Colección de miniaturas

“No es lo mismo estar de vigilia que estar vigilante”.

Colección de miniaturas

EL OREJA. Soñé con un personaje horrible que me perseguía. Estaba espiándome. Y hasta lanzó sobre mí una amenaza directa. Grabé su horrenda cara en mi memoria y decidí que los cuatro vientos sabrán de él. Será la indefensa manera de defenderme de quienes defienden lo indefendible.

SIN CITY GUATEMALA. Luego de ver a un abyecto funcionario haciendo alarde de sus posesiones, una talentosa joven voz me dijo: “En la corrupción de aquí, la gula no es un pecado capital; es un mandamiento”.  A lo que contesté: “Y defendida en nombre de Dios es repugnante”. El buffet está servido. Sigue ahí. Los comensales de la mesa principal no se hartan de seguir hartándose. Da asco verlos empacharse. No tienen clase. Los platos atiborrados los delatan. Como siempre.

RULETA DE INMORALES. Sale a la charla el verbo “jugar”. Mientras miles y miles se la juegan de frontera en frontera, unos pocos despiadados juegan con ellos, sin fronteras que los diferencien. Tal vez la única gran victoria de esos tenaces migrantes sea “desfronterarse”, muy a pesar de los “fronterizos” que los gobiernan.

ASÍ DE SIMPLE. Los pueblos deben poner los pies en la tierra. Pero jamás las rodillas.

EL SEGUNDERO QUE VA PRIMERO. Para hacer feliz a la familia: tiempo. Para alcanzar las metas: tiempo. Para dormir y descansar: tiempo. Para apostar por políticas públicas efectivas: tiempo. Para perfeccionar la obra maestra: tiempo. Para no perder la vida: tiempo. 

EL LÍQUIDO VITAL. El agua, de por sí poética, es una metáfora profunda de la transparencia. Sin ella, no hay vida posible en ningún planeta, incluido el nuestro. Basta con una tenue lluvia para que los campos exhiban la floritura de su verbo verde. Suave como es, dícese que el agua ablanda hasta a las piedras. Y cuando se pone dura, hunde los barcos más petulantes de su época. El Titaniclo sabe.

QUIEREN SER COMO ELLOS. Nunca he sido partidario de las “bandas tributo”. Esos Beatles que no son los Beatles, aunque se vistan como ellos e interpreten sus canciones con cierta exactitud, me entristecen mucho en su intento. Pero existe otra modalidad incluso más detestable. Me refiero a los “gobiernos tributo”. Esos que se multiplican por estos días en sus diversas y deprimentes modalidades, sin vergüenza ni recato. Son patéticos. Y suelen copiarle lo peor a sus referentes maléficos. Algunos gritan y se vanaglorian de sus patanerías y hasta proclaman que han engañado al fisco. Otros se visten de militares. Hay uno que hasta supera en violencia al que él mismo ayudó a deponer, cuando en aquellos tiempos fingía cara de revolucionario. Todos ellos dicen que la prensa crítica miente. Todos son adictos a los lambiscones. Todos son nefastos para la historia. En tal sentido, me quedo con las “bandas tributo”, porque al final, imitan sin esconderlo y son más auténticas en su falsedad. Los “gobiernos tributo”, en cambio, solo alcanzan a ser una caricatura obsoleta de lo que tratan de emular y, cuando sacan las uñas, se vuelven la crónica de una tragedia anunciada.

NO LO DUDARÍA. Stefan Zweig fue un incansable viajero de la pluma. Espléndido escritor. Uno de sus libros, “Momentos estelares de la humanidad”, es una serie de miniaturas de colección, más que una colección de miniaturas. Agobiado por lo que él consideró una inminente victoria de Hitler a la mitad de la Segunda Guerra Mundial, decidió quitarse la vida al lado de su esposa en 1942. Lo hizo en Petrópolis, Brasil. Lo recordé mucho el pasado domingo cuando Bolsonaro ganó la segunda vuelta en esa sombría samba de sufragios, producto del odio que inspiró una izquierda corrupta. El gran Stefan habría vuelto a tomar veneno con esos resultados electorales. O tal vez lo hubiese hecho antes. La especie humana, cuando decepciona, es letal.

DE LO MALO, LO MÁS FALLIDO. Ser el peor entre los peores es incluso peor, cuando ha sido inmejorable la fuerza en él invertida, para que fuera el mejor entre los mejorados a la fuerza.

APLICACIÓN DE UN ENIGMA. Anoche soñé que Naomi Watts me enviaba una foto suya por WhatsApp. Sus ojos me retaban a verla fijamente. No vacilé en hacerlo. Había un par de trivias en sus pupilas. Me las disfruté. No porque supiera las respuestas, sino por el misterio que me propusieron. Naomi Watts es una estupenda actriz. Quiero dirigir su próxima película. Preferiría no hacerlo por WhatsApp.

CUANDO DIFIEREN LAS DIFERENCIAS. No es lo mismo estar de vigilia que estar vigilante. Tampoco es igual una observación que una observancia ni la vaguedad que la vagancia. Muy similar ocurre en los casos de constatación y constancia, o de arrogación y arrogancia. En síntesis, poder pincharle una vena a un moribundo cualquiera no se asemeja en nada a tener el poder de pincharle una llamada a cualquier mortal.

CONVIENE SABERLO. Gastar cielo hace inútiles las alas.