Luis Felipe Valenzuela

La prensa solo sirve cuando sirve

Escritor, periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7 Escritor, periodista y director general de Emisoras Unidas 89.7

Me dicen con frecuencia que la prensa vive de las malas noticias. Que el escándalo es lo que vende. Que nos falta un periodismo que hable de lo positivo que también ocurre en el país y en el mundo. El tema me sugiere un debate necesario. Me pongo entonces el sombrero del periodista. Y lo que solemos contestar los editores cuando se nos plantean esas críticas es que, por razones editoriales, las notas que dan cuerpo a una publicación surgen de lo que “a la gente le interesa”.

A lo que de inmediato añado una pregunta ineludible: ¿Qué nos garantiza a quienes decidimos el contenido de la oferta noticiosa que eso a lo que le otorgamos espacio es, precisamente, lo que nuestro público demanda? No existe una prueba real para asegurar que los titulares principales cubran de manera profunda lo que de verdad preocupa, motiva, inspira o indigna a quienes nos leen, nos ven, nos oyen o nos multimedian.

Los tópicos dominantes en las redes sociales suelen decantarse por asuntos irrelevantes para la historia inmediata de nuestro país. Lo platicábamos recientemente con dos colegas. “Es humano”, me dice una reportera con cierto dejo de conformismo. “Sobre todo en un ambiente tan subordinado a la tecnología”, agrega. Pero humano es también poner los ojos y la voluntad en los asuntos que reflejan los déficits de nuestra sociedad. Y eso no tiene por qué reñir con la relación, a veces enfermiza, que hoy nos esclaviza al teléfono inteligente.

Está claro que titulares como el de la medalla olímpica de Erick Barrondo no se dan con frecuencia. Y está claro también que sería tremendamente aburrido multiplicar las buenas noticias, hasta para aquellos que proclaman la necesidad de que la prensa no se obsesione tanto con los sucesos trágicos, los bochornos de los políticos o los excesos de la corrupción.

La tarea pendiente, que ya se cumple en varios espacios de la prensa nacional, es entender la enorme oportunidad de servicio que representan los medios de comunicación. No solo para reportar el número de víctimas de un accidente, sino tambien para determinar las causas del percance, la actuación del sistema judicial en esclarecerlo, los relatos de quienes resultan directamente afectados por el siniestro y, sobre todo, para no descuidar un seguimiento profesional que ayude a reflexionar acerca del peligro que cualquiera puede correr si las fallas en nuestro sistema preventivo pasan inadvertidas.

Y eso, mediante un trabajo serio y ecuánime, tendría que propiciar la acción de parte de quienes no toleran la propia indiferencia frente a lo que afecta su vida y la de sus semejantes. El mundo es ancho y colorido. Y la prensa ha de otorgarles espacio a las múltiples facetas de interés que se generan a partir de la experiencia diaria. Al final de cuentas, lo que diferencia a una prensa que aporta de aquella que se vale del morbo para hacer negocio radica en la profundización de la historia.

En el valor agregado del relato periodístico. En la magia de lograr, como dijo Arthur Miller, “que una sociedad pueda conversar consigo misma”. Debatir los temas incluyendo los ángulos más valiosos posibles es una tarea invaluable de la prensa en cualquier parte del planeta. Y como la materia prima es la realidad, las opciones son interminables.

Comparado con el cine, el periodismo debe elaborar un guion y producirlo de manera impecable para que, además de entretener a sus audiencias, las dote de la herramienta fundamental para que quienes nos lean, nos oigan, nos vean o nos multimedian, sumen valor a su intelecto y a su alma cada vez que se acerquen a los medios.

Fácil es escribirlo; complejo es volverlo realidad. Vuelvo al séptimo arte como punto de referencia. ¿Se ha fijado que las películas de violencia figuran entre las más taquilleras? ¿Por qué el teatro en Guatemala suele encontrar el éxito casi solo con comedias? ¿Será que los públicos se tragan lo que les dan o el público se traga, con su indiferencia, a la gente creativa y ética? Porque cuando hablo de una prensa que elabore un libreto y que lo produzca de manera impecable, no me refiero a inventar noticias, sino a contar las historias con calidad, justicia y documentación suficientes.

¿Vive la prensa de las malas noticias? En parte, sí. Pero, sobre todo, vive de dar esperanza. Y la esperanza que puede y debe dar el periodismo se basa en iluminar las soluciones para resolver nuestros dramas y para tender puentes donde el abismo reine. He ahí el reto. La prensa no es para insultar al que piensa distinto ni para sublimar el chisme. Mucho menos para hacer activismo disfrazado o descarado. La prensa es el espejo de un diálogo permanente. La prensa solo sirve cuando sirve.

* Publinews es ajeno a las opiniones vertidas en este espacio.