distancia del programa de Invalidez, Vejez y Sobrevivencia (IVS), del IGSS, para quienes laboren en un país lejano. A eso, Pancho García, experto en ideas y creatividad, le llama “inteligencia popular”, y la ve como una invaluable fuente de conocimiento y sabiduría que puede ser muy bien aprovechada por el gobernante.

Sin las remesas, Guatemala ya sería Haití. Y sin la gente que todavía lucha por un verdadero Estado de derecho y una institucionalidad sana, no podríamos soñar con un país capaz de sobrevivir a sus catástrofes atávicas, casi todas originadas en la voracidad rapaz de los que detentan el poder de pésima manera.

Los migrantes indocumentados viven, a diario, la persecución de un sistema que, además de estigmatizarlos, también los explota. Y sin embargo, nunca se rinden. Incluso después de que la deportación les gana la batalla siguen dando la cara, algunos con la temeraria osadía de intentar otra vez el regreso a Estados Unidos.

Que el nuevo presidente se vea en ese ejemplo. Y que lo siga al pie de la letra, en la medida del sagaz e inteligente manejo político. El paquete que recibe es un país polarizado y enfermo, lo cual no es ganga. Abundarán aquellos mediocres que a todo le digan “sí”.  Pero es bueno que recuerde la máxima de Aristóteles: “Los tiranos se rodean de hombres malos porque les gusta ser adulados y ningún hombre de espíritu elevado les adulará”. Espero que él lo tenga en cuenta en su relación con el entorno.

Yo no le pido imposibles al doctor Giammattei. Ni milagros. Ni émulos de Batman. Basta con que la ética sea la brújula de su corazón. Basta con que trabaje de sol a sol para que quienes dependen de sus ejecutorias no sufran el colapso del hambre. Así como los migrantes.

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