¡Basta ya!

“Los guatemaltecos dijeron basta ya. El punto es que la solución no es tan simple como botar a los designados de turno, sino que tenemos que realizar cambios de fondo”.

¡Basta ya!

Impresionante la #MarchaPacifica realizada el pasado sábado. Por varias horas miles de guatemaltecos tanto en la capital como en los departamentos, con la solidaridad de los que viven en el extranjero, expresaron su indignación ante los escándalos de corrupción de los últimos días. Esta manifestación fue de un gran simbolismo y probablemente la protesta más auténtica que hemos tenido en la década. Resalto esto por su legitimidad, su espontaneidad y algo importante: su incondicionalidad. Muchas marchas que hemos tenido en los últimos años van ligadas a partidos políticos, sindicatos, profesionales de la protesta y organizaciones que buscan intereses económicos -reclamos o privilegios. No son genuinas porque sus participantes son movidos, acarreados, financiados y hasta obligados por grupos de presión o incluso el gobierno.

Según el diccionario de la Real Academia Española, corrupción es acción y efecto de corromper. Está relacionada con alteración en un libro o escrito; vicio o abuso introducido en las cosas no materiales y en las organizaciones -especialmente en las públicas, que consiste en la utilización de las funciones y los medios para beneficio propio, económico o de otra índole, de sus gestores.

La corrupción gubernamental no es algo reciente, viene de muchos años atrás. Considero que se ha sofisticado, incrementado y arraigado. Lo que más molesta es el descaro y cinismo de algunos de los funcionarios al respecto. Se han utilizado fondos públicos para proyectos poco trascendentes ni prioritarios, su ejecución se asigna a instituciones inexpertas y varios involucrados se quedan con una gran tajada. Además hay escasa rendición de cuentas de las obras y los servicios. Se concentran más en propaganda que en dar resultados –pensando que engañan a la gente. Se les ha concedido mucha discrecionalidad a los funcionarios y cuando se toman decisiones “negociadas” se orientan más a componendas donde se beneficia a “la clase política” y no a los habitantes. Pareciera que los órganos de control están copados por las mismas prácticas.

Expertos señalan que hay cuatro elementos que caracterizan la corrupción. El primero es que hay la transgresión de una norma. La segunda es que se obtiene un beneficio privado. Un tercero es que surge de la función asignada y el último es que el individuo corrupto intenta siempre encubrir “activamente su comportamiento”. Estas características relacionan la conducta del agente corrupto al secreto, la apariencia de ilegalidad y la alteración de las funciones públicas, para conseguir una ventaja privada. Conmociona la actitud de mentiras y soberbia con la que ha reaccionado el gobierno central respecto del escándalo de la SAT, razón por la que en forma colectiva se gestó la protesta para solicitar la renuncia de los dos más altos funcionarios y se expresó con mucha energía con presencia y en redes sociales la irritación (#CartelesMemorables).

Los guatemaltecos dijeron basta ya. El punto es que la solución no es tan simple como botar a los designados de turno, que tenemos que realizar cambios de fondo. Inicialmente votar por los que son íntegros, honrados y capaces, transformar los sistemas y procesos para que los recursos del Estado se ejecuten eficientemente y en beneficio de todos, y lograr que los funcionarios públicos estén al servicio de los ciudadanos. La corrupción nos está matando y debemos tomar medidas para no hundirnos más. Debemos buscar una administración proba hacia el desarrollo económico y social. ¿Qué cambios le gustaría ver en los próximos días? ¿Qué hacemos con los corruptos?