Nada surge de la nada

“Necesitamos recuperar los espacios públicos y políticos. Resignificar el ejercicio de la política para impulsar una política de principios, valores, programas y proyectos. Dejar por un lado la política de los negocios, las transas y la corrupción”.

Nada surge de la nada

¿Está insatisfecho con la política en el país? ¿Le atormentan los problemas que tenemos en la ciudad? ¿Qué opina de la inseguridad o del tráfico? ¿Qué piensa de la situación en la que se encuentran los hospitales públicos o las escuelas? Sin temor a equivocarme, pero con mucha probabilidad, las respuestas que usted daría a cada una de estas preguntas, y a muchas otras que usted mismo podría formular, tendrían un tono negativo y crítica hacia la política y los políticos.

El problema surge cuando se buscan alternativas de solución a los problemas que enfrentamos como sociedad. Estamos cansados de que los políticos “tomen” las instituciones públicas y en lugar de atender las demandas y necesidades de la población se dediquen a tejer complejas estructuras que se benefician a sí mismas, dejando las prioridades de país en el olvido.

Por ello, la frase “nada surge de la nada”, que se le atribuye al filósofo griego Parménides, nos pone a reflexionar sobre la idea de que somos parte de la solución a los problemas. Quedarnos de brazos cruzados no es una opción ya que nos pone frente al cuestionamiento: ¿Qué estamos haciendo para cambiar las cosas? ¿Solo criticar?

“Necesitamos recuperar los espacios públicos y políticos. Resignificar el ejercicio de la política para impulsar una política de principios, valores, programas y proyectos. Dejar por un lado la política de los negocios, las transas y la corrupción”.

La indiferencia, la impotencia, el desgano y la decepción terminan de pesar cuando se reflexiona sobre los espacios de incidencia y acción que tendríamos para participar e intentar solucionar los problemas públicos. Desde luego, las prácticas y dinámicas en un sistema de partidos políticos clientelar, corrupto y contaminado por los vicios de una democracia enferma, terminan desanimando y enterrando las esperanzas en el cementerio de sueños, ideas y proyectos.

Esta crisis de participación y representación política se soluciona por la vía política. Es decir, la medicina es recuperar los espacios públicos y resignificar el ejercicio político en su más amplia dimensión, no solo en lo partidario. Recuperar la esencia de la participación e involucramiento del ciudadano en los asuntos públicos, en todos aquellos que nos afectan y que tienen solución a través de una acción de las instituciones públicas.

Sin darle más vueltas al asunto y sin el ánimo de parecer simplista y reduccionista, o menos llegar a decir lo obvio, la solución a los problemas políticos e institucionales que enfrentamos en el país es la participación política. Es la solución para construir una Guatemala distinta a la que tenemos. Involucrarnos y ser parte del cambio. La frase puede parecer anuncio publicitario o mensaje motivacional, sin mucho contenido ni sustento, pero, al contrario, plantea un profundo y serio desafío para nosotros, los ciudadanos, que soñamos con un país justo, humano y desarrollado.

En el momento en que identifiquemos el problema, analicemos cómo nos afecta, y además nos veamos como parte de la solución, daremos un paso importante para cambiar el país. Romper la apatía, el desgano y la indiferencia. Que gane la esperanza y el deseo de construir, block tras block, una Guatemala diferente.

Necesitamos recuperar los espacios públicos y políticos. Resignificar el ejercicio de la política para impulsar una política de principios, valores, programas y proyectos. Dejar por un lado la política de los negocios, las transas y la corrupción.

Estamos en la antesala del proceso electoral en el que elegiremos a alcaldes, diputados, presidente y vicepresidente; esto puede ser una oportunidad para renovar a la clase política, y elegir a personas que se preocupen por atender las demandas y necesidades de la población, y no que estén preocupadas en llenarse los bolsillos de dinero. Las soluciones a los problemas del país no surgirán de la nada. Necesitamos trabajar en ellas e impulsarlas políticamente. ¿Está dispuesto a construir una Guatemala distinta? ¿Se anima a participar en política? ¿Nos quedamos indiferentes y de brazos cruzados?