Entre unos lentes de marca y Odebrecht

"La llegada del caso Odebrecht, tan temida por la clase política y tan esperada por quienes siguen de cerca los acontecimientos del país, no viene sino a confirmar lo que ya se sabía. Es la cooptación del Estado llevada a sus extremos más cínicos".

Entre unos lentes de marca y Odebrecht

Parece broma, pero no lo es. Resulta muy probable que el más contento de que haya estallado el caso Odebrecht sea el presidente Jimmy Morales. Con semejante escándalo en el torbellino mediático, las estrafalarias compras de la SAAS pasan, por el momento, a segundo plano. La reveladora investigación firmada por el periodista Luis Ángel Sas incluye datos como este: la adquisición de unas gafas para Morales, más reparaciones de otras, por Q67,897. Hasta ahora no he leído u oído declaraciones contundentes del portavoz presidencial acerca del tema. El mandatario habló ayer, pero no aclaró nada. Por ello, asumo que no habrá mayor explicación. Tampoco un descargo creíble. Menos aún la glosa detallada del porqué de esos derroches tan poco elegantes, sobre todo cuando se trata del presidente mejor pagado de América Latina. Mientras tanto, me he topado con cuatro diferentes actitudes respecto de esa noticia. Hay quienes se muestran indignados y molestos. La mayoría, he de decir. Son aquellos que rechazan que en un país donde la mitad de los niños sufre de desnutrición crónica, el jefe del Ejecutivo se dé esos lujos a expensas nuestras. También hay quienes lo ven como una broma más de mal gusto, de esas que suelen caricaturizar la administración pública, aquí y en otras partes del mundo. Y entonces se ríen de lo que consideran ridículo y fachoso. Pero igual lo rechazan, aunque no se lo tomen tan en serio. Existe un tercer grupo que lo ve como normal y que no le concede mayor importancia. “Todos lo han hecho”, dicen. Y creo que en eso no se equivocan. Sin embargo, no veo por dónde lo puedan justificar. Asimismo, están los que abiertamente defienden ese dispendio, es decir, los que se van del otro lado de la razón y sostienen que un presidente precisa de ese tipo de “atenciones”, por asuntos “de imagen”, o bien que la prensa hace un estruendo de lo que no pasa de ser un episodio “secundario”. Así de trastocados estamos. Paralelo a eso, la llegada del caso Odebrecht, tan temida por la clase política y tan esperada por quienes siguen de cerca los acontecimientos del país, no viene sino a confirmar lo que ya se sabía. Es la cooptación del Estado llevada a sus extremos más cínicos. No me extraña por ello que los celosos guardianes del status quo, cada vez más evidenciados en sus impúdicos tuits y en sus desfachatadas declaraciones, en vez de aplaudir este nuevo capítulo en el desmantelamiento de las redes criminales, lo que hagan sea vociferar que “¿para cuándo la UNE?”, “cortina de humo por lo del edificio del MP”, o “persecución selectiva”. Las frases son repetitivas y necias, por no decir desequilibradas. A propósito de eso, la fiscal general, Thelma Aldana, fue categórica por la radio con sus respuestas acerca de diversos temas que se utilizan para atacar su gestión. También lo fue para advertirle a los diputados y a sus financistas, así como a la mafia que circunda de mala manera los poderes de Guatemala, que de aquí al 15 de mayo, cuando entregue el cargo, habrá infinidad de mazasos contra el hampa. No será fácil, por supuesto. La resistencia a un régimen de legalidad está muy bien organizada y dispone de fondos ilimitados. Además, penosamente, hay ciertos “sabelotodos” entre quienes dicen respaldar la lucha contra la corrupción, que en vez de ayudar a la causa la desprestigian o la desgastan. Son gajes del oficio y no me parece nada nuevo bajo el sol. Lo que sí me anima es que el caso Odebrecht le devuelva el paso a una gesta en pro del cambio que estaba “de bajón” por el envalentonamiento desvergonzado de lo que ha dado en llamarse el “pacto de corruptos”. Quedan muchas jornadas todavía en las que habrá que defender lo andado. Y otras no menos arduas en las que seguir adelante será la única consigna viable, porque las conquistas ciudadanas solo se protegen cuando la gente se prohíbe los descuidos y la indolencia.

La llegada del caso Odebrecht, tan temida por la clase política y tan esperada por quienes siguen de cerca los acontecimientos del país, no viene sino a confirmar lo que ya se sabía. Es la cooptación del Estado llevada a sus extremos más cínicos".

Ligado con lo anterior, me permito formular cuatro preguntas antes de cerrar este artículo. La primera: ¿Le mortifica que la SAAS le compre al presidente lentes de marca por Q21,000 y que, entre reparaciones y otras adquisiciones similares, alcance la suma de Q67,897? La segunda: ¿Le parece tal cosa “una más de tantas” y termina riéndose de lo chusco del episodio? La tercera: ¿Lo considera “normal” porque “todos lo han hecho”? Y la cuarta: ¿Acaso lo defiende hasta las últimas consecuencias porque es “su presidente” y criticarlo conlleva, a su criterio, servirle a la extrema izquierda y a los conspiradores que pretenden dar un golpe de Estado? Por cierto: Si quiere escuchar de la voz de la fiscal general, Thelma Aldana, las respuestas acerca del edificio comprado por Q35 millones para el MP, así como su razonamiento por la designación de la esposa del ministro de Gobernación como su sucesora en caso de ausencia temporal, he aquí el vínculo: www.emisorasunidas.com. Le recomiendo comparar esa información con los datos malintencionados por los netcenters.