¿Se acabaron el tiempo y la oportunidad?

"Lamentablemente los tiempos políticos se están cerrando y la dinámica de las fiestas de fin de año se apoderará de la agenda pública".

¿Se acabaron el tiempo y la oportunidad?

La discusión sobre la reforma a la Ley Electoral y de Partidos Políticos se han intensificado en la Comisión de Asuntos Electorales (CAE), en el Tribunal Supremo Electoral (TSE) y en diversos espacios de la sociedad civil. Hay un alto consenso entre los diversos actores en que es necesaria una nueva reforma. El problema está en definir qué tipo de reforma y  para que la deseamos. La idea no es reformar por el simple hecho de reformar. O cómo coloquialmente se dice, hacer que todo cambie, para que las cosas sigan igual.

Lamentablemente los tiempos políticos se están cerrando y la dinámica de las fiestas de fin de año se apoderará de la agenda pública".

La discusión no es fácil principalmente porque hay muchos actores que desean una reforma amplia, que abarque muchas dimensiones del sistema. Esta postura se entiende desde la perspectiva de la desilusión y el desencanto de la ciudadanía, que ve en los partidos políticos organizaciones que no representan sus intereses. Por el otro lado, existe una postura que promueve cambios puntuales y acotados, pero estratégicos, que nos hagan avanzar hacia un sistema más representativo y legítimo. La segunda postura puede ser la que encuentre más viabilidad política. Sin embargo, para ello se requiere de un horizonte claro y mucha voluntad política de todas las partes involucradas en la discusión.

Desde mi perspectiva, la reforma electoral debe, si lo pongo en dos platos, facilitar la participación política partidaria, ampliar la competencia electoral y mejorar la representatividad de los votantes. El interés por impulsar reformas en este sentido es promover una renovación política partidaria. Estos factores ayudarán a solucionar la crisis de representación y legitimidad que enfrenta el sistema político. Que la transformación del sistema político, que tanto necesita el país, inicie con democratizar y abrir el sistema, que en estos momentos es excluyente y centralizado.

Esto implicará impulsar un nuevo modelo de partido político, revisando los requisitos de organización para la creación de partidos políticos. Necesitamos que las personas con deseos de participar políticamente, tenga las condiciones y puedan sin entrar en el “círculo vicioso” de las reglas que define el sistema en la actualidad. Reglas que han producido partidos centralizados, excluyentes y poco institucionalizados, fundados en un régimen de financiamiento poco transparente que compromete el actuar de los partidos.

Necesitamos que las personas con deseos de participar políticamente, tenga las condiciones y puedan sin entrar en el “círculo vicioso” de las reglas que define el sistema en la actualidad".

Por otro lado, hay una fuerte demanda para permitir que los electores elijan en forma directa a los candidatos, evitando listados cerrados y bloqueados. Así como formando subdistritos en aquellos distritos electorales que elijan a muchos diputados. El objetivo al modificar estos dos aspectos del sistema electoral es lograr que el voto sea directo al candidato y que exista un mayor acercamiento entre los votantes y sus representantes.

Lamentablemente los tiempos políticos se están cerrando y la dinámica de las fiestas de fin de año se apoderará de la agenda pública, que entrará en un receso para ser tomada en enero próximo; con una nueva Junta Directiva en el Congreso y, con altas probabilidades, con una nueva configuración política partidista en la CAE. No obstante, este descanso puede ser un momento importante para que los actores políticos reflexionen sobre la urgencia e importancia de aprobar una reforma electoral acotada e integral. En la mesa quedará el dictamen que emita la CAE y el proyecto de reforma que presentó el TSE.

La pregunta del millón será: ¿Qué debemos aprobar? No nos perdamos. La clave está en cambiar la forma en que se postulan los candidatos y en cómo se elige a los diputados. Creo que aún tenemos tiempo y no hemos perdido la oportunidad. ¿Qué opina usted?