Para mi querido ingeniero Eddy Sánchez

“Es fundamental reconocer su labor y aprovecharla como un punto de partida para construir el perfil del servidor público que tanta falta nos hace”.

Para mi querido ingeniero Eddy Sánchez

Yo quisiera más funcionarios como el ingeniero Eddy Sánchez. Es decir: Institucionales, técnicos y de carrera. Gente que no aparezca de la nada al capricho del gobierno de turno. Gente capaz. Gente que inspire confianza. El Insivumeh, que dispone de varios especialistas de calidad, contó durante más de 40 años con su certero liderazgo. Desde que me acuerdo, en cada temblor o en cada temporal, la voz pausada y clara de don Eddy devolvía la calma. No era solamente por su talento mediático, sino sobre todo por la serena entereza con la que solía enfrentar la enorme responsabilidad de hablarle al país en los episodios más tensos. Supo desempeñar su oficio y su papel con una elegancia poco común para nuestro entorno.

Don Eddie jamás dejó de contestar una llamada telefónica de los medios de comunicación. Se multiplicaba admirablemente para atendernos a todos. Recuerdo las innumerables veces en que hablamos al aire. No importaba la hora. O si era día festivo. O si él se encontraba en alguna celebración familiar. Indefectiblemente cumplía con su deber. Era cauto para proporcionar los datos. No alarmaba. Pero si la situación sugería algún riesgo, era categórico cuando daba declaraciones. A lo que añadía un fino y oportuno sentido del humor.

Más allá de sus méritos, don Eddy no es de los que pierden el piso por ser una celebridad local. Eso lo engrandece y lo acerca. Porque la humildad es una virtud que no puede improvisarse. Me pregunto con qué clase de “personajes” se habrá tenido que cruzar durante sus casi cinco décadas de trabajo. Seguro hubo ministros que envidiaban el cariño y el respeto con los que la prensa y la población lo trataban. Revisando los nombres de quienes han pasado por la cartera de Comunicaciones desde los años 70, no dudo de los aprietos que el ingeniero Sánchez tuvo que sortear para que las fauces de la podredumbre reinante no lo devoraran. He ahí parte esencial de su valor.

“Es fundamental reconocer su labor y aprovecharla como un punto de partida para construir el perfil del servidor público que tanta falta nos hace”.

Su trayectoria es un ejemplo para el servicio civil en Guatemala. Por ello, aunque lo extrañaremos cuando las consultas por algún exceso de lluvia se vuelvan urgentes, estoy convencido de que quien lo sustituya sabrá mantener la línea que don Eddy fundó con su tan conocido don de gentes. Es fundamental reconocer su labor y aprovecharla como un punto de partida para construir el perfil del servidor público que tanta falta nos hace. No podemos seguir aceptando el clientelismo mediocre que pretende imponer cada nuevo mandamás cuando llega al poder. Los nombramientos “a dedo” son la representación cínica y turbia del botín político. ¿Cuántas plazas fantasma tendrá en sus nóminas esta administración? ¿Qué cantidad de puestos serán ocupados por amiguetes del gobernante, que no reúnen ni por asomo las calidades profesionales o éticas para desempeñarse? Basta con prestar la mínima atención para darse cuenta de que, salvo algunas excepciones, quienes integran el equipo que acompaña al actual presidente son impresentables. El año entrante los veremos en la campaña, como ya los vemos hoy en el Congreso, dándole la espalda al país en función de sus nefastos y mezquinos intereses.

El ingeniero Eddy Sánchez es totalmente opuesto a ellos, entre otras razones, porque es un hombre proclive a inspirar a otros. Y además es un caballero.

Como vecino distinguido del Cerrito del Carmen, cada vez que habla de su esposa lo hace con una ternura tan diáfana, que en muy pocas palabras alcanza a narrar una gran historia de amor. Y eso también lo enaltece.

Me alegra mucho escribir este artículo. Es gratificante referirse a alguien en términos de elogio y de reconocimiento. El estado del tiempo no lo permite tan a menudo en los días actuales. Y el pronóstico augura tormentas en el horizonte. Pero del encomio paso a algo igualmente importante: el agradecimiento. Así, con las palabras más directas, le doy las gracias a don Eddy por todos estos años en que, sin importar la hora o las circunstancias, siempre contestó el teléfono para conversar conmigo al aire y apoyar con sus respuestas la labor periodística. Los temblores y los temporales no serán lo mismo sin su voz. Espero que ahora, con más tardes a su disposición, me invite a tomar café a su casa del Callejón del Judío. Llueve, truene o relampagueé, me dará gusto conversar con él. Prometo llevar un tsunami de champurradas.