El círculo vicioso del financiamiento partidario

"La crisis puede ser una oportunidad. Yo confío en que tendremos la madurez y la claridad política para salir adelante".

El círculo vicioso del financiamiento partidario

El financiamiento electoral ilícito a los partidos políticos ha carcomido el sistema partidario en el país. Las prácticas nocivas que han prevalecido para financiar las actividades ordinarias y electorales de las organizaciones partidarias permiten que los financistas tengan el control y capturen a las instituciones políticas, debilitando significativamente la autonomía e independencia de los políticos frente a los grandes financistas.

Los partidos y los financistas están acostumbrados, porque es lo “normal”, a no presentar pública y transparentemente los nombres de las personas que aportan recursos y la cantidad que dan a las organizaciones políticas. Estas prácticas ilegales debilitan la transparencia y publicidad del sistema partidario.

La crisis puede ser una oportunidad. Yo confío en que tendremos la madurez y la claridad política para salir adelante".

Hay muchos beneficios que los financistas pueden obtener al financiar a las organizaciones políticas. Van desde tener un canal y acceso directo a los tomadores de decisiones para tratar de influir en las cosas que pueden beneficiarles o afectarles. En otros casos, el interés de los financistas está en lograr obtener, mediante mecanismos de clientelismo y corrupción, acceso a los recursos públicos, entre otras malas prácticas que lo único que hacen es alimentar un círculo viciosos y perverso entre “financiamiento y política”.

Los partidos se convierten en vehículos electorales que buscan llegar al poder para satisfacer las necesidades y demandas de los financistas y no la de los electores que los eligieron y respaldaron a través del voto. Desnaturalizan la esencia del sistema democrático y debilitan a las instituciones.

Los partidos dejan de ser y cumplir las funciones que deben desempeñar en un sistema democrático. No son las instituciones que articulan, agregan y defienden intereses desde una perspectiva de proyecto político-ideológico. Al contrario, la ausencia de discusión política de los asuntos públicos hace que las organizaciones partidarias estén ausentes del debate nacional. Para muchos, los partidos son agencias para conseguir trabajos, privilegios y prebendas.

Las prácticas nocivas que han prevalecido para financiar las actividades ordinarias y electorales de las organizaciones partidarias permiten que los financistas tengan el control y capturen a las instituciones políticas".

No es posible que el país continúe con este círculo vicioso que tiene enfermo al sistema político. La democracia no se arraigará ni consolidará si no hay un cambio importante en la manera en que se están financiando a los partidos políticos. Esta es la principal reflexión que me queda luego de que el Ministerio Público –MP– y la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala –CICIG– presentaron la segunda fase de la investigación del caso sobre financiamiento electoral ilícito del partido oficial.

Los datos terminan de desbaratar la mentira que trataron de vender cuando argumentaron que Jimmy Morales llegó a la presidencia “sin aportes significativos de grandes financistas” y “ sin compromisos”, tratando de vender la idea de que se podía hacer una política distinta. Triste ver que el presidente Morales tuvo una oportunidad histórica y la desaprovechó. Usted juzgará las razones, pero simplemente no tuvo la capacidad para ver más allá y cayó en las mismas prácticas que han dañado al sistema.

Por otro lado, también el caso abre una ventana de oportunidad para que se promuevan cambios importantes en el país. Evitar, desde luego, que en el Congreso se reforme de manera mal intencionada el artículo de financiamiento electoral ilícito para esquivar responsabilidad y promover impunidad. Al contrario, los esfuerzos deben orientarse a fortalecer la unidad de control y fiscalización del Tribunal Supremo Electoral y la fiscalía de delitos electorales en el MP y de esa manera fortalecer el sistema de fiscalización y transparencia.

El debate debe estar orientado a establecer las medidas que podemos tomar para instaurar un sistema de financiamiento partidario que sea democrático, transparente y virtuoso para el sistema político. Hay que empezar a ver el futuro y soñar con un país distinto. La crisis puede ser una oportunidad. Yo confío en que tendremos la madurez y la claridad política para salir adelante.