Un país de oportunidades

Un país de oportunidades

El proceso de transición continúa. Esta semana se realizaron varios actos públicos que muestran las acciones que están ejecutando las autoridades tanto salientes como entrantes. En diversos espacios se ha mencionado que esta puede ser una ventana de oportunidad para discutir y establecer prioridades de acción en políticas públicas.

En este sentido, comparto con ustedes algunos aspectos que pueden ayudar a orientar la discusión sobre medidas que se pueden adoptar en educación extraescolar.

La atención de niños en sobreedad, jóvenes y adultos, está a cargo de la Dirección General de Educación Extra Escolar (Digex) del Ministerio de Educación. Estamos hablando de la educación alternativa que se enmarca en las corrientes contemporáneas de educación no formal, educación para el trabajo; asimismo, de emprendimiento, educación popular y otras tendencias con características similares que las diferencia de la educación escolar formal.

Es decir, es la esfera de acción pública encargada de atender a todos aquellos que, por diversas razones, quedaron fuera del sistema de educación. En el país se estima que alrededor de más de un millón de jóvenes y niños en sobreedad se encuentran en esa situación y no son atendidos por ningún programa.

El futuro de estas personas está comprometido si no se encuentran soluciones públicas y privadas que articulen esfuerzos para crear condiciones favorables para promover no solo la educación, sino también la generación e incorporación a un empleo digno y formal.

Por ello, hay que fortalecer el sistema de educación extraescolar o alternativa para brindar a todas estas personas una oportunidad de formación integral que les permita enfrentar los desafíos de la actualidad.

La Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asíes), en la propuesta “Educación extraescolar para alcanzar a más jóvenes”, presenta una serie de recomendaciones para fortalecer este sistema y brindar oportunidades a los que en este momento no la tienen y que encuentran cobijo o esperanza, por ejemplo, en la riesgosa migración, por no mencionar otras áreas más problemáticas.

Asíes recomienda formular políticas que consideren o tomen como base las evidencias que nos brindan los resultados de experiencias tanto nacionales como internacionales.

Nunca está de más voltear a ver que se ha hecho en otras latitudes del mundo para identificar qué podemos aprender e implementar en el país. No es salir a buscar la receta mágica, sino aprender de otros.

Por otro lado, también se enfatiza en la necesidad de vincular y desarrollar las políticas de educación extraescolar o alternativa con políticas intersectoriales e interinstitucionales, adecuadas al contexto y las necesidades de los participantes implementando metodologías participativas, dialógicas, innovadoras, susceptibles al cambio, que respondan a esa diversidad de la población necesitada de este tipo de intervenciones. Hay que romper el paradigma centralizado del diseño e implementación de políticas públicas.

Estas acciones deben ir acompañadas de un programa que permita preparar a los docentes como tutores, mediadores, instructores, promotores y acompañantes de los procesos de aprendizaje. Diseñar y producir materiales educativos y aprovechar las fuentes innovadoras de los recursos educativos que dan las condiciones del mundo moderno e interconectado.

Estas son algunas de las recomendaciones que coloco sobre la mesa para alimentar la discusión en este proceso de transición. Hay una ventana de oportunidad en el cambio de autoridades.

El país necesita retomar energías, recuperar la esperanza y empezar a construir soluciones para atender los diferentes problemas que enfrentamos. La educación es un pilar fundamental para impulsar el desarrollo humano integral. Construyamos una Guatemala de oportunidades. ¿Qué opina usted?