Opinión

Usted podría escuchar aplausos tronando por todos lados, je

"Bañarse de madrugada, con estos fríos y sin calentador, es de superhéroes (...) hay algunos que se bañan a guacalazos con agua serenada del tonel o de la pila, ¡Púchica muchá!".

Mis amigos, no cabe duda de que ahora sí estamos viviendo la tan esperada época del fin de año. Tránsito vehicular a toda hora, principalmente cerca de los centros comerciales, música navideña sonando por todos lados, personas yendo y viniendo, pago del aguinaldo para quienes disfrutan de ese derecho y, por supuesto, el gran protagonista de estos días: El frío intenso. Precisamente es sobre este que decidí escribir hoy.   ¿Por qué?, podrían preguntarme. Pues les responderé: ¡¡¡Por las levantadas de madrugada para ir a trabajar!!! Esto es palabra mayor, muchá.

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Bañarse de madrugada, con estos fríos y sin calentador, es de superhéroes (…) hay algunos que se bañan a guacalazos con agua serenada del tonel o de la pila, ¡Púchica muchá!".

En primer lugar, no sé a ciencia cierta qué es lo que le ocurre en realidad a nuestra cama, pero me da la impresión que por un hechizo mágico le hubiera salido velcro por la noche. Simplemente uno no se puede despegar de la bendita cama. Es imposible salir de entre las sábanas. Luego de contar como 20 veces “1, 2 y 3”, por fin logramos sentarnos y cuando ponemos nuestros tibios piecitos en el piso helado pegamos el grito. 

Pues les responderé: ¡¡¡Por las levantadas de madrugada para ir a trabajar!!! Esto es palabra mayor, muchá".

La reacción natural es encoger las piernas y volverse a meter debajo del poncho; sin embargo, tenemos que proseguir, puesto que si no vamos a trabajar no habrá para los tamalitos del 24. Luego, medio zombis, tiritando y con paso ligero, llegamos al baño y nos topamos con la taza del inodoro más helada que una lápida. ¡¡¡Horror!!! Hay incluso algunos que ni siquiera se sientan, wajajajajaja. Se hace lo que se tiene que hacer tipo Flash. Después viene la parte más crítica de todo este asunto: La bañada.  Como diría mi amigo de Los 3 Huitecos: “¡¡¡Ay Dio míooooooo!!!” Es una de las experiencias más traumatizantes que uno debe experimentar. Después de abrir la regadera, se va introduciendo un pie. Eso sí, dedo por dedo, jamás de un sopetón, después el resto del cuerpo. Lo que usualmente es un ritual que va los 10 hasta 25 minutos, se convierte en un acto veloz que no pasará de los 3.

Qué importa que nos quede shampoo en el pelo o jabón en las axilas. Hay que salir lo más pronto posible de debajo de la regadera. Y eso que estoy suponiendo que posee calentador.  ¿Y si no?  Conozco a muchos valientes que de verdad deberían formar parte de la Liga de la Justicia.   Bañarse de madrugada, con estos fríos y sin calentador, es de superhéroes, sin duda alguna. Incluso hay algunos que se bañan a guacalazos con agua serenada del tonel o de la pila.  Púchica muchá,   ¡¡¡mis respetos!!!   Luego la vestida, salir despepitados rumbo al trabajo y le apuesto que, cuando llega a la parada de la camioneta, todos los demás están azules como usted del frío. Si es un poquito observador se sorprenderá al ver que la mayoría tendrá los brazos entrecruzados y, aun así, usted podrá escuchar aplausos tronando por todos lados, je. Feliz frío muchá.   

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