¿Cómo alcanzar acuerdos?

¿Cómo alcanzar acuerdos?

¿Por dónde empezar? ¿Cuáles deben ser las prioridades? ¿Cuáles acciones impulsar desde el Ejecutivo? ¿Cuáles son los tres aspectos “torales” de la agenda legislativa? En alguna medida, una de las dificultades políticas que enfrentamos es, precisamente, cómo alcanzar acuerdos.

Para muchos actores políticos y ciudadanos, esto resulta incomprensible frente a la realidad que vivimos con la desnutrición crónica, el analfabetismo y la precariedad en la que se encuentran los servicios públicos esenciales, entre otros problemas que están ahí. Los sufrimos todos los días, pero aparentemente no hay vías ni oportunidades para alcanzar acuerdos, definir una ruta de acción pública y que sean acciones prioritarias de Estado.

No debería ser complicado. “¿Quién en su sano juicio se opone a las acciones para atender la desnutrición?”, argumentan muchos actores. La respuesta parece obvia.

Este tipo de problemas, no solo por las implicaciones sino también por la magnitud e importancia, debería tener la suficiente capacidad para aglutinar, sumar y articular esfuerzos desde muchos espacios, no solo los públicos, sino también desde lo privado.

Así podemos hacer el ejercicio con muchísimos problemas y sin temor a equivocarme, con mucha probabilidad, llegamos al mismo resultado: No hay acuerdos, no se hace nada y todo sigue igual (bueno, la verdad es que empeora la situación). Por eso, el problema político a resolver como país, porque no solo es responsabilidad de las autoridades electas al Ejecutivo o de los diputados reelectos o los que llegarán por primera ocasión al Congreso, es alcanzar acuerdos.

Salir del círculo vicioso de los desacuerdos y la inacción. Ese es el objetivo. El momento político requiere de acuerdos mínimos que permitan recuperar el norte y la dirección, de lo contrario seguiremos profundizando los problemas que enfrentamos y nunca vamos a llegar a ningún lado.

Las dudas en los espacios políticos en donde se quieren tomar las decisiones siempre rondan alrededor de aspectos que están relacionados con definir una estrategia de gestión política. No intentemos descubrir el “agua azucarada”.

Las experiencias en otras circunstancias de la historia, en el país y en otras latitudes, demuestran que este tipo de procesos necesitan de una estrategia que defina objetivos, que aglutine intereses y establezca una ruta de acción. No se resuelven todos los problemas, no son efectivas de la noche a la mañana, requieren de esfuerzos persistentes y de muchísima voluntad (de todo tipo, no solo de la política), pero si se tiene bien definido el rumbo que se quiere tomar, los resultados se van alcanzando en el camino.

Necesitamos espacios que permitan articular esfuerzos con actores diversos. Hablando de las operaciones de aritmética básica, el objetivo es sumar y multiplicar, no dividir ni mucho menos restar.

Los problemas, en alguna medida, ya están bastante estudiados e identificados. En unas líneas arriba identifiqué algunos, pero estoy seguro que usted puede incluir muchos más.

Necesitamos romper con este dañino y perverso clima de desconfianza, reducir la apatía política y despertar la esperanza. No estoy hablando de mensajes románticos y poéticos. No, por favor; estoy hablando de una oportunidad que tenemos en nuestras manos y ojalá no la perdamos.

Un momento que puede ser aprovechado por actores políticos, económicos y sociales para definir una ruta y agenda mínima (básica, si así la quiere llamar usted) que defina no solo los problemas, sino las soluciones y acciones que se tomarán al respecto. Esto no se construye de la noche a la mañana ni por generación espontánea, se requiere de una estrategia de gestión política. ¿Qué opina usted?