Las rutas de la renovación partidaria

El sistema de partidos políticos está enfrentando una devastadora crisis política. Las organizaciones políticas perdieron el norte, y lejos de ser instituciones para articular las demandas de la población o ser los espacios de participación democrática, derivaron en maquinarias electorales en donde importan únicamente los intereses personales y de los financistas, dejando por un lado los intereses de país.

Estamos a menos de dos años del próximo proceso electoral y el panorama, en medio de muchas dudas e incertidumbre, es desolador y desesperanzador. Los ciudadanos estamos esperando organizaciones y liderazgos que refresquen el escenario, y hasta el momento, estos actores no perfilan en el espectro político.

Por el contrario, varios partidos han reelecto en los órganos partidarios a liderazgos de larga tradición. Algunos de ellos, incluso se están perfilando como candidatos para las próximas elecciones. No creo que estas figuras partidarias tengan posibilidades electorales, ya que la ciudadanía está esperando nuevos líderes.

Estas condiciones plantean el problema de renovar los liderazgos partidarios de aquí al 2019, para tener una elección con nuevos actores. Si esto no sucede, la legitimidad y representatividad de los partidos, el proceso electoral y el sistema democrático estarán fuertemente cuestionada, así como en 2015.

Para lograr la ansiada renovación de liderazgos se perfilan las siguientes rutas: construir nuevas organizaciones políticas, generar coaliciones electorales entre los partidos vigentes y las nuevas expresiones políticas; y una reforma electoral que permita de manera rápida la inclusión de nuevos actores.

La ruta de crear nuevos partidos políticos y que estos puedan participar en el próximo proceso electoral tiene menos posibilidades de concretarse. Aunque hay varios esfuerzos, a estas alturas están contra el tiempo si no tienen un fuerte despliegue territorial, un intenso proceso de afiliación y una mínima estructura organizativa en todo el país. Estas iniciativas enfrentan serias dificultades para consolidarse y no estarán listas plenamente para participar en las próximas elecciones.

La ruta más probable es que los partidos existentes con aires renovadores formen alianzas con nuevos movimientos partidos, presentando caras nuevas en las listas de candidatos. Aquí habrá que valorar el costo político de presentar candidatos con la etiqueta de “nueva alternativa” en un “viejo vehículo”. Creo que la ciudadanía castigaría en las urnas este tipo de estrategias, porque existe mucha desconfianza hacia la clase política, y lo percibirán como una instrumentalización, y no como un proceso genuino de renovación.

La tercera es la reforma electoral acotada para abrir espacios de participación en los partidos y candidaturas. Las demandas son crear partidos departamentales, permitir candidaturas independientes, abrir las listas de candidatos, o modificar los distritos electorales. Está ruta pude consolidarse en un contexto de crisis política, con una eventual depuración del Congreso, pero que como condición para que la depuración sea efectiva, se exija una reforma electoral previa que permita elegir a las próximos diputados con un sistema diferente. Y también esta ruta podría darse, sin crisis política, pero con una fuerte exigencia para que estas medidas se apliquen en la elección de 2019. ¿Qué otras rutas podríamos explorar para renovar a liderazgos y candidatos? ¿Qué opina usted?