Aquí la corrupción ya no la va a tener tan fácil

“Que se siga haciendo sentir que Guatemala ya se cansó de tanto cinismo delictivo. Que no se permita a los de siempre que nos condenen al “nunca”. Hasta cierto punto, me causa gracia y regocijo que la temporada electoral no despegue”.

Aquí la corrupción ya no la va a tener tan fácil

La renuncia de Roxana Baldetti a la vicepresidencia es un absoluto y resonante triunfo ciudadano. Nada menos. Y aunque es obvio que la visita a la Casa Presidencial del titular de la CICIG y de la Fiscal General el pasado viernes pudo ser determinante en ello, igual sigue siendo el poder de la gente el que cuenta como fundamental. Es cierto: uno puede especular también que la Embajada de los Estados Unidos presionó por su lado para que el cambio se diera. Pero de nuevo regreso a lo que realmente importa: las manifestaciones de los sábados; el hartazgo de la población transformado en protesta pacífica; las voces críticas y responsables, hablando o escribiendo en los medios de comunicación.

Pero el agua sigue pasando debajo del puente. Y a ratos con denodada turbulencia. Baldetti da declaraciones e insinúa que la “R” que se menciona en las escuchas telefónicas del caso “La Línea” hasta podría ser de Rosa Leal, esposa de Pérez Molina. Como para que no comparen este episodio con “House of Cards”. Y esto no alivia el panorama para el Gobierno. Todo lo contrario. Sobre todo, cuando Baldetti admite que vino de Corea el viernes 17 de abril, y que fue hasta el domingo 19 cuando se comunicó con el Presidente, pese a que el país enfrentaba su peor crisis de la era democrática. Aquí hay gato encerrado. O gato por liebre. O don gato y su pandilla. Ya no sé. Escucho ahora mismo los nombres de la terna para sustituir a Baldetti. Hay suficiente material humano y profesional como para que, quien resulte electo, desempeñe el papel que se precisa en esta compleja coyuntura. Con un significativo detalle: no hay que olvidarse de que, si la situación se complica más de la cuenta, el próximo vice podría eventualmente terminar como jefe del Ejecutivo, lo cual no debería descartarlo nadie, luego del manejo tan errático de esta telenovela política con tintes de “barroco tropical”, como diría el gran Manuel José Arce.

Es de insistir que lo más importante por ahora es que no decaiga el entusiasmo de la ciudadanía. Que se siga haciendo sentir que Guatemala ya se cansó de tanto cinismo delictivo. Que no se les permita a los de siempre que nos condenen al “nunca”. Hasta cierto punto, me causa gracia y regocijo que la temporada electoral no despegue. Tanta campaña anticipada y contra la ley para que, cuando ya hay una convocatoria formal, la misma gente no les permita a los candidatos sus 15 minutos de fama en la tarima. No es casualidad lo ocurrido el pasado fin de semana en La Antigua, donde Manuel Baldizón no se presentó a un mitin aduciendo quebrantos de salud, que no le creo, y que en Quetzaltenango haya habido conato de bronca por el descaro del Patriota de proponer a Armando Paniagua como aspirante a la alcaldía. Eso sugiere que los votantes no ven en la oferta actual una respuesta para saciar su deseo de transparencia y honestidad. Y no los culpo.
En todo caso, lo esencial en los días venideros es definir por dónde va a enfocarse el clamor popular. Mi opinión es que, más allá de pedir esto o aquello, se exija que la justicia llegue hasta las últimas consecuencias en el caso “La Línea”. Y también, a un plazo razonable, que se revelen más estructuras en otras áreas del Estado. Es primordial que no se demore tanto en las capturas del lado empresarial de la red de defraudación aduanera, pero también es deseable que la CICIG y el MP manejen con tino y certeza los tiempos, porque de ambas instituciones depende en gran parte el ánimo de quienes van a las manifestaciones, sin que se pretenda tampoco que hagan milagros o que fuercen los procesos por satisfacer a las masas. No. Los casos deben estar bien armados. Y respetando siempre la presunción de inocencia, sea que la “R” signifique Ricky Ricón, Rumpelstiltskin o, como dijo mi colega Dina Fernández, “Rata de dos patas”.

Al principio mencioné que el poder ciudadano ha sido esencial para alcanzar nuestro logro cívico más importante de los últimos 20 años. Ni la Corte Suprema de Justicia hubiera dado trámite al antejuicio en el caso de Roxana Baldetti, ni el Congreso hubiera nombrado con tanta celeridad la pesquisidora, si no hubieran sentido cerca “pasos de animal grande”. Y esos “pasos de animal grande” son los de la gente que ahora sí está poniendo las cosas en su sitio. Y eso me llena de júbilo y de optimismo. Ya era hora de recordarles a los políticos quién es realmente el jefe. Ya era hora de ponerlos contra la pared. Ya era hora de que supieran que aquí la corrupción ya no la va a tener tan fácil.