Agenda de reforma y modernización del TSE

Estamos a pocos días de cerrar un año políticamente complejo. Los convivios, las reuniones con familiares y amigos para celebrar la Navidad y el Año Nuevo serán los espacios en los que prevalecerá la alegría, la armonía y la paz.

Por otro lado, también es una época muy propicia para reflexionar sobre las cosas que se hicieron a lo largo de este año, hacer un balance e identificar las áreas y las cosas en las que debemos mejorar. Aquellas que tenemos que repetir y las que tenemos que cambiar.

El ejercicio de evaluación es relativamente fácil cuando uno lo aplica a la vida personal. En algunos casos esto se realiza simplemente cotejando la lista de objetivos y metas que nos planteamos a inicio de año con la lista de las cosas que logramos hacer. Dependerá de la disposición y la capacidad de autocrítica de cada una de las personas para que este ejercicio sea más o menos productivo.

Lo complejo de estas evaluaciones de fin de año es cuando se hace con la política y el país, particularmente con las dinámicas políticas que prevalecieron en este periodo en Guatemala.

La intensidad en la arena política estuvo marcada principalmente por la crisis política, derivada de las acciones alrededor de la estrategia para sacar a la CICIG, la incertidumbre del proceso electoral y las crisis derivadas de estos dos procesos. El año político desde mi perspectiva está marcada, prioritariamente por estos factores.

En otra oportunidad compartiré con usted algunas reflexiones sobre el balance de lo que ganamos y perdimos como país.

No obstante, hoy quiero conversar sobre lo que considero que termina siendo uno de los principales retos que nos deja esta convulsa y bastante atropellada dinámica política: La necesidad de impulsar un proceso de modernización y reforma de nuestro órgano electoral. Varios columnistas y en espacios de discusión política, que cada vez son menos, se abordarán otros aspectos que probablemente a usted le interesarán.

No está de más recordar que el período de más de 30 años de democracia, que termina siendo el más largo registrado en nuestra historia política, luego de los 10 años de la revolución del 44 al 54, es de entrada un logro importante para nuestro país.

Mal que bien hemos logrado instalar una democracia electoral que ha permitido la renovación democrática de las autoridades en los organismos del Estado. Hemos dejado atrás los rompimientos constitucionales, las dictaduras militares y la represión política.

Para muchos, que no valoran lo que es la democracia y que ven el vaso medio lleno y no medio vacío, menosprecian lo que hemos construido. Estoy consciente que no es lo mejor, que tenemos muchas cosas que mejorar, pero que esencialmente tenemos que dar el salto cualitativo en calidad para transitar de la democracia electoral y procedimental a una democracia plena.

La dinámica del proceso electoral y las principales características que adquirió dan motivos suficientes para insistir en que el Tribunal Supremo Electoral –TSE– debe ser objeto de una profunda modernización y reforma.

El buen desempeño y funcionamiento del órgano electoral es una pieza clave para la consolidación del sistema democrático.

El próximo año hay tres ventanas de oportunidad para hacer avanzar una agenda en este sentido. La primera es la finalización del trabajo de la Comisión de Modernización y Actualización Electoral –CAME–, la segunda es la elección de los nuevos magistrados del TSE y por último, una eventual discusión de una reforma electoral en el Congreso de la República.

Son tres oportunidades que tenemos como país para fijar una agenda de reforma y modernización de nuestro órgano electoral. Esto es necesario, urgente e imprescindible. ¿Qué opina usted?

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