El reloj juega en contra nuestra

“Tranquiliza saber que el comisionado Iván Velásquez seguirá al frente de la CICIG hasta 2019. Pero también causa angustia”.

El reloj juega en contra nuestra

Tranquiliza saber que el comisionado Iván Velásquez seguirá al frente de la CICIG hasta 2019. Pero también causa angustia. Tranquiliza, porque sus resultados han sido determinantes para que Guatemala no se haya hundido totalmente en el Estado-mafia. No quiero imaginar cómo hubieran sido las pasadas elecciones sin las capturas y los escándalos que desembocaron en las jornadas de la plaza. Pero la buena noticia de la confirmación del comisionado Velásquez también implica angustia, porque 2019 está mucho más cerca de lo que parece. Dos años se van volando. Sobre todo cuando se trata de procesos de país que implican la persecución de poderosos otrora intocables. La resistencia es marcada. Quienes pierden privilegios, aunque se escondan detrás de testaferros, financian descaradamente las campañas de desprestigio que pretenden desmoralizar a los actores que promueven el cambio. Abundan los saboteadores del acuerdo y los vividores del desencuentro. Y lo hacen sin recato ni vergüenza. Lo cual evidencia lo que ya sabemos: nos cuesta horrores caminar como sociedad y entender el interés colectivo por encima del personal.

A lo que se suma que el reloj juega en contra nuestra. En mayo del año entrante habrá un nuevo Fiscal General. Y uno se pregunta: ¿A qué clase de jurista escogerá el presidente Jimmy Morales para que se haga cargo del Ministerio Público? ¿Con qué criterio hará esa selección? ¿Cómo se moverán las aguas subterráneas para influir en la lista final de aspirantes? No creo estarme adelantando más de la cuenta a los acontecimientos.

El peligro de retroceder existe. Confiarnos sería un error. Es preciso adquirir, con urgencia, la conciencia institucional. Esa que se orienta hacia la defensa de las continuidades positivas que consolidan los logros. Por eso, cuando oigo decir que “somos los guatemaltecos los que debemos ocuparnos de nuestros asuntos”, no me queda más que suscribir el comentario. Sin embargo, no veo que las energías de quienes más se afanan en proclamarlo se encaminen hacia ese objetivo. En algunos casos es todo lo contrario. Mientras los sectores diabólicos siguen atacando la depuración del sistema, la ciudadanía se cansa cada vez más de que la justicia no avance y de que los servicios básicos se caigan a pedazos. No es gracia lo de las carreteras intransitables. Tampoco lo de tantos otros problemas que van y vienen, como las carencias en los pasaportes, el correo, el DPI y las medicinas. Sobran los focos de ingobernabilidad y de crisis. La situación en los centros correccionales o en el Sistema Penitenciario siempre está al borde del colapso. Ello es altamente peligroso. Y lo es porque nadie cede. Y cuando nadie cede, la cuerda tiende a romperse de la peor manera. No hace falta ser genio para advertirlo. Se percibe una parálisis abúlica en el Ejecutivo. En el Congreso nada pareciera caminar si no hay quién pague para agilizar el recorrido. Los tribunales están abrumados de trabajo y de tanto litigio malicioso. Un movimiento ciudadano debilitado no podrá responder a los desafíos inminentes que se vienen en los próximos meses. Está claro que el liderazgo del que precisamos con urgencia no surgirá por arte de magia, por lo que habrá que echar mano de lo disponible. Es hora de ignorar los debates frívolos y baladíes, pese a que en estos días hasta lo que se ve trivial puede guardar un trasfondo inesperado.

Me preocupa que no concretemos una mediación efectiva para evitar que las toneladas de desinformación nos confundan tanto. Es alentador que el nominado embajador de los Estados Unidos, Luis Arreaga, provenga de la misma oficina que Todd Robinson. Pero es penoso que tal nombramiento sea tan fundamental en las esperanzas de mantener viva la lucha contra la impunidad. Iván Velásquez no será eterno. Tampoco Thelma Aldana.

Quedan aún múltiples batallas por librar. Innumerables. A lo mejor, hasta amargas. Por ello, resulta esencial mantener firme el paso. Y acelerarlo un poco, si posible. Dos años se van volando. Y, salvo que la actual titular del MP decida buscar la reelección (y el presidente Morales la escoja), en mayo de 2018 tendremos nuevo Fiscal General. No es poca cosa lo que está en riesgo. Es el país. Es el futuro. Confiarnos sería imperdonable. Si no consolidamos pronto una conciencia institucional y permitimos que el extremismo al servicio de la impunidad siga ganando espacios, la derrota será muy dolorosa. No lo olvidemos, por favor: por alarmista que parezca, el reloj juega en contra nuestra.